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Bueno, has decidido finalmente convertirte en escritor/escritora. Y ¿ahora qué hago?
Pues escribir.

-¿Escribir de qué? -te preguntas.

Ser cuentista o novelista, o poeta o autor dramático, porque estamos hablando de escritura creativa, significa empezar con una gran idea.

-Sí, quiero ser escritor, pero es que no se me ocurre nada…

Pues o esperas a que se te ocurra algo o buscas el tema.

-¿ Y dónde lo busco?

Para los escritores primerizos les diría que en su propia vida, viajando al pasado, a su infancia o juventud, a los episodios más singulares, narrables o inenarrables (quizás mejor lo segundo) de su vida, sus viajes sus relaciones amorosas, su relación con sus padres, hermanos, familia, su trabajo, sus amigos…

-No hay nada singular en mi vida, todo fue como un lecho de rosas -me responde el lector.

Entonces, ¿por qué necesitas escribir? Si no existe cierto desasosiego, si no existe, ante todo, la immediata y urgente necesidad de CONTAR y compartir, ¿para qué escribir? Quien vive feliz en una esfera de cristal, ¿querrá sumergirse en un mundo que no le será afín?

-Es que quiero ser un/a escritor/a famoso/a -interrumpes- ganarme la vida como escritor/a, ser alguien, verme en las librerías, en Amazon…

Creo que no es el camino. Escribir es una necesidad. De lo contrario vas a aburrirte el segundo día. Porque escribir necesita disciplina. Y olvídate de que te visten las musas que, ciertamente NO EXISTEN. Y escribir es tambien pasártelo bien. Escucha: LA GASOLINA DE LA IMAGINACIÓN ES LA DIVERSIÓN. Y esa frase que se le atribuye a Einstein (como tantas otras frases que se le atribuyen) CREATIVIDAD ES CUANDO LA INTELIGENCIA SE DIVIERTE

-SI GANAS TENGO PERO ES QUE NO SE ME OCURRE NADA -ahora estás gritando.

Déjame que te recuerde una anécdota que sí es cierta (puedo citarte las fuentes, si lo deseas). Un lector de Jorge Luis Borges se le acercó en una ocasión y le dijo: “Maestro, cada vez que me siento frente a la máquina de escribir no se me ocurre nada. ¿Qué hago?” A lo cual, él, con precisión quirúrgica respondió “pues no se siente”.

Eso. Si no tienes nada que decir no te sientes, no empieces.

-Es que yo soy muy tozudo. Y si digo quiero hacer eso lo HAGO y punto. Y si quiero ser escritor, lo soy.

Pues me parece fantástico. Un gran escritor, Normal Mailer, autor de “Los desnudos y los mjuertos”, entre otras grandes historias, era capaz de pasarse días frente a la máquina de escribir hasta alcanzar la gracia de la creación si es que se dignaba a visitarle.
Añadiré que para escribir Usted necesita un buen almohadón económico porque de lo contrario es que el año o dos años que pase escribiendo pueden ser años perdidos si el resultado no convence a ningún editor o a ningún lector si el primer milagro se ha producido por extrañas combustiones astrológicas. O puede que le ocurra lo que al chiste de Eugenio…

“Oye, ¿sabes que he publicado un libro?
-Sí, si lo compré.
-Ah, ¿fuiste tu?

¿Sigue ahí? ah, ¿qué prefiere montar un concesionario de automóviles de segunda mano? Pues me parece una buena idea. Pero de todas formas, permítame que le diga que entre visita y visita puede seguir buscando un tema del que escribir y sorprender al mundo. Porque un escritor lo que debe hacer anto todo es pensar, pensar y pensar antes de sentarse frente a la máquina de escribir. Y si no…

-Y si no, ¿qué?

Lea los periódicos: EDOLL Inteligencia artificial (Barcanova, 2018) se me ocurrió leyendo en noviembre del 2016 que Mattel acababa de lanzar su Barbie que hablaba (conectada a internet y a sus bases de datos). De ahí a crear un engendro mecánico digital que acaba resolviendo los deberes de su dueña a cambio de robarle un vestido para ella, solo hay el grosor de un papel en blanco.
Vaya al cine y al teatro, acuda a galerías de arte, a conciertos de cualquier índole y déjese llevar. De repente una nota musical, una escena, un dáologo o incluso un silencio puede sugerirle una idea que le ENTUSIASME. Si no le enciende al rojo vivo, es que la idea no era lo suficientemente buena. Todo menos quedarse en casa. El final de mi libro “El viatge extraordinari d’un tap de banyera” (Ediciones del Bullent, 1994) me sobrevino escuchando la Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvorak en el Palau de la Música Catalana. La idea de “La Guerra de los Chicles” (La Galera, 1999) me vino en un teatro en Londres viendo la obra de Roald Dahl “El gran gigante bonachon” y sus ladrones de sueños. En ambos casos, la co-protagonista es la Reina de Inglaterra…

-Pero eso sería copiar! -se indigna.

Estimado lector/a ya todo está escrito, cantado, contado. Pero siguen naciendo centenares de canciones de amor cada año y cada reina o rey protagoniza portadas de periódicos, comics o novelas. Es la forma de contarlo lo que le diferenciará a Usted de los “otros”.

Seguirá pero deje de interrumpirme y escuche…

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