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Intentar en tres posts hablar de personajes es como matar a un personaje principal cuando no corresponde. O sea, imposible. No obstante quede lo dicho como intento serio de establecer unas bases que partirán de una conclusión:

Aunque es difícil trazar una línea clara, muchos autores distinguen dos formas de construir sus personajes. Una, aquella en la que todo, acción, argumento, se genera a partir de los personajes; y dos, aquella en la que el autor utiliza a sus personajes como marionetas, como un instrumento para encarnar o desarrollar una idea.

Otra de las claves es que siempre uno deberá estar pensando en FISIOLOGÍA, edad, sexo, herencia genética, PSICOLOGÍA: actitudes y aptitudes, ambiciones, frustraciones, inteligencia, temperamento.. y SOCIOLOGÍA : clase social, profesión, educación, aficiones, política… y que todo ello debe ser narrado cuando corresponda, nunca de bloque o de golpe, de la misma manera que cuando conocemos a alguien nunca le conocemos de una sola mirada.

Las seis fases de contrucción del personaje

Barry Morrow, el guionista de la esplèndida RAIN MAIN lo cuenta en un proceso de seis fases:

1.Mediante la observación y la experiencia, usted comienza a hacerse una idea del personaje

2.Las primeras pinceladas empiezan a definirlo

3.Determina la coherència del personaje para que tenga sentido.

4.La incorporación de peculiaridades así como lo ilógico y lo paradójico, hace que el personaje resulte fuerte y fascinante.

5.Las cualidades de las emociones, los valores y las actitudes caracterizan al personaje.

6.La incorporación de detalle consigue que el personaje sea especial y peculiar.

Cómo crear personajes inolvidables

Linda Seger, que fue una de mis profesoras en el Master de Escritura de guiones de cine y televisión (UAB, 1995) en su magnífico Cómo crear personajes inolvidables añade una serie de preguntas que unO debería hacerse al empezar una novela.

¿Qué necesito saber sobre el contexto de mis personajes? ¿Entiendo su cultura

¿Entiendo los ritmos, las creencias y las actitudes que forman parte de esa cultura

¿He conocido, hablado y pasado algún tiempo con personas de esa cultura?

¿Entiendo las diferencias y las similitudes que hay entre ellos y yo?

¿He pasado tiempo suficiente con diferentes personas para no crear un estereotipo basado en una o dos entrevistas?

¿Estoy familiarizado con la profesión de mis personajes?

¿Conozco a fondo la profesión, es decir, soy consciente, después de un periodo de observación, de lo que supone dicha profesión y de lo que sienten las personas con respecto a su trabajo?

¿Conozco suficientemente el vocabulario como para poder usarlo de forma natural y sentirme cómodo en una conversación?

¿Sé dónde viven mis personajes? ¿Conozco el terreno, la experiencia de pasear por las calles?

¿Conozco el clima, las actividades de ocio, los ruidos y los olores de ese lugar?

¿Entiendo las diferencias que hay entre el lugar en el que habitan mis personajes y el lugar donde vivo yo, y qué efecto pueden tener sobre mis personajes?

Si mi guión está ambientado en otro periodo de tiempo, ¿conozco suficientes detalles históricos sobre el periodo desde el punto de vista del lenguaje, las condiciones de vida, el vestuario, las relaciones, las actitudes y las influencias?

¿He leído diarios u otro tipo de literatura de ese periodo para saber cómo hablaban las personas en aquella época y qué palabras utilizaban?

Cuando investigaba a mis personajes, ¿he estado dispuesto a pedir ayuda a personas con recursos, ya fuera a bibliotecarios o a especialistas en un tema concreto? La creación de casi todos los personajes exige algún tipo de investigación. Hay más de una razón por la que se les dice a los escritores noveles que escriban sobre lo que conocen.

Y siempre, siempre uno debe documentarse.

La documentación, clave

La creación de un personaje empieza a partir de lo que uno ya sabe. Sin embargo, es posible que la investigación general no proporcione suficiente información. También tendrá que llevar a cabo una investigación específica para completar aquellos rasgos del personaje que pueden no formar parte de su propia observación y experiencia  (Linda Seger).

El novelista Robin Cook (Coma, Mutación, Epidemia, etc.) es doctor y, sin embargo, tiene que realizar investigaciones específicas para escribir sus obras médicas de ficción. «La mayor parte de la investigación consiste en leer», afirma, «pero también hablo con doctores especializados en el tema de mi novela. De hecho, normalmente trabajo en ese campo concreto durante varias semanas. Cuando escribí la novela Cerebro, que trata de un neurorradiólogo, pasé dos o tres semanas con uno. Para Epidemia, que versaba sobre la declaración de un brote epidémico en nuestros días, hablé con los empleados del Centro de Control de Enfermedades de Atlanta e investigué los virus. En el caso de Mutación, efectué investigaciones sobre la ciencia de la ingeniería genética. Ese campo evoluciona a un ritmo tan rápido que la mayoría de lo que había aprendido en la Facultad de Medicina ya no servía. Publico un libro al año. Generalmente paso los seis primeros meses investigando, durante los dos siguientes elaboro un esquema de la novela, después paso otros dos meses escribiéndola y, finalmente, durante los dos últimos meses me dedico a otras cosas.

Terminando… ¡déjese llevar!

En el fondo todo resulta más intuitivo. No se me asuste. No se trata de coocar unas tablas de multiplicar o dividir en un texto sino de divertirse, de dejarse llevar. Dependerá de hasta donde uno quiera llegar que su trabajo previo sea más o menos profundo.

El escritor zaragozano Javier Tomeo lo escribía así en “La creación literaria como proceso alquímico”:

Cuando cojo a mis personajes ya no les abandono hasta el final, pero no tengo el principio una idea muy clara de lo que va suceder, es decir de lo que va a pasar. No escribo como hacen otros compañeros con  un argumento planificado de ante mano y con unos personajes preconcebidos. Me abandono, por el contrario mis sentimientos,  escribo a base de automatismos psíquicos y son los propios personajes   quienes,  a fin de cuentas se van haciendo a si mismos  y configurando a su alrededor su propio entorno …

Personajes reales como la vida misma

Y siempre, siempre busque en la realidad, en la vida que acaba ofreciéndonos personaje maravillosos siemrpe que tengamos la capacidad de observación. Nos lo cuenta Rosa Montero.

Así es que las novelas nacen de una imagen, de una idea, de un sentimiento que, por alguna razón enigmática y profunda, em­pieza a crecer dentro de ti, a hipnotizarte, a ramificarse y crear su propio universo de imágenes e ideas secundarias. A veces ese estí­mulo primero es algo que has visto o que has oído, un rostro des­conocido que has atisbado una tarde cualquiera en una esquina y que, no sabes bien por qué, te ha fascinado. Mi tercera novela, Te trataré como a una reina, surgió de algo así. Un día, estando yo en Sevilla, fui por casualidad con unos amigos a un bar de barrio, destartalado y pobre, a tomar unas copas. En la barra atendía una mujer obesa y repintada de unos cuarenta años, rubia natural con pelambre de rata, los ojos azules festoneados por unas pestañas pos­tizas tan cargadas de rímel que admiraba que pudiera seguir levan­tando los párpados, una bata de color gris presidio abrochada has­ta la barbilla. Era de por sí una mujer bastante extraordinaria (servía las bebidas como si fuera la emperatriz Eugenia recibiendo en pa­lacio), pero mi interés por ella creció enormemente cuando, en un momento determinado, salió de detrás del mostrador, se quitó el guardapolvos descubriendo un traje de cóctel reventón color azul brillante, se sentó en un órgano eléctrico que había en un rincón y comenzó a hacer virtuosismo s con las teclas, con mucho senti­miento artístico y el monótono chispún chispún de fondo de la caja de ritmos. Aquella mujer sabía tocar el piano, y seguro que cuan­do estudió música no aspiraba a terminar en un agujero como ése. A mí me hubiera gustado saber qué le había sucedido para llegar hasta donde estaba, en qué momento y cómo se quebraron sus sue­ños; pero, como me parecía muy rudo preguntarle algo así, preferí inventármelo. Y así se convirtió en Bella una de las protagonistas de Te Trataré como una reina.

¡Gracias!