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Cuando uno escucha la expresión “Está hecho todo un personaje” entiende que la persona de la que se habla es interesante, diferente del resto. La expresión conlleva sorpresa, quizás admiración con un poco, tal vez, de sorna. De la misma manera “¡Vaya personaje” acaba refiriéndose a alguien mezquino, desagradable, siniestro, caricaturesco como los esperpentos de Valle Inclán… ¡Y que la sorpresa no fue buena! En ambas ocasiones, festiva o irónica hablamos de alguien peculiar, particular, distinto y, posiblemente, inesperado. Del personaje de la vida al personaje literario no hay tanta distancia.
Porque lo mismo puede aplicarse en la buena literatura. Y son los grandes personajes los que se quedan en la memoria. Escribir de personajes en la literatura, en una novela, daría para muchos posts, artículos y reflexiones, pero como lo que siempre intento es un “vis a vis, un tú a tú” con el lector iremos al grano para que el ejercicio de la escritura sea algo fácil huyendo de academicismos, de florituras que enredan.
A mi modo de ver hay dos tipos de novelas: las novelas de trama y las de personajes a veces con delgadas paredes que separan a unas de las otras.

Novelas de trama
En las primeras prima la acción que envuelve a los personajes diversos. Todos ellos son significativos para hacer avanzar la trama, principales y secundarios. En las novelas de Agatha Christie aparecen siempre diversos caracteres habitualmente introducidos, al principio de la novela, con su nombre y sus datos más elementales. En la mayoría de las novelas actuales (o modernas) prima la trama para secuestrar al lector y no hay una verdadera dimensión psicológica del personaje protagonista o secundario. En las obras de Dan Brown los personajes son planos, como lo son en los bestsellers, en la mayoría de novelas negras o en la literatura infantil o juvenil. Eso no es ningún menosprecio: quizás no todas necesitan de grandes personajes masculinos o femeninos.
Hay novelas-río como “la Colmena” de Camilo José Cela (1951) en la que aparecen 300 personajes (hace un par de años apareció la edición no mutilada, sin censura, dicho sea de paso) con personajes protagonistas de gran calado. Pero en esa crítica despiadada de España y aún habiendo grandes personajes -repito que el muro, a veces, es demasiado delgado- no podría considerarse como novela de personaje. (Algunos no estarán de acuerdo). También Guerra y Paz de Tolstoi que gira en torno la vida de cinco famílias rusas con 20 personajes principales y decenas de secundarios. O en la mejor novela de Dickens (a juicio de Harold Bloom)  “La casa desolada”.

La novela de personaje es aquella que gira en torno a uno o dos personajes principales cuyo trabajo y perspicacia del autor nos ofrecen una psicología profunda un trazo definido y que quedan en la memoria por su perfección. Me encanta Holly Holligtly de “Desayuno con diamantes”. Es un personaje memorable y así ha quedado en la historia de la literatura. O Don Quijote de la Mancha y su fiel Sancho Panza. O los Hermanos Karamazov de Dostoievsky, Tom Ripley de Patricia Higsmith.  o Ana Karenina de Tolstoi o Madame Bovary de Flaubert. Que conste que todos están atrapados en sus tramas, pero la construcción del personaje da sentido a toda la historia que parece girar en torno a sí. O el emperador Adriano en Memorias de Adriano de Margarite Yourcenar. O Pippi Calzaslargas de Astrid Lindgren (en literatura infantil, curiosa excepción) cuya larga serie sí permitió construirlo con cierto detenimiento. En todo caso son ellos los que quedaron en la historia por encima de la trama. Habría que discutir si Miss Maple o Hércules Poirot de Agahtha Christie o Harry Potter o Jean Valjean son novela de personaje o con personajes. Yo diría que NO, pero, por fortuna, en literatura cada uno puede decir la suya.
En todo el mejor regalo de una buena novela es un buen personaje. Y reconozco que en mis 28 novelas publicadas cuento con buena tramas pero aun no busqué ese personaje que pase a la historia, ese único y superlativo cuya existencia levanta la literatura y deja un buen sabor de boca. pero insisto que, en literatura infantil y juvenil, que es mi especialidad, eso resulta difícil.

¿Cómo construirlo, en ambos casos?
¿Cómo empezar?
Jordi Sierra y Fabra, que pronto será récord Guinness de los récords por sus 500 novelas escritas señala:
El personaje de una novela debe sentirse en el corazón, verse en la mente y trazarse sobre papel. Y añade: es mejor describir algo real que inventado. Y continua. El personaje se forja y se forma a partir de nosotros mismos, pero crece cuando lo liberamos y lo enfrentamos al mundo o a la historia en la que vamos a sumergirlo

¿Cómo aplicarlo?
Uno debe partir de personas conocidas para construir un personaje adaptando sus particularidades que le ayudarán a que sea un personaje de carne y huesos, pero borrando trazas de que ese personaje sea la persona en la que se basa ( y se ahorre, así de paso algunos problemas…)
O elegir fotografías de revistas y periódicos, de anuncios publicitarios y construir el carácter a partir de la imaginación.
Sea lo uno o sea lo otro, sean muchos o pocos personajes al escritor le ayudará llenar una ficha con la foto, el nombre y sus principales características físicas y psicológicas
De cómo nombrarlos, darles actitud y meterles en acción hablamos en el post siguiente…