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DESMADRE EN LA UNIVERSIDAD (2)

por Dic 20, 2020Creatividad0 Comentarios

Universidades públicas vs. privadas

Si me preguntarán en qué universidades pueden darse mayores situaciones de desmadre  respondería,  sin dudarlo, que en  la universidad privada. La pública está más relacionada con huelgas, con manifestaciones, con deserciones que, expectuando algunos casos como el Plan Bologna, nunca llegan a la privada.

Si me preguntarán dónde es mejor la educación ( refiriéndose a España) diria que en ambas universidades porque muchos profesionales navegamos entre las unas y las otras con el mismo grado de conocimiento, aptitud y responsabilidad.
Posiblemente en Inglaterra o EEUU las distancias puedan ser abismales entre ambos tipos de educación cuando parte de las élites económicas pasaron por las mejores universidades privadas… pero tampoco tengo noticias de cuántos líderes llegaron desde las públicas, que los hay.  Se trata más de un sistema de castas y de posibilidades económicas de cada uno que de capacidades y talentos.

Lo que sí es cierto es que con los alumnos que pueden pagar entre 6-12000 € en las universidades catalanas privadas crece ese  viejo adagio o proverbios de “quién paga manda”.

El nivel de insatisfacción y de exigencia de los alumnos que pagan esas cantidades puede ser muy elevado.

Cosas que pasan en clase

Daré algunos ejemplos. Vuelvo a mi post anterior en el que me refería al diabólico invento de que los alumnos pudieran evaluar la actitud de los profesores de manera anónima. Ya decía que siempre se tiende a expresar lo malo más que lo bueno, a meter una zancadilla que a darle un abrazo al docente.


Ocurrió en la ESRP (Universitat de Barcelona) en la que tuve el placer de estar entre los años 2006 y 2014.

Fueron varios años para que  algunos, de manera anónima, pudieran expresar sus quejas.

Veamos algunas que yo recuerde: el enojo con que las recibía significaba que las destruía nada más llegar.


1. En cierta ocasión y frente a la exposición oral del trabajo de una alumna, no pude más y estalle: “¿Con qué parte de tu cuerpo has hecho este trabajo?”.  Soy una persona muy educada y jamás incurriría en un doble sentido o en obscenidades. Yo me refería, indiscutiblemente, a los pies. Pero pronto llegó la critica anónima de la alumna en cuestión (lo supuse por su queja)  que me acusaba de criticarla públicamente y de manera grosera  al decir  que  su trabajo había sido hecho con lo que antiguamente se conocía cómo la parte de la espalda donde pierde su honroso nombre y que ahora podemos llamar directamente como “culo”.

Y es que ahora uno no puede abandonar la zona de lo políticamente correcto porque cualquier titubeo puede llevarle a un tribunal de guerra que formarán los propios alumnos con sus padres. El decente está indefenso frente a la marabunta. Se socava su principio de autoridad en pro del principio de autoridad del alumno.

2. Fue en diciembre de 2012 que vayas alumnos presentaron sus trabajos finales en la asignatura de creatividad  con una pequeña exposición. Cristina era una de mis mejores alumnas, de gran inteligencia y buena disposición. Después de su breve presentación respondí que, sincermente, esperaba mucho más de ella. Cuando se sentó, observé desde el fondo de la sala donde me hallaba, cómo agitaba  sus hombros llevada, posiblemente, por el llanto.

En un encuentro que yo mismo auspicié ella se disculpó porque ese día no se encontraba bien (tenía la regla) y reconocía que no había estado bien, frente a su propio nivel de autoexigencia  muy elevado. Resultado:  en la evaluación crítica de los alumnos alguien escribió :

                                           el profesor hace llorar a los alumnos en clase.

3. Cada año cuando llegaba el examen final  permitía cambiar una pregunta de dos puntos del examen final  para que, de manera voluntaria, asistieran  a una representación de teatro en Barcelona. La pregunta sería, entonces sobre lo visto.  Todos los alumnos se mostraron, año tras año, muy agradecidos, incluso  sorprendidos por lo vivido : para algunos, según confesión personal, era su primera vez en el teatro  (¡con 22 años!).

Pero no tardó en aparecer un alumno que fue a quejarse a dirección ( ¡por un acto  de asistencia voluntaria!). Se quejaba de que  no vivía en Barcelona, que la entrada era cara   (ya les había  informado que  en Atrápalo había descuento de un 50%)  y que si el coste de transporte  Mataró- Barcelona era, también,  elevado. Ese año fue el último en que un grupo de alumnos descubrían la magia y la belleza del teatro. Me fue denegada la posibilidad de permitirles vivir esa experiencia que les enriquecía en sensibilidad, sentido artístico, conocimiento y belleza: una de las obras había sido ¿Quién teme a Virginia Woolf” interpretado en el Teatre Romea de Barcelona de manera extraordinaria por Pere Arquilllué y Emma Vilarasuu, dos de los grandes que nuestro país.

¿Alumno  vs. profesor?

Me preocupa sobremanera las ínfulas de grandeza, la prepotencia de algunos alumnos de las universidades  privadas que cuentan con que tienen todos los derechos pero ninguno de los deberes. Con el paso del tiempo con la experiencia de 14 años dando clases  descubro que cada día son más lo que vivieron  en un entorno familiar sobreprotegidos,  bajo la ley mínima del esfuerzo, cuando todo les fue dado, con un nivel de frustración muy elevado. Llegan a la Universidad, abandonada su zona de comfort, su círculo mágico y se encuentran en un terreno inhóspito  donde nadie les ríe las gracias y se les pide resultados. Al profesorado se nos pide generosidad, un trato amable, un talante  constructivo. Y me parece necesario pero… ¿y la generosidad del alumno, su trato amable, su talante  constructivo? Se refuta, como ya dije,  el principio de autoridad del docente. Se le pide que baile a su ritmo. El alumno paga, el alumno decide, el alumno se manifiesta y cuidado contigo porque si pierdes el paso “voy  ir a por ti“. ¿Un signo de los tiempos ?

Y aun así, fijémonos también en los buenos alumnos, que abundan y más que los malos: de ahí que siga aún en la docencia para enseñar al que no sabe, para emocionarle, para cambiar sus vidas, (los que quieran). Con miedo a que la manzana podrida pueda corromper al resto. El tiempo dirá. Pero tengo una profunda fe en nuestra juventud, en sus valores, en la carga pesada sobre sus hombros que les fue impuesta, luchando en un mundo sin valores, ni futuro.  Con tan pesada carga los que sobrevivan, los que perseveren serán nuestros nuevos héroes.

Y podría aquí añadir un puñado de nombres. A ellos, gracias. Al resto, olvido.

Foto: campaña de Ballantines expuesta en clases de creatiividad dentro de la Bisección simbolizadora

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