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Eres lo que lees. Lo dijo Jaume Cabré y lo dijo Aidan Chambers (ganador del Preemio Andersen) y eso  lo que se queda dentro de ti. Yo añado . “Eres lo que haces”. A la escritura automática que nos permite escribir con velocidad y atendiendo a las razones de  nuestro subconsciente se la puede ayudar de dos formas que a mí siempre me han funcionado aunque, insisto, que cada uno debe encontrar su método propio de escritura. Lo que les cuento viene de mi experiencia, como ya dije.

Un buen caldo de lecturas

Muchos de mis alumnos de las universidades donde doy ese curso de escritura creativa me preguntan qué deben leer mientras escriben su obra. Yo les digo “cualquier cosa que les inspire, que les aporte belleza, ganas de seguir escribiendo y sobre todo algo que esté en línea con lo suyo. Detallo: si voy a escribir una de mis novelas de terror o suspense,  leo misterio y terror. Si voy a escribir una comedia, libros que me hagan reír. No me imagino haciendo lo contrario. Creo que si debo ponerme misterioso, sutil y estoy leyendo algo cómico posiblemente preferiré seguir riéndome a carcajadas que ponerme a tono. Y si al revés,  estoy asustándome con Poe o Stephen King o con algunos de los libros FANTÁSTICOS  de la excelente editorial Valdemar y luego tengo que hacer reír al lector, creo que tendré más dificultades que si me concentro y sigo en el mismo género. Además hacerlo a mi siempre me da sorpresas. Yo lo llamo “alentar la llama con otros fuegos” pero pueden llamarlo como quieran.

Vuelvo al escritor  Aidan Chambers cuando cuenta que a él le ayudaban…

1.Lecturas que le dan ganas de escribir.

2.Lecturas que le informan sobre lo que necesita saber para escribir sus libros. Investigación /documentación.

3. Lecturas que le enseñan a escribir y a perfeccionar su propia escritura.

4. O lecturas que alejan la mente de la propia escritura.  Tomar distancia, alejarse del libro para retornar a él con ganas…

“Mientras escribía The Toll Bridge “El factor humano” de Graham Greene me sirvió para recrgar las pilas tanto como los libros de Paul  Auster, Margerite Duras, Margaret Mahy, Jan Mark, Kazuo Ishiguro, Cees Noteboom, Jenatte Winterston y mucho más” escribe Chambers.

No quisiera que considerasen como “batallitas” lo que les cuento sino como experiencia personal que cedo. Para escribir mi libro 666 cajones (también en español en Amazon como ebook)*  estuve leyendo largo tiempo literatura de terror. Fueron 4 años de escritura de una larga novela. Y en esos 4 años leí a Poe, a William Beckford, a Tolkien (sus tres ejemplares del Señor de los Anillos) a Bécquer y sus leyendas,  al  Philip Pullman más terrorífico. Terminé el libro y estando de viaje por Portugal tuve un sueño terrorífico ( de hecho lo tuve dos veces en la misma noche) lo que originó El Manscrito de las bestias y los 20.000 euros del Premio Barcanova. O sea esa literatura azuzó otra llama en mi interior. Y aparecieron los fantasmas  y en esa pesadilla recurrente llegó otro libro.  A eso le llamo yo meterse en el género para no perder o alejarme del tono que busco. Y pronto hablaremos del tono.

La otra forma de escribir (en escritura automática o no)  es aportar los conocimientos de nuestra profesion a nuestra historia. Estoy convencido que un asesino o un psicópata, con la voluntad suficiente para escribir podria ser el mejor narrador de críimenes por su propia y retorcida mente . Ahora bien no ha que matar a nadie para ser un asesino despiadado. Lo que quiero significar es que ayuda haber vivido una situación aunque otras voces digan que lo mejor es recrearlo y que aqui nace el gran escritor:

Pep Albanell describe en su esplendida novela “Plaza del Callao”  un viaje en moto muy sugerente. Alguien le comentó que cómo le gustaba tanto viajar en motocicleta y lo bien que lo describía con una fisicidad entrañable  a lo que él respondió que nunca se había subido a una y que, cómo si tampoco tenía carnet de conducir.

La doble vida de los escritores

Cuando me refiero a la doble vida del escritor me refiero a casos como el de Antoine de Saint Exupéry, piloto comercial de la linea Aeropostale cuya extraordinaria historia narra Antonio Iturbe en la obra maestra  “A cielo abierto”. Además del Pequeño Principe escribió su experiencia como aviador en VUELO NOCTURNO, O CORREO Del SUR…

“¿Yo escritor? ME LO PREGUNTO; MI VERDADERO TRABAJO ES PILOTAR AVIONES”.

Joseph Conrad era marino antes de escritor. Su “En El corazón de las tinieblas” es una de las grandes novelas del s.XXI. Como lo era Melville (Moby Dick) que escribió su obra maestra después de viajar en un ballenero O  Quentin Tarantino que trabajando en un videoclub descubrió un estilo y tono particular viendo tantas películas en VHS que  acabarian convirtiéndole en uno de los cineastas más originales y llamativos (¿o esos Odiosos Ocho no lo es?) El periodista italiano Dino Buzzati (léanse El perro que habló con Dios) esperando las notícias que nunca llegaban en un periódico  escribió “El desierto de los Tártaros”  sobre una invasión del enemigo que nunca llega. Ferran Adriá se inició como friegaplatos en Castelldefels antes de alcanzar la cumbre en la cocina.  Y muchos otros F. Scott Fitzgerald (El Gran Gatsby, Gabriel García Márquez, Alejo Carpentier (“La semilla” el mejor cuento del mundo, a mi parecer)   trabajaron como redactores publicitarios antes de acoger la escritura.

En el fondo volvemos a lo que ya les conté: escriban de lo que sepan, de su propia vida, de sus experiencias y recuerdos.

También hay escritores  que utilizan la escritura para huir o complementar su vida: el poeta  chileno y premio Cervantes Nicanor Parra era físico y matemático, Ernesto Sabato era físico, Juan Benet, ingeniero, Roberto Musil, matemático o Luis Martín Santos, médico…Kafka, agente de seguros, el poeta  Guilleme Apollinaire, banquero…

Para esa escritura personal, automática o no, para ese conocimiento la vida de uno acaba siendo el mejor maestro. Y de lo que uno no sabe se busca y se aprende. Y mientras dura el cultivo de la novela hay que regar otros libros para que reaparezcan en nosotros.