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Esta semana tuve una semana loca de esas en que te falta tiempo hasta para coger aire. Vi poco a mi marciano favorito aunque estuvo saliendo mucho de compras para llevarse regalos y solvenires -como dice él- para su familia. Sé que viajó en golondrina, se paseó por la rambla de las flores sin flores (así la llamó) se fue al fútbol, se metió en un combate de boxeo de no se quién con no se quién y ya cuando pensaba que se había ido sin despedirse, cuatro días después sin noticias (de Gurb tampoco) apareció radiante. Le quedaba una semana para volver a su planeta, dijo, y tenía que aprovechar para conocer el sexo femenino del que dice que no sabía nada de nada. Y tampoco del masculino, recalcó mirándome con ojos raros. Yo me hice el despistado.
Fue entonces que decidí llevármelo al Teatro Regina. Ya había visto “Aixi és el futbol de gay” y pensaba que otro musical no le desagradaría y menos cuando era obra mía. De hecho entre mis regalos estaba el libro de Anaya/ Barcanova “Nadie es un zombi” en el que me basé para escribir el musical.
Le costó entender que un actor pueda estar en dos musicales. Así que cuando vio aparecer a Adriano Ardila empezó a molestar preguntándome que si él era futbolista gay de esa obra como ahora aparecía tan desmejorado. Le tuve que contar que le “había atropellado un autobús escolar de ocho ruedas” como dice el texto pero como empezó a protestar de que no entendía nada le dije que eso se conocía como pluriempleo: o sea hacer varios trabajos y varias funciones para llegar a fin de mes y que en el caso de Adriano que era rico y famoso y guapo y alto él podía estar haciendo varios papeles en funciones distintas. Le costaba entender que los sábados estuviera haciendo de futbolista gay en el Teatre Gaudí y los domingos de zombi en el Teatre Regina.
Fue entonces que me preguntó qué era un zombi. Le dije que era un muerto viviente, un renacido (que no es lo mismo que un malnacido o que el Renacido de los Oscars) o sea alguien que no murió del todo y que vuelve al mundo de los vivos pero que aquí era un zombi bueno y los humanos malos. Y me dijo algo que me hizo sentir muy culpable. Me dijo: “ah, entonces como tu y yo”. Entendí que el malo era yo por no sacarle más de paseo y de restaurante y que el buenazo era él. Y sí debo ser malo porque asi de repente pensé que iba a pasarle la factura de su estancia. Luego se rió y me dio un golpe en la espalda que casi me descoloca el omoplato.
Por supuesto le dije que la obra era buenísima que el director Joan Rigat había hecho un trabajo admirable, que Havard Enstad y Guillem Galofré habían compuesto un musical digno de los escenarios de Broadway y que los actores estaban magistrales pero me dijo que le dejara opinar y que me callara.
Luego le escuché hablando con sus padres:

Padremadre. Cuando vuelva a nuestro planeta vamos a hacer una obra de zombis. Un muerto viviente, un renacido (que no es lo mismo que un malnacido o que el Renacido de los Oscars) es alguien que no murió del todo y que vuelve al mundo de los vivos pero que en la Tierra son zombis buenos y los humanos malos. El problema es que tenemos que buscar extraterrestres a los que hayan atropellado un autobús escolar de ocho ruedas porque ese color en la cara y más en la nuestra que es de color azul-verdoso solo se consigue con diversos atropellos.
La obra del Regina va de algo que se llama “bullying” o sea un niño haciéndole daño a otro niño algo que no entiendo de nada porque eso en nuestro planeta es inimaginable. Lo que dicen los actores lo dicen cantando. Tiene un extraterrestre del planeta K que es de color negro. Creo que es de esos emires intergalácticos que nos visitaron hace un par de años pero que ahora se hace llamar Malcom McCarthy y ha hecho como que no me conociera. También hay un chico muy malo, Eleazar Masdeu el que hace bullying pero que me resulta tan gracioso que no me importaría tenerle de amigo: yo le haría ver  lo malo que se comporta con sus compañeros.
Luego hay una chica pelirroja de la que me he enamorado. Pero aunque le hacía gestos desde el escenario ella solo tenia ojos para el zombi. De hecho tiene una canción preciosa, la más hermosa del musical: cree que él la va devorar y aun asi acepta salir de restaurante. Y antes de que se la coma o no, (como en un cuento que se llama La Ratoncita que limpiaba la escalerita que acaba casándose con un gato que acaba devorándola) ella se pregunta:

Y si tiene hambre atrasada, ¿ no seré yo su merendola? Esto es jugarse la vida. En el amor todo es empezar. ¿Hola? Que empiece la partida. ¿Quedamos hoy para cenar? ¿Se me querrá comer hervida, refrita? ¿Aliñada? ¿Rellena? ¿Embutida? ¡Y es que en el amor todo puede pasar! ¡Ah! ¡Ay, Nadie que mono que eres!

Al final la he engatusado diciendo que yo era un productor famoso y que me diera su teléfono para un contrato en otro planeta. Porque mi amigo, de darme su teléfono, nada de nada (por mí que la quiere para él). Bueno ya tengo su número. Ahora ya no sé si irme de la Tierra.  Se llama Mariona Ginés y se va a ir conmigo a mi planeta o yo me quedo aquí con ella en un pisito para dos personas ideal solteros. Aún no me ha dicho “sí” que no es un condicional sino una afirmación.
 Y lo que me ha hecho llorar es que al final han hablado de mí. Indirectamente, si. Cantan una canción que se llama “La Gran Diferencia” y que dice “Si eres blanco o negro o azul o rubio…” “Azul” ha dicho mientras me miraban todos. “Si tienes una nariz o dos, cuatro ojos o veintidos”. (porque nadie sabe que tenemos  cuatro ojos, dos visibles y dos ocultos no diré dónde y en el vecino Planeta de los Karkianos, 22). Si eres de América del Sur o de Nueva York, de Estoescolmo o Londres o el Marruecos entonces eres de los míos, gente como no hay, viva la gran diferencia capital.
O sea que aquello que nos hace diferentes, que nos hace únicos es lo más hermoso de la personalidad. Que bonito. Po eso creo que yo tengo tanta personalidad
He decidido secuestrarlos a todos, al Malcolm (acabará reconociéndome, seguro), a Eleazar, a Adriano y a Mariona. Y también al mayordomo el gran Enric Vidal, por miedo que me dé, porque a  todos nos va bien tener un sirviente.  Lo haré inmovilizándolos con mi rayo cósmico y envolviéndolos en papel de regalo cuando terminen las funciones el día 1 de noviembre.
He comprado un abono para todas las funciones para saber donde viven y al salir de su trabajo, zas. Bueno les veréis pronto de gira por nuestra constelación y así nos ahorramos tener que atropellar a amigos nuestros con autobuses escolares de ocho ruedas. Ya os iré contando como va mi historia de amor.  De momento ella no sabe nada de mí. Pero cuando la invite a comer le deslizaré un poco de rayos amorosos en su sopa para que caiga rendida a mis pies. ¿Y si no le gusta la sopa? Hum…
Besos zombis que son besos muertos que renacen al cabo del rato y estallan en tus labios.

 

Foto estreno con  Adriano Ardila, Malcom MacCarthy ,Susana Peix, la periodista, la tercera a la izquierda, Eleazar Madeu, Mariona Ginés y Enric Vidal, en “Ningú es un zombi (Nadie es un zombi)”, el musical social,  se representa los fines de semana en el Teatro Regina de Barcelona a las 17’30 de cada tardem sábados y domingos. https://www.youtube.com/watch?v=TbfuGltps-8

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