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Mi carrera de escritor empezó en 1990 con “la Rosa de Reus, se afianzó en 1993 con “Etcétera, Etcètera” y “Primeres aventures de Peret Ganxet y dio un salto con los premios Carmesina en 1997 con una novela muy rodariana ( Gianni Rodari) y el Guillem Cifré de Colonyia en 1999 con la Guerra de las Chicles (La Galera). Para 1999 yo ya había volado del nido.

MI matrimonio duró diez años desde octubre 1987 hasta agosto 1998 resultado de un cambio de vías para destinos desiguales. El escritor iba ganando fuerza y el marido iba perdiendo oxígeno. Ella deseaba un ejecutivo publicitario con su agencia publicitaria en la calle Monterols de Reus. Él darle horma a su imaginación. Quizás ella no veía con buenos ojos lo de tener un marido bohemio y escritor catalán muerto-de-hambre como la mayoría de escritores catalanes . Quizás él pensaba que en esa otra dimensión sí podia lograr la verdadera felicidad. En todo caso  las diferencias fueron aflorando hasta llegar a esa separacion amistosa y al divorcio  -vía tribunal eclesiástico  de la Rota- en 1998 cuando yo ya vivía en Barcelona.

 

Praga

Toda guerra se gana o se pierde por pequeños detalles que escribió Churchill o por pequeñas mentiras sin importancia que filmó Guillaume Canet en el 2010. En Marruecos, como ya conté  tuve que apañármelas para convencerla de que quería vivir esa experiencia “hammam”. En Praga algunos años después pasó algo parecido. Estaba en el tiempo “Kafka” ese agente de seguros que tenía una vida a parte. Como yo que tenía una vida publicitaria pero la necesidad escondida de escribir y de labrarme un posible futuro de escritor. Lo cierto es que mi hermana Sara me recomendó Praga como cuento de hadas, museo abierto, la ilustración de un libro que se abría al mundo. Y sentí unos deseos irrefrenables de viajar hasta allí. Necesitaba una experiencia literaria, tomar café en los cafés que habían frecuentado Franz Kafka, Max Brod, Franz Werfel, sentarme en el café de la escritora y periodista Milena Jesenská frente al reloj astrológico, visitar el viejo comenterio judío y tal vez llorar ante  la tumba de Kafka. Me decidí a viajar solo: no puedo ni logro imaginar qué razonamientos hallé para convencer a M de permitírmelo. Pero su madre María Rosa la convenció de que no debía dejarme viajar solo. ¡Ah viejos espíritus dickensianos, comadres shakesperianas, damas vetustas a lo Leopoldo Alas que vivís en tiempos de los Hermanos Álvarez Quinteiro encerradas aún en la casa de Bernarda Alba pensando en que el varón es impío y zalamero, seductor rematado, torero de verónicas o refinado Don Juan.  El día de mi viaje el avión iba lleno así que M llegó un día antes a Praga y se marchó un día ante de mi regreso (otro lleno). Fue un descubrimiento hermoso el de esa ciudad a la que regresaría, hasta el día de hoy, hasta en nueve ocasiones (la última en el ya lejano 2005). En Praga quise acometer mis ritos, buscar esas cafeterías, muchas de ellas ya cerradas donde anduvieron los maestros, los de entonces y los del siglo XX como Jaroslaf Seifert ( “Toda la belleza del mundo”), el malogrado y jovencísimo Jiri Orten, Frantisek Halas, Vladimir Holan y otros poetas… De nuevo tuve que convencerla de salir solo con nuevas e intrépidas argumentaciones.  No encontré ninguna cafetería de mención así que me encerré, antes de mi regreso al hotel, en la antiquísima cervecería U’Fleku (del siglo XV) donde pedí una cerveza negra. Como mi checo era 0 dije que sí a lo que me preguntaron y ahí apareció un litro de brebaje que supo a dioses pero a diablos cuando me fue practicamente imposible encontrar el hotel Olimpos, donde mi esposa me esperaba, por el elevado grado de intoxicacion etílica que ese néctar me había proporcionado.  Por fortuna mi esposa no conocía al humorista escritor alcoholizado Jaroslav Hasek, al autor de “las aventuras del buen soldado Svejk” libro que escribió en la tabernas no fuera a acusarme de buscar complicidades o añadir ritos alcohólicos a mi visión de  la vida. Cuando ella regresó a Reus en ese día de diferencia, ¿imaginan ustedes qué es lo que el sátiro, desvergonzado y muy peculiar Folck hizo? No acertarían.

Visitó el cementerio judío que, por ser sábado, estaba cerrado (con el chasco consiguiente) se paseó por las callejuelas de Jan Neruda, por Mala Strana, por la plaza vieja y lugares donde iba a nacer su “Niño de papel” quizás su obra más ambiciosa y más reciente. Se compró dos marionetas qua aún le acompañan, libros ilustrados, se acercó hasta Vysherad y al pequeño cementerio donde enterraron a músicos com Antonin Dvorak y a Bedrich Smetana ( del que se compró su ópera La novia vendida) y al artista Alphonse Mucha . No volvió  de noche  a U’Fleku con miedo a perder el avión. Y a las 20’00 horas se fue a la ópera y por cinco euros en platea asistió al Nabuco de Verdi y a una sorprendente doble interpretación del coro de los esclavos Va Pensiero.

En la noche praguense en agosto, al fin solo…

En ese instante, me pregunté cuánto tiempo tardaría en regresar a Praga, cuánto en volver a la ópera y que posiblemente jamás volvería a escuchar ese magnífico coro de los esclavos en ese teatro cuando el coro, cuyas manos asomaban tras las rejas de la adusta prisión buscando los rayos de sol  volvió a interpretar -hecho insólito- la misma aria, después de un sonoro aplauso; y yo deshaciéndome en lágrimas felices en mi noche checa que solo había empezado. Al salir, pasadas las diez de la noche, me acerqué hasta el puente Carlos y sus 32 grupos escultóricos, me senté en el suelo mezclado en un grupo de  espectadores que atendían a un violinista que interpretaba serenetas sin luz de luna, melodías tristísimas de Toselli, de Albinoni, de Haendel (el Largo de Xerxes) y de compositores checos que no conocía. Cuando el violonista se fue me perdí en otro grupo sentado frente a una muchacha que cantaba a Joan Baez y cuando el puente quedó vacío a las tres de la madrugada me senté  a escribir esa carta de amor a la ciudad de las mil cúpulas sin saber que su hechizo iba a atraparme  y que de ella iba a celebrar mi primera exposición literaria- fotográfica en el año 2001 en Barcelona. Me quedé callado esperando el amanecer, mientras algunas parejas jóvenes andaban deambulando, o se besaban bajo el encantamiento de esas bailarinas que ahora eran iglesias, catedrales y torres… Y conecté con el avión de las nueve de la mañana que me devolvía, radiante, a mi casa.  Hay seres que no conocen a Rabindranath Tagore. No… no consulten la Viquipedia donde aparece como actor de cine cuando su talento estuvo en la poesía espiritual, en la música (y premio Nobel de Literatura). Él decía que el matrimonio nunca debe ser una esclavitud..

El matrimonio según el poeta Tagore

                                             “que el amor no posee ni es poseido”…

                                             “pero dejad que los vientos del cielo dancen entre vosotros”, 

                                             “amaos el juno al otro, pero no hagáis del amor una atadura”…

                                            “llenaos el uno al otro de vuestras copas pero no bebáis de una sola copa… 

                                             “cantad y bailad juntos y estad alegres, pero que cada uno sea independiente…

                                                    …”y estad juntos pero no demasiado juntos”…

Hubo otras graves desavenencias pero siempre volvía el agua al redil.  A mi libro de relatos  “Etcétera, Etcétera” siguió “Primeres aventures de Pere Ganxet”, la historia de un joven detective en un supermercado donde las frutas se devoran a sí mismas de lo buenas que estan y un libro para los comerciantes del carrer Unió de Tarragona “Cróniques de la mitja lluna”...

Seguirá

Foto 1 de Aleix Folch, algunos pocos años después, en el café de Milena Jesenská en la plaza vieja

Foto pie: Praga, 5’30 de la madrugada