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El Coronavrius daría para tantas novelas malas ... | LA VIDA ALEGRE DE JORDI FOLCK
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Voy a tomarme una pausa en mis memorias de escritor. Y contar la mía de lo que estamos viviendo.
Creo que lo que nos está pasando daría, de largo, para una novela o, incluso, para varias.
Las que se me ocurren, de momento.

 

Novela de payasos

Una novela de payasos de como los políticos están gestionando la crisis: Donald Trump i Boris Johnson a la cabeza. se preocupan de la economía, no de salvar vidas. ¿Quién votó a esos imbéciles? También el ejecutivo de Pedro Sánchez y de Isabel Ayuso, Presi de la Comunidad de Madrid que no tiene ni idea de nada, con mención especial para Vox y sus representantes: Ortega Smith por afirmar que sus anticuerpos españoles luchan contra los malditos virus chinos. Aún me pregunto qué clase de estúpido e ignorante puede votar a Vox. Pero de haberlos, haylos a montones.  También incluimos a la alcaldesa de Barcelona que permite, mientras ella está bien guardada en su chalet, que los metros de Barcelona vayan a tope de gente trabajadora. Gracias a TMB cuyos jefazos a buen recaudo se embolsan lo que puedan mientras otros se empujan unos a otros para meterse en el vagón. Debería estar permitido meter en la cárcel a algunos. ¡Gracias Colau! 

Una novela de héroes y villanos. 

El mundo sin saber qué hacer recluído en casa y miles de profesionales de la salud dejando la vida para salvar a otros. Nadie habla de hospitales privados  ni de la privatización de la sanidad pública de Artur Mas i Boi Ruiz que, nada más llegar, pidió que la gente contratra una mutua privada y después promovió el copago. Nos quedó un sistema empobrecido al que contribuyeron las famosas declaraciones del otro gran memo de la política española y antiguo Ministro de interior,  Fernandez Díaz, (“Vamos a hundirles la sanidad catalana)  otro al que habría que encarcelar por destilar odio. Frente a todos esos muros de incomprensión miles de enfermero/as y médicos luchando contra el coronavirus sin recursos, con dobles turnos hasta el agotamiento. Nunca los aplausos y cantos nocturnos serán suficientes para descubrir a esos auténticos héroes que no vienen del fútbol  (héroes de cartón piedra) ni de los comics (de papel)  sino seres de carne y hueso.

Una película política

Una película política con los chinos como protagonistas que, como comunistas acérrimos, esconden al principio la pandemia acusando al médico que lo destapó ( ya fallecido) de provocar falsas alarmas. Si la gestión del coronavirus se hubiera hecho de inmediato no estaríamos donde estamos. Me recuerda a la serie Chernobyl y su entramado de mentiras y corrupciones  para salvaguardar el concepto de patria sometida. Bueno, ahora los chinos malos son los buenos dando ejemplo de gestión a rajatabla y obsequiando con mascarillas y material sanitario diversos. Y sobreviviendo al estigma de haber provocado el arranque.

Y un  ataque al capitalismo, donde las cosas nunca volveran a ser como antes. El sistema tenía que estallar, un día. ¿hoy?

Me cuentan que en Cofidis están todos trabajando exigiendo en recobros que la gente pague, con centenares de personas en grandes naves con aires de oficina de “El apartamento”.  Y como esta otras muchas con exigencias dantescas: cobrarles a los ancianos 60 euros del seguro del banco que se les esacpó (pero también a los caraduras que compran sin pagar) Alguien debería escribir un libro sobre eso…

Una película solidaria

Donde la gente se queda en casa, cantan entre los balcones, los jóvenes ayudan a los ancianos a comprar en el supermercado o a hacer gestiones. Se construye un sentido de comunidad, se vuelve a lo íntimo, se reaprende a decir “te quiero” entre familias que aún pueden abrazarse. Se lee a los niños, se juega con ellos, sorprendidos de tener a sus papás en casa pero extrañados de no ver a sus abuelos. Qué curioso puzzle afectivo está construyendo ese coronavirus.

Sin olvidar que la calidez del hogar se vuelve mortal para el maltratador encerrado como pantera entre la barras de su jaula. Aquí lo íntimo se vuelve estraño, se aprende a convivir sin levantar sospechas. Nunca hay un paraíso completo. Todo cielo tiene parte de su infierno.  Un abrazo para ellas.

Y ese humor que nos libera, que nos permite reirnos a todos, en la catástrofe, que nos salva, entre los memes de gente que pasea perros de peluche, que se da una vuelta por la propia casa como quien visita un museo, de ancianos liberados, de nietos y niños que son ellos mismos… el confinamiento libera creatividad…ingenio. Cuando esteo acabe, no cambiemos, por favor.

Una película de terror

Dejar morir a los ancianos mayores de ochenta años en Italia porque no hay camas, permitir que en los campos de refugiados  las gentes se amontonen, sin precauciones,  los hacedores de fakes y creadores de rumores y de pánico social que sigan pululando por ahí entre carcajadas por su ocio/negocio.  Los estúpidos que compran papel de water olvidando que la prensa sensacionalista y partidista limpia mejor las heces de la ignorancia. O los que compran docenas de huevos -visto en Mercadona- mientras las ancianas, menos elásticas buscan sin encontrar.  La trama principal se le fue al guionista  de las manos y sin querer hacer un nuevo “Perdidos”  (Lost) lo está logrando. 

Una película de conspiraciones

¿Lanzó Trump el virus para exterminar a media humanidad? ¿Fue el Club Bidenberg? ¿Se reunieron los amos de la Tierra para liberarse de revoluciones feministas, medioambientales, socialistas? ¿Llevó el ejército americano el virus a China para soltarlo en la segunda potencia económica mundial  que va camino de ser la primera y desbancarla?  ¿Es una conspiración de las plataformas, incluida Dinsey, para vender miles de horas de pantallas todos recluídos ( porque le aseguro que, conspiración de las librerías – ya cerradas –  no será). 

Me quedo con la de los héroes anónimos y con las de la gente sacando su creatividad para hacer más llevadera la vida a los suyos. El resto,  películas muy malas, tan malas como esa crónica que escribo encerrado, retenido en casa  entre calles vacías y silenciosas (escucho el traqueteo del metro que pasa siete pisos más abajo) para hacerme pasar la rabia de nuestra fragilidad, la de hombres y mujeres de papel a los que puede derribar algo que llega por el viento, entre amigos, entre padres… Nadie conoce, aún, el final de esa película de miedo que se diría escrita per Stephen King, con aires de Godzilla y de cine chino de Serie B. 

Resistiremos. No nos queda otra.