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Tomé ayer esta instantánea en el metro de Barcelona. No soy futurólogo ni adivino así que ya les digo que Sí va a tener algún libro en sus manos. E incluso pueda ocurrir que, como en la bellisima película de Isabel Coixet, la niña que no leía, ya adulta, acabe con una librería propia. Libros y niños… siempre amigos…ahora…

Así que le deseo a la niña del cochecito que pasar de la imposibilidad a la posibilidad sea más hermoso que pasar de la ficción a la realidad.

Entonces, ¿por qué me atrevo a lanzar una pequeña perorata fácil de desmontar?

Ya sabrá el lector como me preocupa el futuro de los libros, de las librerías y de los propios seres humanos que cuando no tiran libros, si se trata de adolescentes piden siempre elegir, entre las lecturas obligatorias, los libros más delgados.
La mamá sujeta su teléfono móvil para que la niña se entretenga: alli tiene su programa de dibujos animados o cartoons que la niña sigue con devoción.
Mucho me temo que si la escena se repite, si la aparcan frente a la tele o al ordenador en el hogar a la niña le apetezca poco conocer un libro.

Y lo que le ocurra es que haga scrolling sobre la página y descubra que ni se mueven, ni le hablan, que nadie grita, que no hay efectos especiales…y lo abandone. quizás para siempre.

No me quito de la cabeza que en el futuro el libro sea un objeto despreciado por la nuevas generaciones y que se mantenga como tal, hasta que tres o cuatro generaciones hayamos desaparecido. Que las bibliotecas sean museos de antaño, que las librerías sean colmados de venta de alimentos urgentes y que los libros ocupen el puesto de las golosinas o ni eso. Sí, soy pesimista en este asunto y en pocos otros.

Otra reflexión: la mamá sujeta el teléfono. Me parece bien.  Que la niña ya manipulara el teléfono seria otro moivo de preocupación. Pero ese gesto amigable, maternal esconde, quizás, la servitud de los padres protectores, llamados “helicópteros” por controlar, proteger, defender a su hijos? ¿de un gesto puede nacer una actitud?

El tema lo saco a colación desde la publicación ayer de un artículo en el periódico ARA escrito por una experta en emociones CRISTINA GUTIERREZ y que bajo el título de “YO-YO-YA-YA” alerta de la poca tolerancia a la frustración, del egoísmo y de la escasa cultura del esfuerzo, debido a una educación basada en el tener y no en el ser, en el que no se vive ni se disfruta de la aquí y ahora, sino que todas las expectativas están puestas en el que ha de venir y que sea rápido!  Y habla de

“una generació plena d’impacients, egoistes, ansiosos, narcisistes, amb baixa tolerància a la frustració i minsa cultura de l’esforç. Fa 16 anys que aquest centre de Santa Maria de Palautordera es va especialitzar en l’educació emocional i, cada any que passa, Gutiérrez i el seu equip queden parats de la quantitat de mancances emocionals, tant dels pares com dels fills”.

(“Una generación llena de impacientes, egoístas, ansiosos, narcisistas, con baja tolerancia a la frustración y escasa cultura del esfuerzo. Hace 16 años que este centro  ESCOLAR de Santa María de Palautordera se especializó en la educación emocional y, cada año que pasa, Gutiérrez y su equipo quedan sorprendidos de la cantidad de carencias emocionales, tanto de los padres como de los hijos “.)

Y es que añadiria, a muchos padres deberían retirarles el CARNET DE PADRES y a saber quién les dió, sin mercerlo, ese carnet dada su pasividad, su ignorancia, su “paternalismo” mal entendido más cercano a la leche condensada (pase lo que pase)  que a otra cosa. Cristina Gutiérrez pide que se cierren los teléfonos y los televisores en reuniones famliares y que se converse en almuerzos y cenas, que se pregunten,  para detener a una sociedad acelerada sin límite donde todo vale mientras sea aquí y ahora.  Y que la frustración, la desesperanza, las incertidumbres del niño o del adolescente  sean descubiertas, simplemente hablando, conociéndose… en casa.

Y no repito lo que ya escribí en otro post: que los padres deberían llevar a sus hijos a las librerias, a las bibliotecas, al teatro, a conciertos, a fomentar su cultura y a encerrar sus móviles, sus tablets y, pronto, sus cigarrillos electrónicos para  que se olviden de todo lo que está conectado,  (enchufado) entre otras cosas, ellos mismos.

Siempre que hablo con una de mis jóvenes y favoritas escritoras y bibliotecaria Rosana Andreu, me amargo más en lo que me cuenta: entre otras que ha abandonado sus fascinantes sesiones de cuenta-cuentos porque los niños ya no le hacen caso: ¿Será Rosana como un libro sin efectos especiales, ni gritos, no colores?. La fuerza de la palabra de una contadora de cuentos, la fuerza de la palabra de un libro  parece que ya valga poco. Y al final del túnel, uno acaba hallando a unos padres que no tienen ni la más remota capacidad para educar a su hijos y peor, ni ganas de meterles en cultura:  para ellos que la niña o el niño se calle en la guardería de las nuevas tecnologias ya les está bien.

Acabo con otra reflexión de la educadora:

“Acabar sent els seus servents i no posar-los límits és un error educatiu amb unes conseqüències nefastes en el creixement personal”

(Acabar siendo sus sirvientes y no poner límites es un error educativo con unas consecuencias nefastas en el crecimiento personal)

¡Las manos en la cabeza!

¿Lo hablamos?

link a artículo:  JO, JO,JA,JA: https://criatures.ara.cat/adolescencia/generacio-jojo-jaja-egosime-poca-torlerancia-frustracio_0_2034396550.html?utm_medium=social&utm_source=facebook&utm_campaign=ara

 

Foto propia (20 junio 2018)

 

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