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El estreno en DVD de la última película de Isabel Coixet en  Video Instan, me obliga a dos consideraciones: la de la propia película y la de la catástrofe cotidiana de esas 2 librerías que (alguien dijo) cerraban cada día en España. La próxima  (hoy mismo, hoy sábado 30 de junio ) en Tarragona una librería en la Rambla.

Y como la noche de San Juan no queda lejos con las playas inundadas de porquería por humanos “cerdificados” (o sea con  certificado de animalidad y garantía de reiteración cerdil) uno dice “no me extraña” que cierren librerías, ese mundo ordenado, de un blanco inmaculado y que huele a tinta y a papel.

De hecho hoy cuando escribo este post cierra la librería de les Rambles de Tarragona, nacida antes de  la democracia hace ya cincuenta años y así se convierte en una necrológica de otra librería que se nos va por la subida de precios del alquiler y el poco margen del negocio y por el cambio de hábitos de gente que piratea libros o pasa de ellos…

Uno se pregunta a dónde van los libros cuando entierran a una librería. Se nos pierde el rastro. Desaparecen. y reaparecen en algún otro lugar, desnortados, despersonalizados, cuando ya no reconocen a su nuevo amo. porque cada librería y cada librero es único en lo de entregar el amor a los libros.

Me ha sorpendido y emocionado la última película de Isabel Coixet, que se llevó los Goyas más importantes en la última edición, a película, directora y a guión adaptado entre un total de once nominaciones. Y me ha sorprendido porque en Catalunya Isabel recibió varapalos a gusto. Yo mismo en mis propias redes sociales callé (aún no la había visto) ante comentarios de poetas y escritoras que, llevados por su insensibilidad y, tal vez ceguera, sacudieron a la película por el solo hecho de que Isabel no es independentista y se ha expresado, a la contra, en diversas ocasiones. Fotogramas se hizo eco de las críticas mundanas:

Notoria, a su pesar, por el maltrato a que está siendo sometida en las redes por independentistas a cuenta de sus posiciones contrarias a la separación de Catalunya, su nuevo film presenta extraños ecos con su agitada peripecia vital de estos días: una comunidad que pretende ahogar a quien considera disidente. O para quien ha imaginado un porvenir sin consultarlo con el interesado. (http://www.fotogramas.es/Cinefilia/La-libreria-Isabel-Coixet)

Me parece extraño que queden intelectuales que no saben separar la persona del creador.   A mi, por ejemplo, el Mario Margas Llosa de “El sueño del celta” me parece pura maravilla (menos, el “Cinco esquinas”) en cambio el personaje me produce urticaria pero me encantaria darle un apretón de manos al escritor y quizás una bofetada amistosa (o no)  por las sandeces anti-nacionalistas que suelta.

Louis Ferdinand Céline (llamado el profeta de la decadencia)  escribe de maravilla pero su opiniones antisemitas me parecen repugnantes: de hecho una editorial italiana  acaba de hacerse atrás esta misma semana  en publicarle por las críticas recibidas.

«Rencorosos, dóciles, violados, robados, con las tripas fuera y siempre jodidos (…) Hemos nacidos fieles y así morimos». escribió en “Viaje en fin de la noche”

Entonces uno no entiende  que se la castigue porque ella no piense como algunos.  El arte corre aparte, pienso. La película parte de la novela de Penélope Fitzgerald  y trata de los intentos, de  los gozos y las sombras de una mujer (Emily Mortimer) cuyo sueño es abrir una libreria en un pequeño pueblo inglés sin saber que por el aire de ese village corren rencillas, vanidades y la maldad vestida de porte de gala. Es una película bordada como encaje fino, hermosa y triste, a la vez. Con un Bill Nighy (Love actually) al que te comerías y una Patricia Clarkson que embellece a la maldad, una película que se huele y  huele a papel verjurado y a tinta  y que uno debería ver porque isabel es una de las grandes (“la vida secreta de las palabras” sigue fascinándome) y porque cuenta una historia que ahora, en tiempos de tecnologias, va a imponerse: la vida finita de una librería. Acudan al videoclub y llévense esta película: disfrutarán si a ustedes les gusta lo hermoso (historia, fotografía, música…).

La librería de Les Rambles que hoy cierra nació en el 68 y hoy se nos va. Los motivos que los han llevado hasta esta situación, según el comunicado, son la «desertización de los centros comerciales de nuestras ciudades», los «cambios» en los hábitos de consumo, la «digitalización» y la «falta de cultura lectora» del país.

Un país de idiotas pegados al fútbol.

En la verbena de San Juan y frente al mar calmo de la Barceloneta la peña se reunía de espaldas al mar para corear a su equipo en la gigantsaca tele del bar musical cuando la belleza estaba ahí detrás. Y una se quejaba de que otro no le dejaba ver…

Por esa librería de la Rambla pasaron lectores que ya no están entre nosotros, dos generaciones frente a una tercera que acudirá al McDonalds o a la camisería de franquicia que puedan instalar allí. Y a ese olor de tinta se impondrá el de frituras o el del ambientador de tienda bien o tienda pija.

Que pena que una librería no sea pija y los libros no sean pijos: quizás en el futuro sea la única forma de sobrevivir. O la de poner una tele para el próximo Mundial en el escaparate para lograr que alguien se detenga allí, por accidente.

Vean “la librería”  de Coixet y vayan a las librerías, esos templos del arte, de la tertulia, de las presentaciones de libros antes de que la maldad de la peor especie que viene de la ignorancia , la vanidad de “no leer” mate a otras librerías y acaben convirtiéndose en espacios vacíos. No quieran los dioses que en cincuenta años películas como las de la Coixet sean los únicos documentos vivos de lo que fueron estos centros del placer cuando ya la memoria los olvidó o el diccionario borró la palabra por caer en desuso y en desconocimiento: sería el triunfo de la barbarie.

 

(Por cierto Video Instan ante el crecido precio del alquiler cierra su local en Enric Granados y viaja hasta la calle Viladomat,en Barcelona. Apoyemos también ese otro templo cinematográfico).

 

 

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