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MEMORIAS DE UN ESCRITOR (33): LLAMADAS DESDE EL CIELO 1

por Nov 1, 2020Creatividad0 Comentarios

¡Cómo nace una historia?

“Llamadas desde el cielo” es una de mis novelas menos reconocidas. Quizás estamos en tiempos agnósticos pero la primera edición en catalán en el año 2006 apenas vendió 1000 ejemplares. La versión en catellano fue peor: alcanzaron solo los 200 vendidos a pesar de que las críticas en periódicos y en redes fueron buenas. La historia, una comedia de tintes neorrealistas, sigue siendo una de mis preferidas pensando aún que del texto podria hacerse un buen film, incluso una ópera o un musical. Este post repasa el proceso creativo del libro que aún puede comprarse en librerías o incluso en Amazon en formato papel.

https://www.amazon.es/Llamadas-Desde-Rustica-Pangerana-Hisp%C3%A1nica/dp/8494625217/ref=sr_1_1?__mk_es_ES=%C3%85M%C3%85%C5%BD%C3%95%C3%91&dchild=1&keywords=llamadas+desde+el+cielo&qid=1604231329&sr=8-1

La sinopsis
En el testamento de Giambattista Della Chiesa consta que debe ser enterrado con su fiel telefonino de reparaciones después de toda una vida como operario de la Telecom. Cuando, al tercer día, suena el viejo teléfono de la familia para anunciar que se halla en el paraíso gozando de la compañía de los “grandes”, la noticia correrá como la pólvora hasta que un alud de gente sepulte la ciudad como una nueva erupción del Vesubio: gente de todas condiciones y edades ocuparán el antiguo Barrio Español para comunicarse con sus difuntos. A través de doce llamadas telefónicas el lector asistirá a la expresión más pura de los sentimientos pero también al despertar de la parte más oscura del hombre: sus miedos, sus tinieblas, en una ciudad tomada por la Camorra.


La contraportada
Con la mirada y espíritu de un niño, con la imaginación desbordante que caracteriza su obra, el autor construye una parábola agridulce sobre el último sentido de la existencia, una tragicomedia de sentimientos exultantes y vibrantes que, como en las viejas películas del neorrealismo italiano, provoca a la vez las risas y las lágrimas del lector.
A la crítica de una sociedad narcisista y precipitada, en el declive de una civilización deshumanizada, Folck contrapone un paraíso de ciudades nunca descritas donde los grandes creadores continuan ejerciendo su magisterio y donde todo el mundo busca la felicidad de los otros.

LLAMADAS DESDE EL CIELO es un novela inclasificable, insólita, que se convierte en una llamada urgente a la paz, a la tolerancia, a al entendimiento entre pueblos, a un vivir espiritual donde “ser” prevalezca sobre el “Tener”, un canto de esperanza para que los idílicos jardines del paraíso renazcan en nuestro viejo y dolido mundo.

El por qué de “Llamadas desde el cielo”

“Llamadas desde el cielo” nació poco antes de las nueve de una mañana de veintiocho años atrás, camino de la escuela. Mi hijo Aleix, de apenas cuatro años, me preguntó  poco antes de llegar, repentinamente:
—Papá… ¿en el cielo, hay teléfonos?


No recuerdo qué le respondí, pero sí supe, al instante, que acababa de nacer una historia. Aquel mismo anochecer dibujé sobre una cuartilla algunas notas de alguien que pedía en su testamento ser enterrado con su telefonino. Pero nunca pasé de aquellas notas introductorias.
Por aquel entonces acababa de publicar mi primer libro. Serían necesarios otros doce años  para que, en el mes de julio de 2004, abandonada mi actividad como director creativo en una agencia de publicidad Veus Públiques del grupo Enciclopèdia Catalana   y siendo la escritura mi único destino, me decidiera a iniciar mi viaje particular haciaNápoles y hacia el cielo, tan cercanos el uno del otro..

Escribir este libro entre los años 2004 y el 2005 se convirtió en un hecho necesario, en un acto imprescindible en mi vida sin pensar en el éxito o la repercusión de la obra. Me movía una desazón interior, agitada continuamente por la prensa, con las fotografías en primera página de las víctimas de la guerra en Irak, pero también de los jóvenes y adultos muertos en el atentado terrorista en Madrid, en un interrogante continuo agravado por la hipocresía política actual, el desplante de los altos mandatarios que ya entonces perseguían la gloria personal por encima de la práctica del bien. El libro lo escribí en catalán  pero lo traduje al castellano en el año 2015 cuando la guerra de Siria ocupaba aún las primeras páginas de los medios internacionales y el fenómeno migratorio, ese gran éxodo de los desposeídos, la muerte colectiva y la vergüenza de las instituciones arañaban muescas profundas en almas sensibles como la mía. Alguien podrá acusarme de melodramático, de perseguir la complicidad del lector si digo que muchas de estas páginas que el lector ya ha recorrido fueron escritas en medio de lágrimas, abierto el dolor, acumulado y retenido desde la lectura y la visión de las imágenes de un mundo estúpido que nos invade e insensibiliza a través de la televisión y otros medios. Quizás fueron lágrimas dulces y amargas —qué es la vida, sino una triste tragicomedia?—, expiación de culpas, vergüenza de ser humano que ve como sus hermanos han convertido el paraíso en un infierno por los caminos de la violencia, en la frivolidad de la indiferencia, en la corrupción, en el engaño, en la soberbia, en la lastimosa mediocridad…
Escribir este libro: poco más me interesaba. Partía con miedo a la crítica literaria sustentada, a menudo, por sesudos intelectuales que murieron, como personas, y sin ellos saberlo, mucho tiempo atrás y por la opinión del lector que iba a rechazar mi provocación en el momento de escribir sobre el cielo.

Sigo creyendo que cuando uno tiene el convencimiento y la necesidad de expresarse tiene también el derecho y el deber de hacerlo por encima de cualquier otra consideración. Si alguien se siendo ofendido al leer esas páginas habría hecho bien de abandonar el libro, como yo hago tantas veces con los programas de televisión o libros mal cosidos, metafóricamente hablando.

Ver Nápoles y después morir

Para escribir este libro solo me hacía falta fe. Y, después, algunos conocimientos. Para la fe no precisaba de ninguna documentación, pero para construir y hacer verosímil esta historia sí necesitaba equipaje: el viaje iba a ser largo. Fue así como en el mes de junio de 2004 me inscribí en el Instituto de Estudios Italianos de Barcelona para cursar primero de lengua italiana con la intención de tener un dominio suficiente para imitar, en mi lengua, la musicalidad de este idioma tanto en la construcción de las frases, como en palabras y sentencias que dinamizaran las intervenciones de los personajes También necesitaba profundizar en la cultura italiana y una particular manera de ser y de ver la vida. Para lograr este propósito viajé a Nápoles en el mes de octubre para conocer, de a pie, los quartieri spagnoli, las iglesias y las calles por donde transitaban los personajes. Todos los topónimos e indicativos existen, y sólo habrá que seguir las indicaciones del libro para encontrarse inmerso de pleno en la ficción. Amé a Nápoles y a los napolitanos, un pueblo lírico y apasionado, hospitalario, orgulloso de una  ciudad de la que se ha escrito: “Ver Nápoles y después morir”.No pretendía caer, en el libro, en un recorrido turístico —una tentación difícil de desterrar—, pero sí construir un pequeño canto de amor a esta ciudad del sur de Italia con tantas iglesias como Roma y, posiblemente, la más devota del país, donde se vive de una manera más explícita el sentimiento religioso. El hecho que los napolitanos comparten la lengua italiana con el dialecto napolitano —o partenopea— dificultaba la escritura en cuanto a la elección del registro con que se expresan los personajes. Opté finalmente por una opción intermedia, una mezcla colorista —no muy alejada de lo que sucede en las calles—, alternando palabras del italiano y del napolitano…

Neorrealismo italiano

El libro pretendía ser un homenaje al neorrealismo italiano, el cine de la posguerra que nace como un cinema-venté mostrando las penurias de la supervivencia en tiempos difíciles y de la “Roma, citta aperta” que dirige Roberto Rossellini en el año 1945 y que el tiempo la convierte en un monumento filmico con esa fuerza de la naturaleza que era la actriz Anna Magnani. “Llamadas desde el cielo” era también un homenaje al cine nacido en Italia y especialmente al subgénero conocido como “de los teléfonos blancos”, comedias mundanas y costumbristas que en los años 30 divertían y entretenían a los italianos y en los que siempre aparecía un teléfono blanco. De hecho, todo el libro es un tributo a la cuna del mediterráneo que es Italia: no solo a sus grandes genios que aparecen entre las páginas del libro sino también a grandes creadores como el dramaturgo y cómico Eduardo de Filippo o al pedagogo y escritor Gianni Rodar¡. La expresión “Hay que esperar a que pase la noche” en boca de Angela María es la última frase de Napoli Milionaria! estrenada en marzo de 1945, la obra maestra de Eduardo.

Hay que esperar a que pase la noche para el teatro italiano no es solo una replica teatral, sino, sobre todo una lección de vida, una dolorosa contemplación del pasado y también una mirada a un Mañana que sigue, que espera, más que el alba, los años por venir. Porque, lo sabes de sobra, Eduardo, venimos de lejos, pero vamos más lejos todavía escribió Giorgio Strehler (citado por Ana Isabel Fernández, Eduardo de Filippo, un teatro, un tiempo, Fundamentos, Madrid, 2004).

Continuará

 

 

 

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