¿CÓMO SE ESCRIBE UN LIBRO? EL PROCESO CREATIVO DE UN LIBRO DE MUERTOS

No crea el lector que aquí desvele los misterios recónditos de la escritura de un libro. Aunque me gusta el reto de intentarlo, algún día.
Lo que aquí incluyo es el proceso que me llevó a la escritura del libro LLAMADAS DESDE EL CIELO que estos días de difuntos, tiene cierto sentido.
Es un libro tierno como el pan, ácido como el limón recién recogido, espiritual, de auto-ayuda cuando alguien perdió a uno de los suyos, para reír y para llorar, homenaje a los libros y a sus autores, una fábula con moraleja y casi novela negra entre los vivos que disfrutan en el paraíso y los muertos de la Camorra.

¿Cómo nace y se hace, crece y aparece ante la luz del lector, un libro?

“LLamadas desde el cielo” nació poco antes de las nueve de una mañana de veinticinco años atrás, camino de la escuela. Mi hijo Aleix, de apenas cuatro años, y poco antes de llegar, repentinamente, me preguntó:

–Papá… ¿en el cielo, hay teléfonos?

No recuerdo qué le contesté, pero sí supe, al instante, que acababa de nacer una historia. Aquel mismo anochecer dibujé sobre una cuartilla algunas notas de alguien que pedía en su testamento ser enterrado con su telefonino. Pero nunca pasé de aquellas notas introductorias.

Por aquel entonces acababa de publicar mi primer libro. Serían necesarios otros doce para que, en el mes de julio de 2004, abandonada mi actividad como director creativo en una agencia de publicidad y siendo la escritura mi único destino, me decidiera a iniciar mi viaje particular hacia Nápoles y hacia el cielo, tan cercanos el uno del otro..

Escribir este libro entre los años 2004 y el 2005 se convirtió en un hecho necesario, en un acto imprescindible en mi vida sin pensar en el éxito o la repercusión de la obra. Me movía una desazón interior, agitada continuamente por la prensa, con las fotografías en primera página de las víctimas de la guerra en Irak, pero también de los jóvenes y adultos muertos en el atentado terrorista en Madrid, en un interrogante continuo agravado por la hipocresía política actual, el desplante de los altos mandatarios que ya entonces perseguían la gloria personal por encima de la práctica del bien. Traducía el libro en el año 2015 que la guerra de Siria ocupaba aún las primeras páginas de los medios internacionales y el fenómeno migratorio, ese gran éxodo de los desposeídos, la muerte colectiva y la vergüenza de las instituciones arañaban muescas profundas en almas sensibles como la mía. Alguien podrá acusarme de melodramático, de perseguir la complicidad del lector si digo que muchas de estas páginas que el lector ya ha recorrido fueron escritas en medio de lágrimas, abierto el dolor, acumulado y retenido desde la lectura y la visión de las imágenes de un mundo estúpido que nos invade e insensibiliza a través de la televisión y otros medios. Quizás fueron lágrimas dulces y amargas –¿qué es la vida, sino una triste tragicomedia?–, expiación de culpas, vergüenza de ser humano que ve como sus hermanos han convertido el paraíso en un infierno por los caminos de la violencia, en la frivolidad de la indiferencia, en la corrupción, en el engaño, en la soberbia, en la lastimosa mediocridad…

Escribir este libro: poco más me interesaba. Partía con miedo a la crítica literaria sujeta, a menudo, por sesudos intelectuales que murieron, sin ellos saberlo, mucho tiempo atrás y por la opinión del lector que iba a rechazar mi provocación en el momento de escribir sobre el cielo. Sigo creyendo que cuando uno tiene el convencimiento y la necesidad de expresarse tiene también el derecho y el deber de hacerlo por encima de cualquier otra consideración. Si alguien se siendo ofendido al leer estas páginas habrá hecho bien de rechazar o tal vez abandonar el libro, como yo hago tantas veces con los programas de televisión o libros mal cosidos, metafóricamente hablando.

Para escribir este libro solo me hacía falta fe y confianza. Y, después, algunos conocimientos. Para la fe no precisaba de ninguna documentación, pero para construir y hacer verosímil esta historia sí necesitaba equipaje: el viaje iba a ser largo. Fue así como en el mes de junio de 2004 me inscribí en el Instituto de Estudios Italianos de Barcelona para cursar primero de lengua italiana con la intención de tener un dominio suficiente para imitar, en mi lengua, la musicalidad de este idioma tanto en la construcción de las frases, como en palabras y sentencias que dinamizaran las intervenciones de los personajes También necesitaba profundizar en la cultura italiana y una particular manera de ser y de ver la vida. Para lograr este propósito viajé a Nápoles en el mes de octubre para conocer, de a pie, los quartieri spagnoli, las iglesias y las calles por donde transitaban los personajes. Todos los topónimos e indicativos existen, y sólo habrá que seguir las indicaciones del libro para encontrarse inmerso de pleno en la ficción. Amé a Nápoles y a los napolitanos, un pueblo lírico y apasionado, hospitalario, orgulloso de una ciudad de la que se ha escrito: “Ver Nápoles y después morir”. No pretendía caer, en el libro, en un recorrido turístico –una tentación difícil de desterrar–, pero sí construir un pequeño canto de amor a esta ciudad del sur de Italia con tantas iglesias como Roma y, posiblemente, la más devota del país, donde se vive de una manera más explícita el sentimiento religioso. El hecho que los napolitanos comparten la lengua italiana con el dialecto napolitano –o partenopea– dificultaba la escritura en cuanto a la elección del registro con que se expresan los personajes. Opté finalmente por una opción intermedia, una mezcla colorista –no muy alejada de lo que sucede en las calles–, alternando palabras del italiano y del napolitano…

El libro pretendía ser un homenaje al neorrealismo italiano, el cine de la posguerra que nace como un cinema-verité mostrando las penurias de la supervivencia en tiempos difíciles y de la “Roma, citta aperta” que dirige Roberto Rossellini en el año 1945 y que el tiempo la convierte en un monumento fílmico con esa fuerza de la naturaleza que era la actriz Anna Magnani. “Llamadas desde el cielo” era también un homenaje al cine nacido en Italia y especialmente al subgénero conocido como “de los teléfonos blancos”, comedias mundanas y costumbristas que en los años 30 divertían y entretenían a los italianos y en los que siempre aparecía un teléfono blanco. De hecho, todo el libro es un tributo a la cuna del mediterráneo que es Italia: no solo a sus grandes genios que aparecen entre las páginas del libro sino también a grandes creadores como el dramaturgo y cómico Eduardo de Filippo o al pedagogo y escritor Gianni Rodari. La expresión “Hay que esperar a que pase la noche” en boca de Angela María es la última frase de Napoli Milionaria! estrenada en marzo de 1945, la obra maestra de Eduardo.

“Hay que esperar a que pase la noche” para el teatro italiano no es solo una réplica teatral, sino, sobre todo una lección de vida, una dolorosa contemplación del pasado y también una mirada a un Mañana que sigue, que espera, más que el alba, los años por venir. “Porque, lo sabes de sobra, Eduardo, venimos de lejos, pero vamos más lejos todavía” escribió Giorgio Strehler (citado por Ana Isabel Fernández, Eduardo de Filippo, un teatro, un tiempo, Fundamentos, Madrid, 2004).
Artífice de la tragicomedia, divulgador de los escenarios napolitanos (Quartieri Spagnoli) “Llamadas..” acaba siendo todo un homenaje a De Filippo: la religiosidad, los valores humanos, el paso de la tragedia a la farsa, entre el realismo y la metafísica, entre la sceneggiata napoletana, la comedia popular y el drama existencial.
Y las influencias de Rodari, autor de “La torta in Cielo/ La tarta voladora” y “Cuentos por teléfono” recorren y esponjan la obra donde, frente al infierno de la Camorra napolitana se contrapone un cielo de felicidad y bondad donde los grandes creadores siguen ovillando sueños. Pero en el proceso de escritura imaginaba también a Federico Fellini y a Giulietta Masina y su Intervista, una corrosiva crítica al mundo de la televisión.

Para construir el cielo, dejando atrás Nápoles, dispuse de mi imaginación y de las valiosas aportaciones de escritores y pintores que, mucho antes que yo, se atrevieron a viajar al cielo. La lectura de los episodios correspondientes a la visita del purgatorio y del cielo que hace Dante en la Divina Comedia, la relectura de algunos de los libros de la Biblia, especialmente los más poéticos (los “Salmos”, el “Cántico de los Cánticos” y las “Lamentaciones”) y los sapienciales (“Proverbios” y “Sabiduría”) fueron el punto de partida bibliográfico, al cual habría que añadir muchos otros, puramente religiosos y, aún, filosóficos. Menciono, especialmente, “Conversaciones con Dios” de Neale Donald Walsch y “Pero, ¿qué diablos hacía Dios antes de la creación?” del dominicano y filósofo Bernard Bro. Algunos de los cánticos o sentencias pronunciadas por los personajes del libro no me pertenecen; proceden directamente de la Biblia. La expresión en boca de los niños al recibir a Gian Paolo en el paraíso y sobre el hecho de volar corresponde al salmo 104, versículo 3; aquella en que el niño habla con su madre pertenecen al salmo 103, versículos 3 a 6, y sobre la fugacidad de la vida al mismo salmo, en sus versículos 15 y 16; la respuesta, bastante conocida, del joven padre Zanzucchi (“A Dios, lo que es de Dios…) pertenece al evangelio de San Lucas, 20, 25; el canto de peregrinaje pertenece al salmo 133, versículos 1 a 3. La invitación final de Jesús “Comed y bebed todos y empaparos de amor” pertenece al Cántico de los Cánticos, 5, 1. Los árboles y las plantas que aparecen en el paraíso, han sido recogidos de varios libros: de la Biblia y de la magnífica aportación del erudito Jean Deulomeau en ”Historia del Paraíso”, libro de cabecera. La breve relación de nombres creados para llamar a Dios procede de los dos volúmenes publicados por Fray Luis de Leon en 1583 “De los nombres de Cristo”.

Pictóricamente he analizado tantas pinturas que hacer un recordatorio sería un trabajo excesivo. Me interesaban, especialmente, los seres angelicales, si bien, cómo ha quedado visto, he dejado poca constancia y todavía menos definición. Sus tipologías, sus funciones, las actividades celestiales, sus oficios, así como los hábitos y forma de vida me han sido proporcionadas por el libro “Ángeles, una especie en peligro de extinción” de Malcom Goldwin y “¿Existen los ángeles de la guarda?” de Perre Jovanovic, entre otros y por numerosos libros de historia del arte entre que cabe mencionar Angele e Demoni, una edición especial de lo Expreso aparecida en Italia coincidiendo con mi llegada a Nápoles. Cuando escribía sobre las cortes celestiales, tenía ante mí las pinturas de Hyeronimus Bosch, Rubens, Caravaggio, Gaudenzio Ferrari, Giovanni Blilivert, esculturas de Bernini y, especialmente, del gran Miquel Àngel. También Botticelli, El Greco, Bosch, Tiziano, Tintoretto que quiero creer que se ven en este libro como passepartout para gozar de esas llamadas.
Los paisajes celestiales son únicamente competencia mía. Sólo quería ofrecer una cata, consciente de la imposibilidad de éxito. La extensión limitada del libro me imposibilitaba, por otro lado, efectuar un viaje extenso por uno de los lugares más soñados, del que se habla tanto y tan poco se sabe, y donde, reconozco me encontraba con un sosiego y una paz imposibles de hallar en nuestro mundo con la ayuda de los arquitectos musicales de Dios, educando mis oídos con la “Pasión según San Mateo de J. S. Bach”, con John Williams y su estremecedora partitura para “La lista de Schindler”, con la obra maestra de Ennio Morricone sobre las misiones jesuitas “La misión” y a Alexander Desplat, a Mozart, Haendel, Beethoven. Las napolitanas escogidas para el libro son algunas de las más populares y aquellas que, rompiendo fronteras, se han extendido por toda la vieja Europa: “Parlami de amore Mariú” (C.A.Bixio, letra de B.Cherubini), “‘O Sole mio” (E.di Capua, letra de G.Capurro), “Core’ ngrato” (Salvatore Cardillo, letra de Cordiferro), La Serenata (F.P.Tosti , letra de G.A.Cesareo) la célebre “Funiculí Funiculà” (Luigi Denza, letra de P. Turco), “Mattinata” (letra y música de Ruggiero Leoncavallo), “Marechiare” (F.P. Tosti, letra de Salvatore di Giacomo) y “Adduormete cu me” (E.Murolo, letra de Tagliaferri). Estas y otras muchas de Josep Carreras, Luciano Pavarotti, Massimo Rainieri y Pepino di Capri me alegraron la escritura.

Las fotografías en blanco y negro realizadas en Nápoles aquellos días como testigo gráfico y literario de mi estancia en la ciudad del Vesubio, además de Pompeya y Herculano, aparecerían publicadas en la revista “Puzzle” (diciembre de 2004). Dos escrituras, la fotográfica y la literaria, llenaron mi estancia de una elevada felicidad. En Nápoles escribí el segundo acto del libro. La escena del milagro fue escrita en la terraza del café literario Intro Moenia, en la piazza Bellini. Curiosamente, inmerso en la emoción de la escritura, a pesar del alboroto de un sábado al atardecer, conocí a Giulia, una hermosa muchacha que, sentada en una mesa con sus amigos, se me acercó, despertada la curiosidad y excusándose, para saber qué escribía con tanta delectación. Se abrió una conversación apasionada sobre mi libro y sobre la creación en una amistad que aún continua.

“Trucades des del cel” (Editorial Barcanova) apareció en Barcelona en el año 2006 en su versión catalana con una buena acogida de prensa. La Vanguardia tituló su crónica con un “Jordi Folck novela un cielo poblado de escritores, artistas y actores” y Diari de Tarragona “Papá, hay teléfonos en el cielo?

Josep Maria Aloy, crítico literario de diversas publicaciones escribió: “Es un libro que arranca muy bien, escrito con mucha gracia y con mucho humor aunque, en el fondo, esté el tema de la muerte. La primera parte es excelente. El libro me gusta porque tiene presente el mundo de las letras y encuentro interesantísimo que alguien se acuerde todavía de Calvino, de Rodari, de Dahl con todas las referencias al mundo de los cuentos infantiles y todas sus bromas y “boutades” contra la especie humana.
Reconozco que me gustó leer ese comentario de Aloy viniendo de un crítico. Pero me pareció algo mucho más hermoso cuando una noche recibí la llamada de un muchacho de 12 años, compañero de escuela de mi segundo hijo Eduardo. Le había pedido el teléfono y él se lo dio. De ese muchacho sabía que era un gran lector: devoraba libros y a veces no entregaba sus tareas escolares por que se había pasado la noche leyendo. Me llamó para decirme que de todos los libros que había leído en su aún corta vida ése era el que más le había gustado. En esa novela coral donde el protagonista tiene 12 años había encontrado sentimientos y emociones compartidas. Me emocionó. Otras dos muchachas, menos atrevidas, le hicieron a mi hijo comentarios parecidos.
Que un público adulto me hiciera llegar comentarios elogiosos era algo para agradecer: el libro es una fábula sobre la vida y sobre la esperanza más allá de la muerte y para aquellos que se acercan a ese último viaje el libro les colma de expectativas felices.
¿Pero qué podía aportar a los niños?
Creo que ellos poseen la inocencia, perdida ya para muchos adultos, de creer en un cielo, de creer en los seres de luz, pero también en las tinieblas y en los ángeles caídos. Y que la emoción que los niños sienten también es más pura, más limpia porque poseen el tesoro de la imaginación más libre.
Creo que con este libro conseguí una obra dirigida a toda la familia donde cada generación puede extraer valiosos mensajes para reconocer a esta vida como el mejor de los viajes y el más allá como un destino final justo y hermoso. Cuando, en una de las múltiples presentaciones de este libro en Barcelona se me acercaron diversas personas para agradecerme la escritura de “Llamadas” que tanto les había ayudado en la muerte, siempre dolorosa y reciente de sus seres queridos, supe que mi trabajo había concluido y que ya era momento de dejarle volar, de sumar lectores, de traducirlo a otras lenguas y de brindar al lector esa ayuda, esa fe, esa esperanza que el vivir de cada día menosprecia y agota y que necesitamos como el más pequeño y frágil rayo de luz.
Que así sea.

LLAMADAS DESDE EL CIELO, de Jordi Folck, de venta en las librerías españolas y en Amazon en papel y e-book
Editado por VOCES PÚBLICAS SL

Amazon: https://www.amazon.es/Llamadas-Desde-Rustica-Pangerana-Hisp%C3%A1nica/dp/8494625217/ref=sr_1_2?ie=UTF8&qid=1509530768&sr=8-2&keywords=llamadas+desde+el+cielo

El triunfo de la estupidez (o ¿qué les pasa a los jóvenes?)

Perdonará el lector mi ausencia estos quince días: me atraganté con una novela propia que quería mandar a un concurso cuyo límite eran 100 páginas y mi manuscrito llegaba hasta los 137: o cambiaba de concurso o recortaba el manuscrito. Hice lo primero. ¿Para cuando los editores y sus cohortes pensarán también, en el escritor?
Hoy, tres reflexiones breves pero contumaces, que podrían englobarse en una sola pregunta: ¿qué les está pasando a nuestros jóvenes?
Primer caso: Me acerco hasta el monasterio de Montserrat decidido a llegar hasta los casi 1300 metros de altitud de la antigua ermita de San Jeroni: hará ya cincuenta años que desapareció el funicular. La única forma de llegar hasta la Rosa de los Vientos, cerca del monumento al poeta Mossèn Cinto Verdaguer erigido en los años 50, es a pie desde la ermita de Sant Joan andando apenas hora, hora y media.
Les aseguro que vale la pena: el paisaje abrupto, rocambolesco, con sus extrañas figuras parecen salidas de la pluma de un poeta surrealista; son como los caligramas de Marinetti.
Uno, llevado por sus ensoñaciones y bajo un calor riguroso de agosto asciende las escaleras que llevan a lo más alto de las montañas sagradas. ¿Y qué encuentra ahi?  un grupo de teenaggers franceses con un radiocassette que emite reggaton. En vez de asombrarse por los 360º del paisaje o asomados a la rosa que señala montes y espacios, que dice sus nombres y sus altitudes están clavados a sus móviles. Los profesores callan, sin increparles, sin conminarles a que, a esa altura, lo verdaderamente hermoso nunca estará en sus celulares y que, probablemente, jamás regresen a ese techo del cielo, a esa atalaya orgullosa y empinada.
Segundo Caso: Domingo mediodía  almorzando en una terraza de una pizzería, un muchacho, también teenagger, mete los vasos vacíos de la coca cola light por el buzón de correos. Mi compañero de mesa, al verle (y yo de espaldas) le increpa. El muchacho que buscaba la risa de sus compañeros, su aprobación, aplausos para su estupidez, baja la cabeza. El gallito deja de cacarear. Poco después un transeúnte deposita una carta en ese buzón-basura. Sus compañeros sigue riendo.

Y tercer caso:  youtube me informa de un influencer que ha alcanzado los 15 millones de visitas por vídeos tan edificantes como gritar cuando se rasura el sobaco (ya son 4 los influencers que le imitan a carcajadas y con el beneplácito de sus fans) probarse ropa que le han regalado o reconocer que ha borrado vídeos de su canal, ante el enfado mayúsculo de sus fans.

Pienso que, pronto, no serán los periodistas quienes presenten los programas de televisión, sino los youtubers, los influencers que, sin estudios, pero con mucha cara dura, se convertirán en los héroes de los estúpidos, en los modelos a seguir. Visitan librerías con sus testimonios  y deben proteger las largas colas entre vallas donde sus fans adolescentes se desmayan gritando el nombre de su amada. Me refiero a la visita de Dulceida a la ciudad de Reus

https://www.diaridetarragona.com/reus/La-famosa-blogera-de-moda-Dulceida-revoluciona-Reus-20170505-0021.html

Sobran reflexiones. A mí, me asusta esa estupidez de gente desnortada. Yo también fui joven, e incluso, por qué no, desnortado pero quiero suponer que transitaba por ese estado de bobería en momentos concretos. El problema de la actual generación es que se ha instalado  en la estupidez como una forma de vida que va desde los botellones y sus crisis alcohólicas hasta las formas más refinadas de bullying, a perpetuar y seguir modelos con pies de barro, a pegarse a su tecnologías móviles y a dar la espalda a la cultura como algo, francamente aburrido. Lamento la terrible moralina que desprenden estas reflexiones y reconozco que no tengo respuestas pero esa necesidad continua de llamar la atención, al precio que sea, me descoloca. Y admiro a cierto profesorado que se inmiscuye en la persona y en el futuro profesional y quiero entender que no todo está perdido: posiblemente ellos sean, nada más, el reflejo de  una sociedad atribulada, precipitada, desafectada por la política y la religión, que, definitivamente, están quedando fuera del tablero de juego. Pero me entra una risa loca, histérica cuando quiero hablar de libros, de creatividad, de cierto elogio de la lentitud y ellos lanzan, eso sí, lentamente, su mirada fuera del aula y la precipitan ventana abajo .

 

ÚLTIMAS MALDICIONES DE LOS PREMIOS LITERARIOS: o el tamaño sí importa

Como soy metafísico por naturaleza, positivo por genética y alegre por convicción y, sinceramente, no me gusta ir maldiciendo por ahí, me permitirá el abnegado lector que de un solo soplo o dos  (como el lobo ante la casita de los cerditos) acabe con las tres maldiciones que me corroen por dentro y que ya intente liberarme de ellas y pasar a otra cosa.
Dicen que las maldiciones siempre regresan y yo, con mis (a pesar de todo) nueve premios literarios no deseo, precisamente, que esa suerte o mérito se me eche en contra.
Reconozco, eso sí, que perdí más premios que los que gané.
Impongamos, insisto, la metafísica
Así que vamos por la cuarta de las maldiciones: el espacio de las novelas. O El saber sí ocupa lugar.

Reproduzco una conversación /email de ex alumno de mis cursos de escritura creativa) post-saludo

Alumno Modelo: Pues te hice caso y he escrito en esos tres últimos años dos novelas: una de 400 páginas para jóvenes y que creo que puede ser  un nuevo “harry Potter” y otra para niños de 150. Y bueno, me gustaría publicarlas. Necesito tu recomendación.

Yo: Un autor desconocido hoy lo tiene muy mal para publicar. Te van a pedir cifras de ventas que no tienes, comunidades de lectores que quizás sí, premios que no, ni currículum vitae literario. Lo mejor es que las mandes a algún premio literario

Alumno: ¿Por cuál empiezo? Todos los concursos literarios parecen hechos por Voldemort, que debe ser el editor principal. Ninguna convocatoria  de infantil/juvenil acepta novelas de más de 200 páginas.

Yo: ¡Glups! ¿Y la infantil?

Alumno: No. Menos

Esa conversación nunca ocurrió pero podría: quizás porque mis alumnos universitarios de  ESRP  (UB)   son seres muy inteligentes a los que no les interesa bregar con la fuerza oscura. pero me sirve para analizar la cuestión del formato que no es otra que “maldita la gracia de que un concurso literario establezca bases  con tan pocas miras, con tantos requerimientos en espacio, con una acotación tan brutal en cuanto al número de páginas del original”. Puede parecer una cuestión baladí pero observemos y descubramos como a ninguna editorial española le apetece encontrarse con una saga tipo Harry Potter, con un nuevo Julio Verne, un Mark Twain, un Rider Haggard, un Lewis Carroll ( o con esos monumentos literarios entre los que incluyo “La historia Interminable” o “Momo” de Michael Ende, la prodigiosa “El Museo de los recuerdos robados” de Ralf Isau ni  la “La Guerra de los Botones” escrita en el año 1912 por Louis Pergaud, por citar algunas escasamente “breves” novelas.

El proceso creativo de redacción de una novela  es algo vivo, orgánico: la novela  crece en nuestras manos sin limitaciones de fantasía ni otros impedimentos. Uno empieza y no sabe cuándo encontrará el The End. El escritor vive inmerso en su  fábula, levantando pisos, abriendo caminos, construyendo personajes que, a menudo, se escapan de sus manos y vagan libremente.

Imaginemos a mi imaginario y alumno diciéndose a si mismo… ¡cuidado que el libro sólo puede llegar a las 80 páginas! A eso se llama frenar la inspiración, constreñir el trabajo creativo. Se llama coacción, poner fronteras. No niego que pueda limitarse “por lo bajo” el número de páginas pero las editoriales deberían revisar sus convocatorias. Siempre puede ampliarse un texto con separación de de capítulos, quizás con un cuerpo 13 en vez del 12, con el interespaciado (también prefijado en las bases) y otros recursos. Pero cortar una obra para que concurse  es arrancarle los brazos y las piernas de tajo a un texto como si cuatro caballos furiosos tirasen con visceralidad  de “la obra” . Me refiero, especialmente, a la literatura infantil y juvenil.

Premio Ciudad de Málaga de novela infantil: FORMATO DE LAS OBRAS
La obra se presentará con el título original, sin ningún dato que revele la identidad del autor o autora, se presentarán por quintuplicado, en tamaño DIN-A4, tipo de fuente Arial, cuerpo 12, con interlineado de 1,5 líneas, escritas por una sola cara, paginadas, perfectamente legible, encuadernadas y con una extensión de 25 a 40 páginas.

Premio ANAYA de literatura infantil: de 50 a 100 páginas

Premi EDEBÉ de literatura infantil y juvenil:  extensión de un mínimo de 20 páginas y un máximo de 80.  Y de 80 a 200 para la juvenil

Mejor me parece la convocatoria de el  Barco de vapor cuya extensión máxima (sin mínimos posibles)  es  de 150 páginas, impresas a 1,5 de interlineado y escritas en Times New Roman cuerpo 12.  O el GRAN ANGULAR: La extensión de las obras deberá ser de un máximo de 300 páginas en un solo volumen, impresas a 1,5 de interlineado y escritas en Times New Roman cuerpo 12.

O nuestro querido y veterano (y venerable) Premi Sant Jordi de les lletres catalanes: extensión mínima de 200 páginas

Podría extender mi relación con algunos premios más: el lector hará bien en indagar y descubrir la cantidad alarmante de premios que “acotan” demasiado.

Alguno de los lectores argumentará que eso es ser muy remilgado, escrupuloso, afectado y excesivo: lo que designa la palabra tiquismiquis. 

¿Y aún así qué ocurre cuando en un prodigio creativo uno supera esas dimensiones? En mi caso tengo dos novelas de 350 páginas aprox.   ( del año 2007 y del 2012) que aún no han visto la luz quizás porque  su propia desmesura las expulsa del paraíso de los premios( o porque no encajan con lo mal llamado infantil o juvenil, dos otras etiquetas o trabas que dificultan su encaje). La literatura si es buena es literatura  y basta.

Esa reflexión busca solo “abrir posibilidades” y que algunos editores, mirando hacia otro lado, abran un punto de inflexión: bastaría, a mi modo de ver, determinar, como en los últimos casos, un mínimo o un máximo, una acotación que no limite la libertad creadora y que permita encontrar a tantos escritores  un lugar (una convocatoria) para su novela antes de que , por extensión quede relegada, quizás para siempre, al cajón de los libros olvidados

 

Fotografía: cartel de la Película LA GUERRA DE LOS BOTONES ( remake de 1994)

 

 

 

 

SEGUNDA MALDICIÓN: LOS ZOMBIS LITERARIOS

Cuando una editorial o una institución decide convocar un premio literario acostumbra a elegir a los miembros del jurado entre personas con un currículum destacado que les hace valedores de ese papel.

Pero lo que muchos desconocen es que cuando a un premio literario se presenta un número importante de originales sean 20,100, 200 o 400 existe un equipo de pre-selección que determina cuáles de los textos llegarán a los miembros del jurado: son lectores elegidos por la editorial que combinan otras profesiones con su talento como lector.

En su primera y única lectura crítica eligen, la mayor parte de ellos, hojas del manuscrito al azar… pueden quedarse con el primero o el último de los capítulos, leer en diagonal… y reducen el número de originales recibidos según criterios como errores gramaticales, faltas de ortografía, sintaxis, pobreza de  vocabulario, originalidad del argumento, creación de personajes etc.etc.

Este es, entonces, el primer jurado al que hay que convencer, un jurado formado por un número indeterminado de personas del que nunca conoceremos ni su nombre ni su currículum, ni su capacidad, lo que puede significar que una novela de calidad sea separada del resto por criterios terriblemente subjetivos, por el extraño juego del azar o la insoportable levedad del ser (con permiso de Kundera).

He vivido dos experiencias en las que el jurado preliminar eliminó dos de mis novelas en dos conovocatorias: la primera fue en el año 2012 cuando presenté una novela infantil con el título “Mi amigo es un zombi” creyendo que, tratándose del tema del bullying y donde le daba la vuelta a los personajes (zombi bueno,/humanos malvados) era una novela que iba a declararse vencedora.
No fue así.
Que una novela no sea elegida como ganadora significa que una novela mejor escrita mereció ese privilegio, ante lo que cualquier escritor debe sacarse el sombrero. Pero acostumbra a ocurrir que, ante la calidad de un original, la editorial responda, al poco tiempo, que se queda con los derechos de edición.
Cuando ambas pérdidas ocurren (no premio/ no edición) el escritor pierde fuelle, terreno, seguridad y uno acaba planteándose, contra todo pronóstico que quizás aquello no era tan extraordinariamente bueno.

La novela “Mi amigo es un zombi” tenía un título poco atractivo: mucho me temo que el jurado entendió que era otra de esas novelas infantiles tipo pesadillas (Stine) hechas para alimentar a un subgénero sin pretensiones literarias.
Volví a presentar esa novela con un título mucho más literario: NADIE, título escasamente comercial que yo pensaba cambiar antes de su publicación pero que iba a encantar a a esos sujetos desconocidos, invisibles, de costumbres extrañas.

Sorpresa: Nadie quedaba vencedora y ganaba el premio infantil de Barcanova de literatura infantil y sus 7000 € correspondientes en el año 2013.

Indiscutiblemente hablando con los editores se buscó un título más acorde con el público lector y este fue Nadie es un Zombi, publicado recientemente, también, por Anaya.  Entre uno y otro manuscrito no había ni una sola diferencia exceptuando el título dicho lo cual quedaba corroborado que el primer jurado pre-seleccionador se dejó llevar por un mal título y que hizo poco caso a la novela…

Recientemente mandé otra novela a otro concurso y pensándome ya ganador  (uno quizás esté mal acostumbrado) quedé sorprendido cuando no lo ganó brindándole, como no,  un sincero aplauso por la novela ganadora pero cariacontecido porqué tampoco la editorial mostró su interés por hacerse con los derechos.
Algo pasó con el jurado preliminar…, esa misma novela fue presentada recientemente a otra editorial que me escribía con alegría y feliz de tener un original entre los suyos mencionándolo como obra de gran calidad literaria

(El libro aparecerá en el 2018)

Conclusión: existen jurados preliminares sin capacidad para elegir las obras que serán leídas por el jurado… otra maldición más que el escritor deberá tener en cuenta para su supervivencia y equilibrio mental en el momento de mandar sus originales a un premio literario: Que varias subjetividades pueden atacar a una obra de caridad porque existe una cadena de horrores humanos que no siempre razonan como uno cree deberían.

¡Y cuídense ustedes! Nos lo merecemos.

LAS SEIS MALDICIONES DE LOS PREMIOS LITERARIOS (1)

Todo premio musical, cinematográfico… literario está rodeado de glamour: el más pequeño concurso de redacción escolar o la portentosa entrega del Premio Planeta tienen en común a un fotógrafo (o una nube de…), un jurado, un ganador, un premio, una cantidad ilimitada de perdedores, difusión en redes sociales, felicitaciones. Y pareciera que detrás de ese flash final que todo lo envuelve, después de los titubeos emocionados del ganador o ganadora y de su falta de memoria de cómo llegó hasta allí, muchos creerán que ya no queda nada que contar.
Pues bienvenidos al espectáculo de lo que nunca contó nadie (o casi), las entretelas del juzgado de guardia, los afanes de algunas editoriales que viven de espaldas al mundo y que pareciera que trabajaran contra el autor.

Con permiso de la escritora Lena Pauls, que fue la primera en lanzar el grito al cielo, querría desentrañar ese mundo oculto que hay antes y después para que el lector vea que no es oro todo lo que reluce, que ganar un premio puede ser una lotería o un castigo, que presentarse a un premio puede dejarle esquilmado a uno moral, psicológica y económicamente y otras desafortunadas desdichas. Porqué recuerden, detrás de un ganador hay 40, 120 o 400 perdedores.

Primera Maldición:  ¿El Precio de medio riñón?

 
Existen infinidad de convocatorias  en Catalunya y en España cuyas bases exigen, sine qua non, la presentación de cuatro, cinco o seis copias en papel. Si al escritor se le fue la olla y acabó con un original de 400 folios (lamentablemente en mi cajón quedan tres originales de esas características) deberá tener en cuenta que presentarse con 4 juegos de originales inéditos exige un desembolso en fotocopias (a 0’04 la unidad) de 64 euros más 12 en encuadernaciones: 76  ( y 20 de envío de correos). Con un original de 200 folios, 52 euros….

En la web del premio Lazarillo de Creación, el más antiguo de España se puede leer:

Optaron al Premio Lazarillo un total de 161 obras, de las cuales 86 eran de narrativa, 56 de poesía y 19 de teatro. De todas ellas, 143 estaban escritas en castellano, 10 en gallego, 6 en catalán y 2 en euskera.

La convocatoria de este año pedía originales con un mínimo de 80 páginas y “cuatro ejemplares de cada una de las obras con que deseen concurrir”. A 100 páginas de media, el coste aproximado ( aparte envío) será de 32 euros.
Los 161 originales presentados significará una inversión aproximada de 5.152 euros de los que solo el ganador recuperará la inversión. Se arrojaron a la basura (perdón, al cesto de los papeles, perdón, a la trituradora, 5120 euros).

Un buen ejemplo de cómo algunas bases fueron escritas en los tiempos oscuros, dando la espalda a los escritores, “lletraferits” o ya heridos de muerte  y como nadie las ha revisado, olvidando la palabra “digital”. Por cierto que el ganador se embolsa la pobre cantidad de 3000 euros cedidas por OEPLI.

No cansaré al lector con números… solo algunos ejemplos y que él haga uso de su calculadora si gusta para descubrir la cantidad de árboles talados inútilmente solo porque alguien (instituciones o editoriales) no encontró el sistema de hacer llegar al jurado copias digitales.

 
Premi Sant Joan BBVA:  Los originales se presentarán por quintuplicado, mecanografiados, a doble cara, convenientemente encuadernados, y deben llevar el título de la obra y los datos personales del autor (nombre, apellidos, dirección postal, correo electrónico y teléfono)….

Premio Ciutat de Valencia Los originales impresos, con las páginas numeradas y en perfectas condiciones de legibilidad, habrán de presentarse en número de cinco ejemplares; todas las obras deberán presentarse bajo pseudónimo. Convoca ayuntamiento de Valencia
Premio Gregal de Novela: una copia digital y seis en papel. Extensión mínima 150 páginas. Convoca Editorial Gregal
Premio Pollença de Literatura. Mínimo 150 páginas. Copias por triplicado. Promueve Ayuntamiento de Pollença (Mallorca).

Premio Ciutat de Sagunt. Tres copias. Organiza: Ayuntamiento de Sagunt.

Y grave me parecen los dos originales para el premio Planeta pero teniendo en cuenta que se presentan más de 400 originales y que el premio se concede entre amigos influyentes y con buenas ventas previas, el importe arrojado a la basura oscilaría entre los 8000 y los 9000 euros repartidos entre los perdedores que soñaron con los 601.000 euros de premios ( a despojar de impuestos).

La Galera permite que sus clásicos, los premios Josep Maria Folch i Torres i Joaquim Ruyra, Barcanova Ediciones en sus convocatorias de infantil y juvenil, Editorial Proa para el premio de Novela Sant Jordi permiten que los originales se presenten a través de una dirección email. También así el  certamen literario Ciutat de Vila-Real que empieza con buen pie y muchos otros…Premio Desnivel de Literatura de Montaña, Premio Herralde de Novela ( copia digital y 1 impresa), Fray Luís de León de Creación Literaria, Premio Málaga de Novela…

Existen  muchas editoriales e instituciones que han comprendido que para muchos autores el precio del envío y del fotocopiado puede ser prohibitivo (el peso de los originales puede conllevar de 20 a 30 euros aproximadamente). Y que los beneficios, de haberlos, serán solo para uno.
No resulta extraño que cuesta cada vez encontrar a nuevos autores. Digamos, que entre otras razones, empezar malgastando sus vidas en discusiones baladíes, en pequeñas inversiones desafortunadas no propicia el entusiasmo literario-concursil.
Por cierto que los originales no recogidos desparecen en la trituradora de papel. Ah, si desean recuperarlos, los costes de transporte, van a su cargo.

¿Quién da más??¿Es para menos?

Seguirá

Fotografïa. composición propia

LA LITERATURA BASURA, ¿CÓMO RECONOCERLA?

Con el retroceso de las humanidades en el ámbito educativo, ahogada por leyes hechas por jamelgos y voluntariosos verdugos cada día que pasa el concepto de “qué es y no es literatura” resulta más difícil de definir.
No nos debe resultar extraño. Los hay y muchos dispuestos a jugar en contra de ella.
Hace ya algún tiempo en las noticias de Tele 5, un periodista de cuyo nombre no quiero acordarme decía, literalmente “pero dejémonos de literatura y vayamos a lo verdaderamente importante.”. Para él y para muchos españoles lo verdaderamente importante era y es el fútbol. Así funciona este país donde los idiotas alcanzan ya un 50% (aquellos que siempre encuentran excusas para no leer).
Me perdonarán el tono, pero dejo para otro artículo, un reflexión sobre lo que los políticos, nuestros políticos, sus políticos leen y no leen. Pero les hago un avance: en el Congreso de Diputados, en el Parlament catalán, en los consistorios de muchos ayuntamientos, hay iletrados escondidos.
Aún a riesgo de que ya a nadie le importe o no qué es literatura, me permitirán que enhebre unas breves notas, para no cansar al lector.
Me tomo la libertad de definir tres tipos de literatura

 
1. La gran literatura
2.La literatura popular
3.La literatura basura/hamburger/deshecho. En este caso la palabra “literatura>” debería estar prohibida.

 
Reconoceremos a la primera como aquella que engloba a todo texto literario que busca la belleza del lenguaje al construir una historia donde lo más importante no es lo que cuenta sino cómo lo cuenta. Camilo José Cela, Carmen Martín Gaite, Rafael Sánchez Ferlosio, Vargas LLosa, Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Juan Goytisolo, Roberto Bolaño, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez y cientos de escritores y poetas aunque publicaran sus novelas por entregas como Charles Dickens, Julio Verne, Alexandre Dumas  o Victor Hugo. A pesar de la popularidad de sus textos, de sus miles de lectores, aferrados a los periódicos, enganchados a las tramas de sus novelas no deberían ser incluidos, a mi modo de ver, en la literatura popular por una razón de peso: sus textos  han permanecido vigentes,  reeditados y aún,  “colosales” al paso del tiempo.

La literatura popular. “La literatura popular es aquella dirigida a las clases populares o más exactamente a lectores de bajo nivel cultural y escasas exigencias intelectuales o literarias,  literatura caracterizada en consecuencia por su baja calidad de su exclusivo propósito de entretener. Aunque la novela popular en España ha sido y es de ínfima calidad no han faltado entre toda esa morralla autores y obras de valor”. (extraído de La Novela Popular en España (Ediciones Robel, Madrid, 2000)  Sus temas: oeste, policíaco, piratas, aventuras, ficción histórica y aventuras “con niño”. A la literatura popular dirigida a personas de escasos recursos, en ediciones baratas, de bolsillo,  con el único fin del entretenimiento, habría que incluir a los prolíficos Corín Tellado, Silver Kane (el gran Francisco González Ledesma, José Mallorquí, Federico Urales, Vicente Ballester, el Coronel Ignotus (José de Elola, coronel de Estado Mayor del Ejército), Jesús de Aragón, PV .Debrigode (considerado busque insignia de la novela popular), Guillermo López Hipkiss (traductor de las aventuras de Guillermo de R.Crompton)  y otros muchos que, en la posguerra española, alimentaron sueños y esperanzas de lectores que buscaban en otras vidas una forma de supervivencia. Que Francisco González Ledesma merezca figurar también en el primer grupo, no se lo discutiría a nadie.

En tiempos actuales podríamos añadir a Carlos Ruiz Zafón con su trilogía de la biblioteca de libros olvidados

La literatura basura

Intentemos una aproximación a lo que podríamos llamar “literatura basura”

  1. Se usa, se consume y se olvida. En ella solo existe el presente.
  2. El autor/autora parte del entretenimiento, sin que busque la belleza de la frase, de la expresión, sin que importe mucho el tono ni estructura, sin que el autor desee permanecer o proyectarse en el futuro ni intención de ser premiado literariamente. Se consume rápido y se olvida más rápido todavía.
  3. Los practicantes/productores de la literatura basura acostumbran a ser personas en torno los 30 años, con éxito en las redes sociales, con algún libro superventas entre la comunidad adolescente o como ebook que alguna editorial convierte después en libro en papel.
  4.  “Es fruto de la banalización de la cultura y de la fascinación por el espectáculo. Ahora hay que escribir con una cierta mentalidad hamburguesa, de forma rápida, repetitiva, anodina, para que el mercado te acepte”. Palabras de Gonzalo Garrido, autor de “La flores de Baudelaire”… Los autores piensan en vender más que en escribir algo de calidad. Es la literatura detergente. Y no tienen ni buscan tener consciencia sobre la importancia de la literatura como hacedora de belleza y salvadora de vidas (Lean “Con la literatura en el cuerpo” de Alberto Ruy).
  5. Quienes devoran la literatura basura no son lectores habituales que buscan ahora tener acceso a su “blogger/youtuber” favorito, su famoso de bolsillo con el que se han reído viéndole depilarse el sobaco o eructar. La literatura basura no hace lectores, los deforma: nunca se tomarán un libro en serio. Dificilmente sabrán quienes fueron Dostoievsky o Nabokov.
  6. Muchos libros basura son escritos por “negros literarios” contratados por los famosos que pretender así bañarse en un hálito de intelectualidad y una pátina cultural que esconden sus miserias. Miserias de ellos mismos y de los lectores. Escribe #BernatRuiz: “Hay literatura basura y hay lectores basura. Hay lectores incapaces de entender cierto nivel de complejidad…se trata de lectores con referentes vitales y culturales muy pobres; cuantas menos luces, menos referentes; a menos referentes, menor capacidad de interpretar la realidad, más credulidad y más facilidad para ser influenciado. Estos lectores basura nunca cambiarán el mundo ni tampoco a sí mismos.  No pueden, no saben.
  7. La literatura basura comparte con los best-sellers muchos de sus temas: amor, erotismo, engaño, infidelidad, riqueza, poder  a los que se añade ahora moda, tendencias, tecnologías, sexo explícito. Sería interesante establecer diferenciaciones entre ambas.  A, modo de resumen, algo atrevido: si una buena novela necesita una buena documentación, la basura pasa de ella. El autor sigue el fluido de sus pensamientos rápidos, escribe rápido (y muere rápidamente). Sus flujos cerebrales/intestinales se imprimen en papel. Según Elizabeth Strout, Premio Pulitzer,  leer mala literatura es como comer comida basura. Y puede matarnos.

Siete grandes pecados o los mejores ejemplos de literatura basura: …  la trilogía “Crepúsculo” de S.Meyer, “50 sombras de Grey” de EL  James,  “La magia de ser nosotros”  de Elisabeth Benavent, #Betacoqueta ,  “La Chica del tren” de P. Hawkins, “Ciudades del Papel ” de John Green, “A tres metros sobre el cielo” de Federico Moccia, “El Código Da Vinci” de Dan Brown.

No incluimos aquí a la extraordinaria lista de youtubers que han desplazado a los  escritores en las firmas de libros. Observen vía google el cambio fraudulento en solo tres años en las paradas  de Sant Jordi en el Corte Inglés de Plaça Catalunya en Barcelona,. pero siéntense y no vomiten, por favor.

Este mismo artículo, escrito para ser comprendido, nunca reinará entre la “gran literatura” y, quizás sí, entre la literatura popular. Si alguien  considera  que su lugar está entre “la literatura basura” le pido disculpas con aquello de “no volverá a ocurrir”.

Fotografía propia : página del libro mencionado de Elisabeth Benavent

¿Qué es literatura? Un breve viaje en tren

¿Qué es literatura? Un breve viaje en tren

Regional Barcelona-Cambrils. 11’03 de la mañana.

Me siento en Sants y junto a mí una muchacha de color, su amiga de tez blanquecina y, frente a la primera, un muchacho. Hablan en francés de su primer día de vacaciones en Port Aventura.
Abro mi libro. Y pronto estoy ya muy lejos de allí. En los andes. Sigo el periplo vital, la aventura de tres héroes de la aviación: Antoine de Saint Exupéry, el padre de “El pequeño Príncipe”, Mermoz y Henri Guillaumet. Supe de ellos en Tarfaya (Marruecos) y creí que la palabra “hérooe” se aplicava con escaso rigor y demasiada generosidad. Claro que, en aquellos tiempos yo, memo, no sabía nada de ellos.
Aunque el trayecto dura apenas hora y media ya llevo varías días con los tres amigos que acaban de abrir líneas regulares de aviación “aeropostale” para repartir sacas de correo entre nuevas rutas en Sudamérica. Pero lo que es una pericia el hecho de volar a escasa altitud entre los peñascos, las cimas nevadas de los Andes, auténticos cuchillos también es  puede ser una tragedia.

Apenas unos días antes mientras St. Exúpery sigue en Cabo Juby entablando relaciones con los cabecillas de las tribus de la zona, Mermoz casi pierde la vida (y la de su mecánico) en la laderas escarpadas de los Andes. Estás en pleno vuelo cuando de repente el motor tose y ya sabes que pasa a continuación: el avión se detiene y cae. Pero Guillaumet, piloto experimentado ve una laguna en medio de la nada rodeada de la nieve del primer invierno y logra aterrizar. Le quedan provisiones para dos días pero en el silencio de la montaña, apenas una minúscula hormiga en ese mantel blanco sabe que va a morir. Oye los aviones de sus compañeros que le buscan. Pero nadie ve sus bengalas. Y para no morir de inanición y de frío, bajo cero, empieza a andar.
Una muchacha habla por su teléfono móvil entre grandes risotadas. Otra anciana grita para hacerse oír de que “pronto llegarán a Vilanova”. La muchacha de color duerme. su compañera me observa: hace rato que me remuevo en mi butaca. Elevo mi tronco, desato mis pies, veo sin mirar, abro mi boca y la cierro con ese regusto amargo de la muerte que me alcanza. Me recuesto, me inclino a mi derecha y a mi izquierda. No es una obra de ficción sino que recoge la travesía de esos tres hombres cuyo arrojo era más propio de dioses e inmortales, arrojo, empuje, pasión y que ya pocos conocen en el ciertamente cómodo (para muchos)  s.XXI.

El libro relata su vida y aunque todo eso ocurriera en 1930 cerca de Santiago de Chile está pasando ahora. Y me viene a la memoria otra tragedia de los Andes, el del vuelo 571 de la Fuerza aérea Uruguaya, contada en el libro “Viven” con los hermanos Parrado, Methol y sus 16 supervivientes de un avión caído en 1972 donde unos y otros practicaron el canibalismo para sobrevivir. Ato cabos y sé que a mi fiel compañero de viaje, a ese Guillaumet le quedan pocas horas de vida. Leer significa enlazar palabras y lecturas y obtener, demasiado pronto, un dictamen. Sigo removiéndome aterrado en mi asiento.
Tenía razón el autor de “Lolita” Nabokov cuando escribió que una buena historia debería ser como “una patada en plena columna vertebral que te duela demasiados días”. Pero Antonio Iturbe no me ha dado una patada sino varias. Me tiene cogido de mis testículos y me lleva por donde quiere. No sé si Mermoz se reiría con eso. Lo cierto es que estoy en mis últimos minutos de vida. Voy a morir con Guillaumet y ya sin él nada será lo mismo. Estoy por abrazar a Iturbe. Estoy por pegarle. Guillaumet se dispone a morir. Se despide de su adorada Noëlle. Pero se da cuenta de que si no encuentran su cuerpo ella no recibirá su póliza de seguros que le permitirá vivir un tiempo con cierta holgura.

“Si no lo encuentran sólo figurará legalmente como desaparecido y pasarán diez años antes de que certifiquen su muerte”.

Entonces decide arrastrase con un cuerpo que ya no reconoce y decide subirse hasta un penacho para morir y que alguien pueda verle: en su ascenso resbala ocho y nueves veces hasta lograrlo.
“Vuelve a caerse y ha de agarrarse con las uñas para no irse hacia un terraplén que desemboca en el vacío. Su cerebro es como la carne congelada que ahora le produce arcadas. Sólo sigue. Ya ni siquiera se acuerda por qué… Ya todo se está haciendo borroso. No sabe si anocheciendo o se está muriendo.”

Ha sido portada en todos los periódicos de Chile que ya le dan por muerto cuya imagen aparece rodeado con una tira negra.
Morimos con él frente a las estrellas. Sabiendo que no habrá amanecer. Pero su cerebro le obliga a seguir, seguir, seguir. Y cuando ya no queda esperanza, ni para él ni para nosotros, descubre a un asno después de un esfuerzo que ni tan siquiera una bestia hubiera sido capaz de lograr. Y cerca del asno, un hombre.
“Los Andes nunca devuelven a los hombres” decían.
Está vivo. Guillaumet vive. Yo vivo con él, cuando mi agitación habrá ya sido descubierta por mis vecinos de compartimento. Y sin poder evitarlo, con el corazón en el puño derramo una sola lágrima.

La muchacha frente a mí me pregunta en un español acentuado
-¿Está bien?
Yo solo atino a responderle “Guillaumet está vivo”.
¡Guillaumet está vivo!
Ella no lo entenderá. Los que perdieron su tiempo entre bagatelas, quizás durmiendo, pegados a su pantalla móvil la vida es sólo aquello que está frente a ellos. Y nada más. Y seguirán sus días entretenidos, felices a su manera conformándose con vivir su propia vida sin saber que detrás de las páginas de un libro se asoman otras mil vidas hermosas, intensas, quizás miserables, quizás desoladas pero que tienen algo que contar a quien merezca vivirlas.
El viaje termina. Me apeo en Cambrils en un día soleado, feliz de que Guillaumet esté entre los suyos con Tonio y Mermoz. Y ahí dejo caer las lágrimas de felicidad.
Y de todo ello ya hace 86 años pero, dicen que el tiempo vuela y para mí, fue solo apenas un instante.

Eso , y sólo eso, es literatura.

 

Antonio Iturbe. A cielo Abierto. Seix Barral.

Fotografía propia
Próxima semana:  La “literatura” basura.

JORDI FOLCK ENTRA EN ACCIÓN (2) o LA ANIMACIÓN LECTORA

Continua desde el artículo anterior donde desplegaba un método propio para incentivar la lectura. O cómo el escritor debería convertirse en actor y el lector adolescente en público fiel.

4.La comunicación no verbal –o el gesto- es otro de los canales que el creador-promotor tiene que dominar conjuntamente con el habla, la mirada, el gesto (e incluso la indumentaria). Se trata de divertirse un mismo en el foro, y de divertir/animar a los demás generando un contagio anímico, una confianza que el lector agradece. Se trata que descubra, a mi manera de ver, una persona disciplinada, que trabaja en/ y con la inspiración y que sabe comunicar, que pasea la mirada por todos y cada uno de los niños, que invita a leer como uno de los juegos más animados al alcance de todo el mundo y que apuntala con un gesto enérgico sus manifestaciones. Cuando hablo de “La dona vestida de negre” que trata de las obsesiones amorosas y de sus peligros, de las parejas que acaban sus relaciones a golpe de whatsapp me convierto en una enamorada pánfila que espera los mensajes de su enamorado cómo si perdiera la vida en ello mientras observo el móvil como si fuera la última salvación de la humanidad entera a la vez que despierto la hilaridad más dichosa. Cuando hablo de “Nadie es un zombi” que trata sobre la intolerancia en la escuela pido a los alumnos que cuenten cuántos puntos “zombis” los alejan de su humanidad haciendo el gesto de abandonar el aula si hay peligro de contar con algún zombie enganchado al televisor y a las pantallas o que no lee bastante o que hace de los siete pecados capitales una manera de vivir. Cuando les hablo del “Manuscrito de las bestias”, novela de terror, bajo la voz para atraerlos a una pesadilla…mientras lanzo una mirada al vacío como quien observa una aparición fantasmal, a la vez que los jóvenes lectores giran la cabeza atemorizados…Divertimento, entusiasmo, entrega, pasión, arrebatamiento que hacen de la lectura una experiencia para todos los sentidos. “La vida es un escenario” escribió Shakespeare y también en el aula de una escuela.

5. El escritor es el canal, donde las letras cobran cuerpo, una parabólica, el punto para mover el mundo, para sacudir conciencias en formación. Y sea con el apoyo visual de un power point que secunda el discurso, sea con la fuerza de la palabra hace falta que el escritor se transforme en un gran contador de historias. Aquello que escribía el psiquiatra Eric Berne… “si un cuento es el hueso, contarlo es la carne, la parte más jugosa para clavar un buen mordisco. Toda narración tiene cercanías, es decir el conjunto de temas sugeridos por cada historia que se comparten con el lector, a quien se pide apoyo, que haga palanca, que acabe haciendo suyas las obsesiones del escritor. Se le abren nuevos mundos, se le ayuda a descubrir que bajo el mantel hay un submarino (con permiso del gran Joan Barril) y que, llevado por la emoción vuelva al libro, que lo continúe (si lo abandonó) o que lo termine si no lo ha hecho. Es, insisto, el contagio anímico del escritor feliz que “vende” su historia y que atrapa lectores, que hace revivir las letras con su vehemencia. En una palabra, la vigilancia y la atención del estilo propio como un sello identificador. Cada cual a su manera. Un foro como una actuación/animación, un “bolo” teatral que hace público/lectores. Una voz literaria que se desdobla con una voz pública y notoria. Un foro escolar no es la presentación amodorrada, tediosa, fastidiada de un libro sino una apuesta firme, decidida y esforzada para ganar lectores fieles.

6. Termino: hay que conseguir un lector agradecido que apueste por nuevas lecturas más allá de las obligatorias. Hay que intentar un principio de amistad a través de las redes sociales, que en cierto modo el lector pueda tener acceso al escritor –punto conflictivo y debatido en cantidad suficiente- y vea su proximidad aunque sea sólo por el intercambio de un saludo o un agradecimiento o una recomendación. Firmar los libros, al terminar el foro, agradecer públicamente las actividades de lectura, los trabajos manuales, aceptar fotografiarse con los alumnos (cada cual con su modestia) transforma la presentación de un libro en un acontecimiento escolar/social. En aquellas ocasiones en que, al abandonar la escuela, algunos padres me han pedido una fotografía con sus hijos descubro un gran arrobamiento mutuo, un trato especial cuando el escritor de literatura infantil y juvenil, tan olvidado, consigue un estatus de estrella, estrella, pero, cercana, amable, cordial, aquel a quien invitarías a cenar cuando el libro y el autor se han convertido en un asunto de familia. Acostumbro a obsequiar puntos de libros propios, gafas folckfantásticas y materiales complementarios que completan la experiencia.

Y 7. Cuál es el precio de un foro? Pasárselo bien –unos y otros – no tiene precio, como no tiene precio dejar huella en el alma de un lector. Cuando la actuación es terminada llegan las firmas: hay mucha discusión al respeto. No acostumbro a visitar escuelas donde socializan los libros. A veces la escuela no ha compartido toda la información y me encuentro que pertenecen a la biblioteca escolar. Los libros son piezas fundamentales de la biblioteca del niño y aquel es su lugar al cual el niño volverá, tarde o temprano. Nunca firmo “papeles” si el libro es socializado. Cuando el libro pertenece al niño creo que es bueno hacer una buena dedicatoria en los libros o en las cuartillas que, aquellos que han olvidado el libro, te ofrecen con cierta culpabilidad. Y la dedicatoria que incluye el nombre del niño, unas palabras y la firma convierte aquel libro en un libro especial que será exhibido como un triunfo ante los padres. Por lo tanto creo que no hay que tener prisa al cumplir con el rito de las dedicatorias y las firmas. Yo intento una caligrafía gótica en los libros de terror; una letra pequeña y redonda en los de humor. También, en una hoja en blanco hay espacio por el arte. Y así, pienso que aquel libro se ha transformado en un libro único y especial, la obra literaria embellecida que, me gustaría pensar, guardarán con especial predilección.

En el fondo asumo el papel de publicitario: observar el mercado y (feedback incluido) y hacer el producto a medida variando si hace falta a partir de la recepción y de los “imputs” recibidos por el público objetivo: los lectores.

Pido excusas si el lector considera mi artículo solo la defensa de una exageración. Insisto. En quince años y más de 400 conferencias ante niños he podido identificar un “máximo común denominador “.

Mío y, si quiere probarlo, también suyo.

 

Fotografia (cedida) Alumnes lectors del Parc del Saladar a  Alcarràs, a Lleida

LA ANIMACIÓN LECTORA O JORDI FOLCK ENTRA EN ACCIÓN (1)

Insisto: para lograr jóvenes lectores y generaciones futuras de devoradores de libros es necesario…
1. Fomentar la creatividad entre los más jóvenes a partir de los 11 años para evitar ese socavón que viene y que es el responsable del descenso de lectores  adolescentes hasta que llegan a la universidad y aterrizan de nuevo.
2. Animar a leer en las escuelas (donde a menudo se cortan las ganas de leer después de los exámenes o pruebas de control a los que el lector debe someterse sí o sí). Esto pasa también por los autores, de visita por las escuelas que deben convertir la experiencia lectora en algo divertido, singular y con que el lector tenga ganas de meterse de nuevo en el libro y de conocer a nuevos autores.  ¡Qué afortunados son los lectores del s.XXI al conocer de primera mano a Jordi Sierra i Fabra, a Care Santos y a tantos que visitan regularmente los centros educativos donde su obra es recomenadada!. Que placer  no hubiera sido el mío de conocer a mis héroes literarios que, en los 70 eran Joaquim Carbó (La Casa sota la sorra) ,  Sebastià Sotorra (El zoo de Pitus)  Emili Teixidó (Diego, Berta y la máquina de rizar niebla)…

De eso va el artículo de esta domingo caluroso: de la responsabilidad del autor de hacer lectores con pasión. De otras medidas o recomendaciones hablaremos en próximos posts.

Este año 2017 celebro, invitado por varias editoriales (muy especialmente Barcanova) y por la Institución de las Letras Catalanas, quince años de foros. Son más de 400 charlas que me obligan, con gusto, a compartir esta experiencia siempre enriquecedora, nunca decepcionante. Al paso del tiempo como el picapedrero que afina el golpe para sacar la mejor melodía y el más bello resultado de la piedra ( y ríanse pero hay molleras muy duras) uno acaba dibujando un tipo de decálogo, nacido de la experiencia y de probar e incorporar nuevos registros.

Todavía quedan escritores que comparan una charla en las escuelas con una clase magistral de aquel que habla, de aquel que escucha. Otros hacen un ejercicio de improvisación del “a ver qué pasa” y a “ver qué preguntas me hacen” y ovillo y desovillo a gusto. Y creo que ambos se equivocan.

Dudaba en el momento de titular esta crónica si encabezarla con un titular muy Truffaut tipo “400 foros, los 400 golpes” pero he preferido llamar la atención con un grito que responde, de mejor manera al objetivo del artículo que sería: toda animación lectora debería contar con más elementos de espectáculo (oratorio y teatral) que de conferencia o exposición. Y si me lo aceptan, un buen golpe (y memorable) encima las emociones del lector, si el libro lo permite.

Cuando escuelas e institutos me piden con insistencia que vuelva, año tras año, obsequiándome con una sentencia tan favorecedora como “hay un antes y uno después de tu visita” reconozco que mi pequeño orgullo lo agradece. Los escritores de literatura infantil y juvenil tenemos pocas satisfacciones: los medios de comunicación nos olvidan, el lector adulto nos toma como “aprendices de literatura adulta”, y algunas librerías nos “guardan” en los últimos o en los primeros estantes a la altura de “esos locos de pantalón corto” pero lejos de los prescriptores/ compradores o en esa esquina o recodo, la segunda estrella a la derecha… Cómo escribía Eva Piquer somos “los invisibles”. Cómo no es mi intención desahogarme en nuestras misiones imposibles acelero el mensaje y entro de pleno en aquello que me trae a practicar un tipo de decálogo de cosecha propia que admite todos los debates y discusiones del mundo advirtiendo, pero, que a mí, me funciona.

1. Un creador literario en el siglo XXI debe ser consciente que, en tiempo de las nuevas tecnologías, la atención del joven lector se dispersa con comodidad. Hay que recordar, de nuevo,  el libro de Nicholas Carr sobre “Qué está haciendo Internet sobre nuestras mentes” (Superficiales, 2010) sobre los déficits de atención que implica permanecer en cinco escenarios al mismo tiempo: el estudiante actual ve televisión a la vez que envía emails desde la tablet, responde whatsups y mantiene, a la vez, una conversación familiar e incluso se mueve por sus redes sociales (a veces falseando su edad) como pez por el agua? Un creador no puede sentarse detrás de la mesa del maestro y soltar sus reflexiones en espera de silencio, admiración y empatía del lector cuando reproduce, posiblemente, la actitud del maestro que sobrelleva cuatro o cinco horas diarias de clase o más. Todo escritor debe poseer cierta conciencia escénica y, en la medida de sus posibilidades considerar que el aula es un plató por el cual menearse obligando, si hace falta, a los alumnos a seguirlo a lo largo del aula. A veces pasar el power point obliga a guardar cobijo junto al ordenador y la pantalla o, si es pizarra digital a su sombra. A menudo pido ayuda a maestras o alumnas para este trabajo mecánico o un mando a distancia pero evito esclavizarme en un solo punto clavando allí mi bandera. Del mismo modo si paso en “streaming” la conversación busco algún colaborador con mi teléfono móvil en mano (o en trípode de sobremesa)

2. Conciencia escénica implica también “actuación”. Admiro al escritor catalán Jaume Copons cuando se atavía con una túnica y se convierte en un maestro Jedi (o quizás monje benedictino) presentando su “Sant Jordi de las Galaxias” o cuando la glamurosa Núria Pradas imita a Tía Adela de viajes por el mundo (especialmente en el público más infantil) Y entramos en la clave de vuelta de este modesto decálogo: toda animación lectora necesita ser interpretada en clave teatral (con hábitos o sin) pero con conciencia llena de que, aquella hora, hora y media de foro tiene que hacer todavía más memorable el libro y el autor y evidenciar que la literatura debe ser, antes de que nada, amena, sea comedia o drama el tema que nos ocupa. De aquí el titular que no querría que nadie juzgara como invitación frívola y sí como mesa de debate. Un creador debería encomendar, entusiasmar, animar la audiencia. Eso sí es hacer lectores animados y fieles donde continente y contenido empuñan, tal vez, la misma arma. Si, como es sabido “enseñar es emocionar”, hablar de un libro es hacerlo revivir, servir a la literatura y a sus lectores, entronizarla a un lugar privilegiado del cual ha sido desterrada, convertirla en la vasija de emociones en el cual fue concebida.

3. “Actuación” implica “dominio de la voz” y de sus recursos. Para evitar aquello que se conoce como “rollo” uno tiene que guarnecer su expresión verbal de cambios de tono –levantar o subir la voz– practicar los silencios, imitar otras voces, encarnar personajes o, especialmente en la novela realista, denunciar los hechos que nos ocupan con la rabia y el tono correspondiente. Me gusta literalmente dejar “clavados” los niños a sus asientos, pasando de la reflexión al grito, subrayar las palabras de valor con largos silencios mientras añado la comunicación verbal. Reconozco que los niños agradecen mucho más esta actuación que los jóvenes que, a menudo, parecen perdidos de planeta a quién nada ni nadie conmueve. Esta actuación y dominio de la voz acaban convirtiéndose en una estructura secreta que se repite en cada foro cuando se trata del mismo libro: uno descubre que repite las mismas palabras en el mismo orden y la misma escalera de entonaciones y que, ante un feedback poderoso, refuerza y modifica aquellas partes para una repercusión retórica más grande. Sí, hemos pasado de la exposición a la persuasión. Tal vez, de la indiferencia a dejarles boquiabiertos. ¿Acaso los Hermanos Marx no probaban sus gags en el teatro para incorporar después a los films? Del mismo modo uno prueba y prueba la manera de decir hasta encontrar la manera más adecuada para cada público lector. Y “remata” el “trabajo” con una estocada expresiva.

(continuará en breve)

Foto: (cedida) Fòrum a l’Escola Mare de Déu de l’Acadèmia a Lleida

ET PUC ABRAÇAR?

Ahir enllestia aquesta crònica de la meva visita a l’escola Ull de Vent de la Bisbal del Penedès escrita pel blog de la Institució de les Lletres Catalanes i m’he llevat amb la mort del Carles Capdevila. Aquest article ja era de per si, un article trist però encara ho és més. I m’he obligat a reescriure’l quan un escriptor dels bons ens deixa.

Però aquesta és l’última crònica trista, Carles, t’ho prometo: no anava amb tu i als escriptors no ens agrada pidolar. Però sí faig meu el Cesare Pavese que va suicidar-se als quaranta pocs anys quan sostenia que “la literatura ha de constituir una defensa contra les ofenses de la vida”. I aquesta frase l’he fet meva en incomptables ocasions.

-Et puc abraçar? -em va preguntar aquell noiet que no tenia ni deu anys. Era a l’escola en un dels molts fòrums per escoles i instituts on els meus llibres són recomanats: en aquest cas el llibre premiat amb el Folch i Torres de novel·la l’any 2011.

La pregunta arribava en un moment en que em queien les preguntes tan pesadament que estava estabornit. Un es sorprèn de com de “bonica i dolça” pot ser la vida d’un escriptor: només cal llegir els blogs de la institució (http://www.lletrescatalanes.cat/ca/lletres-2-0/el-blog-de-la-institucio) on els escriptors parlen de les seves visites a les escoles convidats, amb generositat, per la Institució de les Lletres Catalanes per adonar-se’n que el nostre món és bonic i radiant com el LA LA LAND.  I de vegades un diria que arribem a les escoles ballant (el verset és fet a mida).

Però d’ençà de la socialització, quan les escoles compren llibres per a la biblioteca perquè “allò” fa progre i es creuen que segueixen les darreres tendències en educació sense saber que condemnen escriptors i editorials a la misèria i posen termini a la creativitat literària, d’ençà que les tecnologies governen les mans i les ments dels joves lectors, d’ençà que es tanquen llibreries, d’ençà que els autors nous apareixen en comptagotes (o potser amb sèrum intravenós adjunt), d’ençà que llegir només és una obligació a les escoles i s’està perdent el plaer de fer-ho, d’ençà que…. els escriptors de literatura infantil i juvenil, els invisibles, els no volguts (quan escriuràs una novel·la per a adults que ja és hora de que et facis gran, home!) no estem, precisament, ballant de contents.

Són dies rúfols, foscos, tancats i en venen de pitjors. I és urgent un debat entre agents culturals, periodistes culturals que (sembla) no han tingut infantesa i ens obliden i escriptors i il·lustradors per intentar millorar un futur que se’ns escapa de les mans.

Quants no hem pensat en deixar d’escriure? Però ho necessitem de tal manera que, sovint, taponem les orelles a la nostra pròpia veu de la consciencia. Sense escriure no som res.

D’aquí que, quan de sobte, un infant lector, possiblement innocent i sense mòbil et demana una abraçada, totes les preguntes es polvoritzen a l’instant i on hi havia carbasses apareixen carrosses que et duran al Palau del Somnis. I et fa la pregunta i dius que “sí” i altres se t’enganxen i aviat ets com un ramell de raïm generós i et dius a tu mateix que mai no deixaràs d’escriure mentre un sol infant et digui que li ha agradat el teu “Llibre d’encanteris de la vella Taràndula” on un infant aprèn a fer màgia de la bona.

I els abraces i no vols cap altre sol…

Ens hauríem d’abraçar tots més sovint. A mi sempre em va faltar una abraçada al Carles Sabater a qui sempre, amic, enyoro. I ara m’ha faltat una altra al Carles Capdevila…

Gràcies als alumnes de l’escola Ull de vent per ensenyar-me, encara, quines són les coses importants de la vida.

A partir d’ara robaré les abraçades que vulgui. Aviso!

Abracem-nos tots ben fort, si us plau!

 

Fotografia cedida per Raquel Jiménez a l’escola Ull de Vent de la Bisbal del Penedés