JORDI FOLCK ENTRA EN ACCIÓN (2) o LA ANIMACIÓN LECTORA

Continua desde el artículo anterior donde desplegaba un método propio para incentivar la lectura. O cómo el escritor debería convertirse en actor y el lector adolescente en público fiel.

4.La comunicación no verbal –o el gesto- es otro de los canales que el creador-promotor tiene que dominar conjuntamente con el habla, la mirada, el gesto (e incluso la indumentaria). Se trata de divertirse un mismo en el foro, y de divertir/animar a los demás generando un contagio anímico, una confianza que el lector agradece. Se trata que descubra, a mi manera de ver, una persona disciplinada, que trabaja en/ y con la inspiración y que sabe comunicar, que pasea la mirada por todos y cada uno de los niños, que invita a leer como uno de los juegos más animados al alcance de todo el mundo y que apuntala con un gesto enérgico sus manifestaciones. Cuando hablo de “La dona vestida de negre” que trata de las obsesiones amorosas y de sus peligros, de las parejas que acaban sus relaciones a golpe de whatsapp me convierto en una enamorada pánfila que espera los mensajes de su enamorado cómo si perdiera la vida en ello mientras observo el móvil como si fuera la última salvación de la humanidad entera a la vez que despierto la hilaridad más dichosa. Cuando hablo de “Nadie es un zombi” que trata sobre la intolerancia en la escuela pido a los alumnos que cuenten cuántos puntos “zombis” los alejan de su humanidad haciendo el gesto de abandonar el aula si hay peligro de contar con algún zombie enganchado al televisor y a las pantallas o que no lee bastante o que hace de los siete pecados capitales una manera de vivir. Cuando les hablo del “Manuscrito de las bestias”, novela de terror, bajo la voz para atraerlos a una pesadilla…mientras lanzo una mirada al vacío como quien observa una aparición fantasmal, a la vez que los jóvenes lectores giran la cabeza atemorizados…Divertimento, entusiasmo, entrega, pasión, arrebatamiento que hacen de la lectura una experiencia para todos los sentidos. “La vida es un escenario” escribió Shakespeare y también en el aula de una escuela.

5. El escritor es el canal, donde las letras cobran cuerpo, una parabólica, el punto para mover el mundo, para sacudir conciencias en formación. Y sea con el apoyo visual de un power point que secunda el discurso, sea con la fuerza de la palabra hace falta que el escritor se transforme en un gran contador de historias. Aquello que escribía el psiquiatra Eric Berne… “si un cuento es el hueso, contarlo es la carne, la parte más jugosa para clavar un buen mordisco. Toda narración tiene cercanías, es decir el conjunto de temas sugeridos por cada historia que se comparten con el lector, a quien se pide apoyo, que haga palanca, que acabe haciendo suyas las obsesiones del escritor. Se le abren nuevos mundos, se le ayuda a descubrir que bajo el mantel hay un submarino (con permiso del gran Joan Barril) y que, llevado por la emoción vuelva al libro, que lo continúe (si lo abandonó) o que lo termine si no lo ha hecho. Es, insisto, el contagio anímico del escritor feliz que “vende” su historia y que atrapa lectores, que hace revivir las letras con su vehemencia. En una palabra, la vigilancia y la atención del estilo propio como un sello identificador. Cada cual a su manera. Un foro como una actuación/animación, un “bolo” teatral que hace público/lectores. Una voz literaria que se desdobla con una voz pública y notoria. Un foro escolar no es la presentación amodorrada, tediosa, fastidiada de un libro sino una apuesta firme, decidida y esforzada para ganar lectores fieles.

6. Termino: hay que conseguir un lector agradecido que apueste por nuevas lecturas más allá de las obligatorias. Hay que intentar un principio de amistad a través de las redes sociales, que en cierto modo el lector pueda tener acceso al escritor –punto conflictivo y debatido en cantidad suficiente- y vea su proximidad aunque sea sólo por el intercambio de un saludo o un agradecimiento o una recomendación. Firmar los libros, al terminar el foro, agradecer públicamente las actividades de lectura, los trabajos manuales, aceptar fotografiarse con los alumnos (cada cual con su modestia) transforma la presentación de un libro en un acontecimiento escolar/social. En aquellas ocasiones en que, al abandonar la escuela, algunos padres me han pedido una fotografía con sus hijos descubro un gran arrobamiento mutuo, un trato especial cuando el escritor de literatura infantil y juvenil, tan olvidado, consigue un estatus de estrella, estrella, pero, cercana, amable, cordial, aquel a quien invitarías a cenar cuando el libro y el autor se han convertido en un asunto de familia. Acostumbro a obsequiar puntos de libros propios, gafas folckfantásticas y materiales complementarios que completan la experiencia.

Y 7. Cuál es el precio de un foro? Pasárselo bien –unos y otros – no tiene precio, como no tiene precio dejar huella en el alma de un lector. Cuando la actuación es terminada llegan las firmas: hay mucha discusión al respeto. No acostumbro a visitar escuelas donde socializan los libros. A veces la escuela no ha compartido toda la información y me encuentro que pertenecen a la biblioteca escolar. Los libros son piezas fundamentales de la biblioteca del niño y aquel es su lugar al cual el niño volverá, tarde o temprano. Nunca firmo “papeles” si el libro es socializado. Cuando el libro pertenece al niño creo que es bueno hacer una buena dedicatoria en los libros o en las cuartillas que, aquellos que han olvidado el libro, te ofrecen con cierta culpabilidad. Y la dedicatoria que incluye el nombre del niño, unas palabras y la firma convierte aquel libro en un libro especial que será exhibido como un triunfo ante los padres. Por lo tanto creo que no hay que tener prisa al cumplir con el rito de las dedicatorias y las firmas. Yo intento una caligrafía gótica en los libros de terror; una letra pequeña y redonda en los de humor. También, en una hoja en blanco hay espacio por el arte. Y así, pienso que aquel libro se ha transformado en un libro único y especial, la obra literaria embellecida que, me gustaría pensar, guardarán con especial predilección.

En el fondo asumo el papel de publicitario: observar el mercado y (feedback incluido) y hacer el producto a medida variando si hace falta a partir de la recepción y de los “imputs” recibidos por el público objetivo: los lectores.

Pido excusas si el lector considera mi artículo solo la defensa de una exageración. Insisto. En quince años y más de 400 conferencias ante niños he podido identificar un “máximo común denominador “.

Mío y, si quiere probarlo, también suyo.

 

Fotografia (cedida) Alumnes lectors del Parc del Saladar a  Alcarràs, a Lleida

LOS JÓVENES NO NECESITAN LIBROS Y SÍ CREATIVIDAD (y ya los libros vendrán después)

Como la comunidad educativa está siempre de acuerdo con mis crónicas y todos los escritores se fueron ya de vacaciones (olvidando su espíritu crítico) voy a intentar, en una pura provocación, llamarles la atención para que, los unos y los otros, se sumen a un debate enriquecedor.
Esta crónica sigue, persigue o continua la anterior y añade más leño al fuego (crematorio) en el tándem tecnologías-jóvenes en un pentagrama de canciones que no suenan como deberían al que añadimos otro tándem rezagado que es ¡libros-educación! (lo que resulta una especie de abracadabra inverso donde se cierran todas las cuevas del saber).
En resumen, lo dicho: los jóvenes hiperconectados, especialmente entre los 11 y los 18 les dan la espalda a los libros.
Copio y pego del anterior post:

En conclusión, se trata de que la lectura sea un acto voluntario (más allá de las prescripciones educativas y de la lista de lecturas obligatorias) de disfrute y enriquecimiento consciente y que un libro lleve a otro.
¿Cómo aumentar el disfrute, sus emociones, su intensidad lectora, como animar a devorar libros sin que ello obstaculice su acceso a las tecnologías conviviendo ambas en una relación mucho más armónica? Cambiando su cerebro. Necesitando leer para disfrute y para beneficio personal.
La CLAVE: CREATIVIDAD PARA UN CEREBRO CREATIVO FELIZMENTE ANIMADO

Definiré en 7 puntos el por qué la lectura es un campo de batalla profesor-alumno donde gana el primero pero sin que el propio lector se haya presentado a la batalla o sin que aparezcan los cuerpos después del combate: simplemente porqué, insisto, ellos no estaban allí.
1. A algunos docentes no les importa matar lectores: debe ser uno muy cerrado o muy académico (que en ocasiones son sinónimos) para recomendar la lectura, en el mismo curso de “La regenta” de Clarín” y Don Quijote de la Mancha”. Pese a eso, mi hijo Aleix con 15 años sobrevivió a la afrenta y hoy es un destacado lector.
2. Si expulsáramos las lecturas obligatorias pocos leerían. Me atrevo a augurar que apenas un 10%. Tomen como fuente fiable mis experiencias en el aula con más de 400 visitas a escuelas donde mis libros son lectura obligatoria y mis charlas con el profesorado sobre lectura. Las prescripciones son necesarias porque de lo contrario no quedaría nadie al otro lado. Pero…
3. Muchos docentes realizan controles de lectura o exámenes sobre los libros lo que convierte a la aventura de leer en una caza despiadada, al libro en un libro de texto más, en una obligación escolar de la que deberá rendir cuentas. No tengo respuestas a cómo el profesorado debería acometer esa hazaña de “saber” que se ha leído. Les puedo adelantar una pequeña pista: a menudo frente a mis colas de estudiantes que piden su dedicatoria y su firma es algo que percibo de manera inmediata: basta con palpar el libro como lo haría un ciego para descubrir si ésta ha sido usado o no: en los no leídos el corte de la guillotina se mantiene intacto, la caja/tripa del libro sigue siendo la misma, sus hojas no han sido curvadas y huele a tinta encarcelada. No será un método científico pero a mí me empuja a ofrecer a los no lectores una mejor sonrisa e incluso una mejor dedicatoria a la espera de que me complazcan, lo abran, lo lean, lo adelanten o lo terminen. Pero habría que habilitar otras formas que el examen para descubrir a los lectores y a los mentirosos.
4. La diferencia entre los fórums escolares (o animaciones lectoras) entre alumnos de 8 a 11 años y los de “a partir de…” es que los escritores no acostumbramos a existir a pesar de que ocupemos la proa del aula: los más pequeños celebran como una fiesta tu llegada, comparten preguntas, se muestran más sorprendidos, divertidos; los mayores nunca preguntan, escuchan pero se diría que están en alguna otra parte. Quizás, ya adolescentes, son más comedidos en sus afirmaciones y quizás no esté de moda reírle las gracias a un escritor. O sencillamente, no les interesa (y eso que algunos de mis libros son de terror y asesinatos:).
5. La atención y la concentración que un libro reclama no funciona frente al orden tecnológico actual y al unísono: whats, redes sociales y sus múltiples likes, conversación familiar o algo parecido, ver televisión y quizás, también, almorzar o cenar. Es de lo que trata el ya célebre libro de Nicholas G. Carr “Superficiales: Que está haciendo Internet hizo con nuestras mentes” (Taurus, 2015).
6. De ahí que las campañas publicitarias para incentivar la lectura no sirvan para nada: los que ya leen seguirán leyendo, los que no lo hacen seguirán ausentes. Y es que la publicidad no puede cambiar hábitos y de eso estamos hablando, de hábitos lectores. Insistiré en otro post, con mayor profundidad, sobre la incentivación.
7. Algunas escuelas en Catalunya malinterpretando un decreto del olvidable conseller Ernest Maragall (hermano del ex president) aceptaron como ayudas a la compra de materiales complementarios a los libros literarios y los socializaron, hermosa y envenenada palabra lo que supone un duro trago para escritores que ya no visitan las aulas porque los editores ya no pueden pagarles. Uno de los hermosos beneficios de la lectura obligatoria: conocer al autor, departir con él de su libro sigue siendo uno de los mayores beneficios para el lector ahora privado en parte de ese lujo por políticas de escaparate. Así la biblioteca personal perdía su batalla (otra) y la escuela ganaba volúmenes que pasan de año en año, de mano en mano, hasta morir como viejos trapos de cocina aquellos libros bellos. ¿A quién le apetece un libro así?

Dicho lo cual insisto hasta la saciedad que el libro obligado no funciona (quizás solo entre un 10% de alumnos) y que el libro será útil como una medicina, instrumento de ayuda, fuente de sensibilidad y revolucionario tecnológico cuando acudan a él porqué lo necesitan, porque ahí encontraran las claves para conocerse/encontrarse a sí mismos, para resolver sus problemas ( Bruno Bettenheim tenía razón) como caudal de diversión interminable, regalo-promoción de buen vocabulario y palabras mejores ( los buenos lectores ligan más y mejor) y carta blanca para la mejor imaginación del reino. Porqué los libros, en suma, aumentan la creatividad y el goce de vivir.

Quizás llegó el momento de contar qué es creatividad y por qué es tan necesaria para todos. Pero como temo cansarles aplaco aquí mi cólera y les pido que continúen leyendo, el próximo día.

Gracias

Fotografía propia: alumnos de l’Escola Marià Manent de Premià de Dalt