LOS JÓVENES NO NECESITAN LIBROS Y SÍ CREATIVIDAD (y ya los libros vendrán después)

Como la comunidad educativa está siempre de acuerdo con mis crónicas y todos los escritores se fueron ya de vacaciones (olvidando su espíritu crítico) voy a intentar, en una pura provocación, llamarles la atención para que, los unos y los otros, se sumen a un debate enriquecedor.
Esta crónica sigue, persigue o continua la anterior y añade más leño al fuego (crematorio) en el tándem tecnologías-jóvenes en un pentagrama de canciones que no suenan como deberían al que añadimos otro tándem rezagado que es ¡libros-educación! (lo que resulta una especie de abracadabra inverso donde se cierran todas las cuevas del saber).
En resumen, lo dicho: los jóvenes hiperconectados, especialmente entre los 11 y los 18 les dan la espalda a los libros.
Copio y pego del anterior post:

En conclusión, se trata de que la lectura sea un acto voluntario (más allá de las prescripciones educativas y de la lista de lecturas obligatorias) de disfrute y enriquecimiento consciente y que un libro lleve a otro.
¿Cómo aumentar el disfrute, sus emociones, su intensidad lectora, como animar a devorar libros sin que ello obstaculice su acceso a las tecnologías conviviendo ambas en una relación mucho más armónica? Cambiando su cerebro. Necesitando leer para disfrute y para beneficio personal.
La CLAVE: CREATIVIDAD PARA UN CEREBRO CREATIVO FELIZMENTE ANIMADO

Definiré en 7 puntos el por qué la lectura es un campo de batalla profesor-alumno donde gana el primero pero sin que el propio lector se haya presentado a la batalla o sin que aparezcan los cuerpos después del combate: simplemente porqué, insisto, ellos no estaban allí.
1. A algunos docentes no les importa matar lectores: debe ser uno muy cerrado o muy académico (que en ocasiones son sinónimos) para recomendar la lectura, en el mismo curso de “La regenta” de Clarín” y Don Quijote de la Mancha”. Pese a eso, mi hijo Aleix con 15 años sobrevivió a la afrenta y hoy es un destacado lector.
2. Si expulsáramos las lecturas obligatorias pocos leerían. Me atrevo a augurar que apenas un 10%. Tomen como fuente fiable mis experiencias en el aula con más de 400 visitas a escuelas donde mis libros son lectura obligatoria y mis charlas con el profesorado sobre lectura. Las prescripciones son necesarias porque de lo contrario no quedaría nadie al otro lado. Pero…
3. Muchos docentes realizan controles de lectura o exámenes sobre los libros lo que convierte a la aventura de leer en una caza despiadada, al libro en un libro de texto más, en una obligación escolar de la que deberá rendir cuentas. No tengo respuestas a cómo el profesorado debería acometer esa hazaña de “saber” que se ha leído. Les puedo adelantar una pequeña pista: a menudo frente a mis colas de estudiantes que piden su dedicatoria y su firma es algo que percibo de manera inmediata: basta con palpar el libro como lo haría un ciego para descubrir si ésta ha sido usado o no: en los no leídos el corte de la guillotina se mantiene intacto, la caja/tripa del libro sigue siendo la misma, sus hojas no han sido curvadas y huele a tinta encarcelada. No será un método científico pero a mí me empuja a ofrecer a los no lectores una mejor sonrisa e incluso una mejor dedicatoria a la espera de que me complazcan, lo abran, lo lean, lo adelanten o lo terminen. Pero habría que habilitar otras formas que el examen para descubrir a los lectores y a los mentirosos.
4. La diferencia entre los fórums escolares (o animaciones lectoras) entre alumnos de 8 a 11 años y los de “a partir de…” es que los escritores no acostumbramos a existir a pesar de que ocupemos la proa del aula: los más pequeños celebran como una fiesta tu llegada, comparten preguntas, se muestran más sorprendidos, divertidos; los mayores nunca preguntan, escuchan pero se diría que están en alguna otra parte. Quizás, ya adolescentes, son más comedidos en sus afirmaciones y quizás no esté de moda reírle las gracias a un escritor. O sencillamente, no les interesa (y eso que algunos de mis libros son de terror y asesinatos:).
5. La atención y la concentración que un libro reclama no funciona frente al orden tecnológico actual y al unísono: whats, redes sociales y sus múltiples likes, conversación familiar o algo parecido, ver televisión y quizás, también, almorzar o cenar. Es de lo que trata el ya célebre libro de Nicholas G. Carr “Superficiales: Que está haciendo Internet hizo con nuestras mentes” (Taurus, 2015).
6. De ahí que las campañas publicitarias para incentivar la lectura no sirvan para nada: los que ya leen seguirán leyendo, los que no lo hacen seguirán ausentes. Y es que la publicidad no puede cambiar hábitos y de eso estamos hablando, de hábitos lectores. Insistiré en otro post, con mayor profundidad, sobre la incentivación.
7. Algunas escuelas en Catalunya malinterpretando un decreto del olvidable conseller Ernest Maragall (hermano del ex president) aceptaron como ayudas a la compra de materiales complementarios a los libros literarios y los socializaron, hermosa y envenenada palabra lo que supone un duro trago para escritores que ya no visitan las aulas porque los editores ya no pueden pagarles. Uno de los hermosos beneficios de la lectura obligatoria: conocer al autor, departir con él de su libro sigue siendo uno de los mayores beneficios para el lector ahora privado en parte de ese lujo por políticas de escaparate. Así la biblioteca personal perdía su batalla (otra) y la escuela ganaba volúmenes que pasan de año en año, de mano en mano, hasta morir como viejos trapos de cocina aquellos libros bellos. ¿A quién le apetece un libro así?

Dicho lo cual insisto hasta la saciedad que el libro obligado no funciona (quizás solo entre un 10% de alumnos) y que el libro será útil como una medicina, instrumento de ayuda, fuente de sensibilidad y revolucionario tecnológico cuando acudan a él porqué lo necesitan, porque ahí encontraran las claves para conocerse/encontrarse a sí mismos, para resolver sus problemas ( Bruno Bettenheim tenía razón) como caudal de diversión interminable, regalo-promoción de buen vocabulario y palabras mejores ( los buenos lectores ligan más y mejor) y carta blanca para la mejor imaginación del reino. Porqué los libros, en suma, aumentan la creatividad y el goce de vivir.

Quizás llegó el momento de contar qué es creatividad y por qué es tan necesaria para todos. Pero como temo cansarles aplaco aquí mi cólera y les pido que continúen leyendo, el próximo día.

Gracias

Fotografía propia: alumnos de l’Escola Marià Manent de Premià de Dalt

¿Acabarán las nuevas tecnologías con el hábito lector?

Para uno de mis libros imaginé un futuro distópico cuando el ser humano pueda vivir mil años ( lean y escuchen al autor de “La física de lo imposible” de Michio Kaku y verán que es posible). En ese futuro forzosamente iban a crearse clubes de suicidas para, por puro hastío, acabar con su vida.
De la misma manera creo que en ese futuro inmediato hiperconectados, cuando triunfe el internet de las cosas, cuando todo funcione por algoritmos nacerá una nueva clase social, la de los “desconectados” que den la espalda (quizás en parte) a la tecnología y regresen a un “new age” avatariano donde prevalezcan los encuentros, la conversación, el trato humano no interrumpido, y uno prefiera hacer las cosas por sí mismo como se hacía hasta bien entrado el siglo XX.
Uno ya cerró el teléfono móvil y descolgó el fijo, y perdonen ese ejemplo cuando está leyendo o escribiendo harto del coitus interruptus en que acababa convirtiéndose el ejercicio creativo.
Creo que no es preciso viajar hasta el siglo XXI para reconocer que los adultos, habitualmente seres inteligentes, son capaces de desconectar, hoy, de las nuevas tecnologías y que mañana, quizás por hastío vital, seguirán haciéndolo. O sea que podrán seguir leyendo en paz.
Pero de quienes no estoy tan seguro es de los adolescentes y de los jóvenes, especialmente en la franja de edad que nos sitúa entre los 11 y los 18 años (podría ser ampliada hasta los 30 y más) O mucho más: he visto señoras saliéndose del teatro porque debían atender una llamada, advertidas por el vibrador del teléfono, niñatas consentidas whatsapeando en plena proyección de “La Bella y La Bestia” o grupos de jóvenes silenciosos en animados tecleteos con sus móviles. Y de ellos, de sus consciencias e inteligencias en construcción no estoy tan seguro de su capacidad de desconectar.
Yo no puedo imaginarme leyendo “Las minas del Rey Salomón” de Ridder Haggard, pura aventura, atrapado por las penurias de Fantine en “Los Miserables” de Hugo, corriendo hasta la extenuación junto a “Pandora y el Congo” de Albert Sánchez Piñol o volando junto a Mermoz, Guillaumet y Saint Exupéry, ases de la aviación (y de la escritura) en “A Cielo abierto” de Antonio Iturbe entre los avisos y silbidos de muerte del maldito whatsup que me devuelve a la triste realidad y me aleja de esa ficción perturbadora.
Pero yo cumplí mis 55 años y sé lo que quiero para mí. De los “teenagers” o jóvenes distraídos yo ya no estoy tan seguro.
Me encuentro en Cambrils, hace pocos días a una amiga mía y me regala la sentencia que dará pie a esa crónica y a su reflexión, espero compartida.
“Cuando les regalo un libro a mis hijos, lo primero que hacen es observar el grueso del libro para saber cuánto tiempo va a robarles de sus maquinitas” (Ruth García, madre de niños de 9 y 11 años).

 
Ver a niños pequeños utilizando teléfonos móviles es algo absolutamente cotidiano, hasta el punto de que a los 10 años muchos ya tienen su propio smartphone. Según un estudio de la firma norteamericana Influence Central, la edad media a la que los niños estadounidenses obtienen su propio teléfono inteligente está en los 10,3 años.
Este resultado no dista demasiado de los datos de los que disponemos en España. Según el Instituto Nacional de Estadística, la disposición de un teléfono inteligente se incrementa significativamente a partir de los 10 años. En este caso, la mayoría de las criaturas obtiene su primer smartphone entre los 11 años (42,2%) y los 12 años (69,5%), pero un 29,7 % ya lo tienen con 10 años.
Socialmente se visualiza el paso de educación primaria a secundaria como el cambio de etapa vital donde [el móvil] se hace necesario, muchas veces buscando la seguridad de estar localizado para los padres”, afirma el antropólogo y experto en tecnología y familia Jordi Jubany. (La Vanguardia, 23/5/ 2016

Las tecnologías han llegado para quedarse y nada ni nadie las echará, aceptadas por el grueso de la sociedad como una herramienta fundamental de entretenimiento, esparcimiento y relaciones sociales. Con un acceso a internet el resultado de su uso es inmediato, la gratificación absoluta y adictiva para personas de todas las edades, especialmente para los niños y jóvenes que encuentran, así, un juguete 24 horas.
Si les ofrecen elegir entre un teléfono inteligente y un libro inteligente, no habrá ninguna duda en porcentajes que rondarían el 95% /y las estadísticas también se equivocan).
Se trata de convivir con ellas, nunca de hacerles frente: acaban siendo una segunda memoria del usuario, su agenda telefónica, su acceso a redes, GPS y, en última instancia, aplicación arriba, aplicación abajo, un teléfono.
El libro tiene las de perder, por muchos campañas publicitarias y promocionales que puedan emprenderse, por muchas iniciativas de apoyo a la lectura que puedan trascender, por muy grande que sea el entusiasmo de los autores en sus visitas escolares.
Ahora el amigo es el móvil y como decía la poeta Patricia Benito en su primer poemario: “hay gente que preferirá soltar tu mano antes de que se le caiga el móvil”
¿Hay pues que darse por vencidos?
Habría que determinar, en un análisis más profundo, cuáles son las razones para que la generación pantalla, en su mayoría, prefiera las tecnologías que la lectura atenta. De sus beneficios se ha hablado extensamente pero parece ser que estos beneficios, compartidos por los docentes, bibliotecarios, escritores, editores no son percibidos ni entendidos por los usuarios finales.
El uso y abuso de las nuevas tecnologías va a más lo que obliga a la comunidad educativa y la sociedad en general a recargar las baterías y a iniciar actividades de choque para hacer frente a un mañana difícil e incierto.

Tal como recoge TechCrunch alrededor del estudio de Influence Central, otra tendencia es el hecho de que cada vez es mayor el número de niños que acceden a internet desde su propia habitación y no desde un espacio compartido por la familia. En este caso se ha pasado de un 15% en 2012 a un 24% en la actualidad.
¿Significa esto que los padres se están relajando en cuanto al uso de la tecnología por parte de sus hijos? Para responder a esta pregunta Jubany recurre al último barómetro del CIS, en cual se constata que más del 85% de los encuestados estás bastante o muy de acuerdo en que los jóvenes tienen dependencia de las nuevas tecnologías y, al mismo tiempo, que esto es un problema para la educación en familia.
Es necesaria una educación para un uso consciente, responsable, saludable y crítico más allá del entretenimiento, la distracción y el espectáculo de la sociedad de consumo.  (Jordi Jubany, Antropólogo y experto en tecnología y familia  para La Vanguardia)

Se trata pues de sentar las bases de cambios educativos que logren que el libro y la lectura vuelva a ser un disfrute por encima de las tecnologías, tarea no imposible pero si difícil y que puede resolverse, a mi modo de ver, a medio plazo. En conclusión, se trata de que la lectura sea un acto voluntario (más allá de las prescripciones educativas y de la lista de lecturas obligatorias) de disfrute y enriquecimiento consciente y que un libro lleve a otro. Para ello podría objetarse que habría que cambiar el cerebro del adolescente y del joven. Y considerando la plasticidad del cerebro la respuesta es correcta.
¿Cómo modificar conducta y comportamientos, hábitos y preferencias del joven lector, especialmente de secundaria, quien abandona la lectura en masa al llegar los 13-14 años? ¿Cómo conseguir que el lector reciba más en leer de lo que cree recibir? ¿Cómo aumentar el disfrute, sus emociones, su intensidad lectora, como animar a devorar libros sin que ello obstaculice su acceso a las tecnologías conviviendo ambas en una relación mucho más armónica?
Cambiando su cerebro. Necesitando leer para disfrute y para beneficio personal.
Continuará…

“In fraganti” Fotografía propia. Casting. Barcelona, mayo 2017

ET PUC ABRAÇAR?

Ahir enllestia aquesta crònica de la meva visita a l’escola Ull de Vent de la Bisbal del Penedès escrita pel blog de la Institució de les Lletres Catalanes i m’he llevat amb la mort del Carles Capdevila. Aquest article ja era de per si, un article trist però encara ho és més. I m’he obligat a reescriure’l quan un escriptor dels bons ens deixa.

Però aquesta és l’última crònica trista, Carles, t’ho prometo: no anava amb tu i als escriptors no ens agrada pidolar. Però sí faig meu el Cesare Pavese que va suicidar-se als quaranta pocs anys quan sostenia que “la literatura ha de constituir una defensa contra les ofenses de la vida”. I aquesta frase l’he fet meva en incomptables ocasions.

-Et puc abraçar? -em va preguntar aquell noiet que no tenia ni deu anys. Era a l’escola en un dels molts fòrums per escoles i instituts on els meus llibres són recomanats: en aquest cas el llibre premiat amb el Folch i Torres de novel·la l’any 2011.

La pregunta arribava en un moment en que em queien les preguntes tan pesadament que estava estabornit. Un es sorprèn de com de “bonica i dolça” pot ser la vida d’un escriptor: només cal llegir els blogs de la institució (http://www.lletrescatalanes.cat/ca/lletres-2-0/el-blog-de-la-institucio) on els escriptors parlen de les seves visites a les escoles convidats, amb generositat, per la Institució de les Lletres Catalanes per adonar-se’n que el nostre món és bonic i radiant com el LA LA LAND.  I de vegades un diria que arribem a les escoles ballant (el verset és fet a mida).

Però d’ençà de la socialització, quan les escoles compren llibres per a la biblioteca perquè “allò” fa progre i es creuen que segueixen les darreres tendències en educació sense saber que condemnen escriptors i editorials a la misèria i posen termini a la creativitat literària, d’ençà que les tecnologies governen les mans i les ments dels joves lectors, d’ençà que es tanquen llibreries, d’ençà que els autors nous apareixen en comptagotes (o potser amb sèrum intravenós adjunt), d’ençà que llegir només és una obligació a les escoles i s’està perdent el plaer de fer-ho, d’ençà que…. els escriptors de literatura infantil i juvenil, els invisibles, els no volguts (quan escriuràs una novel·la per a adults que ja és hora de que et facis gran, home!) no estem, precisament, ballant de contents.

Són dies rúfols, foscos, tancats i en venen de pitjors. I és urgent un debat entre agents culturals, periodistes culturals que (sembla) no han tingut infantesa i ens obliden i escriptors i il·lustradors per intentar millorar un futur que se’ns escapa de les mans.

Quants no hem pensat en deixar d’escriure? Però ho necessitem de tal manera que, sovint, taponem les orelles a la nostra pròpia veu de la consciencia. Sense escriure no som res.

D’aquí que, quan de sobte, un infant lector, possiblement innocent i sense mòbil et demana una abraçada, totes les preguntes es polvoritzen a l’instant i on hi havia carbasses apareixen carrosses que et duran al Palau del Somnis. I et fa la pregunta i dius que “sí” i altres se t’enganxen i aviat ets com un ramell de raïm generós i et dius a tu mateix que mai no deixaràs d’escriure mentre un sol infant et digui que li ha agradat el teu “Llibre d’encanteris de la vella Taràndula” on un infant aprèn a fer màgia de la bona.

I els abraces i no vols cap altre sol…

Ens hauríem d’abraçar tots més sovint. A mi sempre em va faltar una abraçada al Carles Sabater a qui sempre, amic, enyoro. I ara m’ha faltat una altra al Carles Capdevila…

Gràcies als alumnes de l’escola Ull de vent per ensenyar-me, encara, quines són les coses importants de la vida.

A partir d’ara robaré les abraçades que vulgui. Aviso!

Abracem-nos tots ben fort, si us plau!

 

Fotografia cedida per Raquel Jiménez a l’escola Ull de Vent de la Bisbal del Penedés

Carles Capdevila… Carles Sabater, Carles…

Avui han tallat un arbre, que estava malalt, a Provença- Urgell, a Barcelona sota l’ombra del qual va morir la Muriel Casals. I no deixa de ser una faula, una paràbola terrible de la mort del Carles Capdevila , inesperada (un sempre acaba pensant que se’n sortirà) pencaire, bona persona, intel·ligent. I fa pensar que tres periodistes (Ignasi Pujol i Tatiana Sisquella) de la mateixa redacció de l’Ara hagin mort tan joves. I és que el ritme de treball als diaris és terrorífic amb sessions de dotze o catorze hores. Diuen que el càncer està lligat a l’estrès amb que vivim. Ja no sé què pensar. Cauen els grans fent una feina important en periodisme de qualitat i moren llibreries -la cultura a qui importa? mentre els joves s’entossudeixen a tafanejar notícies falses per no dir idiotes als seus mòbils que provoquen una rialla estèril, de mentida.. i un es pregunta després de tanta feina …morir per a què? per a qui?

Quan un arriba a certa edat comença a pensar que allò important ja no és viure sinó sobreviure i que aquesta mala dona que no respecta ningú pot passar per casa teva en qualsevol moment.  Ho deia aquest matí el Jordi Basté: als que hem passat dels 50 les bombes ens cauen cada cop més a prop. Aquesta és molt sorollosa, fa molt mal.

Vaig pensar què era el viure i el morir a la mort del Carles Sabater, company meu de l’institut del teatre, company nostre de vida. Una mort mai no s’anuncia. Arriba per la porta gran (no la volem ni per la porta de servei) i s’endú allò que més estimem… un cantant o un fill de fuster. I sembla que la vida s’atura -ha de fer-ho per força- però en sortir al carrer veig el mateix riu de cotxes que es precipita Urgell amunt cadascú en les seves cabòries i les seves banalitats sense preguntar-se si demà farà el mateix recorregut.
Escric això sense estar previst, sense saber on vaig, sense saber què vull dir. Només que aquella profunda tristesa que t’arriba comença a ésser una campanya massa habitual.
No fa masses dies moria el Josep Albert Simó, company de La Salle de 54 anys. I et preguntes a qui tocarà demà? I recordes aquella terrible prosa d’Ernest Hemingway… aquell vers de John Donne (1572-1631)…”No preguntes por quién doblan las campanas. Doblan por ti.
Al complet…
¿Quién no echa una mirada al sol cuando atardece?
¿Quién quita sus ojos del cometa cuando estalla?
¿Quién no presta oídos a una campana cuando por algún hecho tañe?
¿Quién puede desoír esa campana cuya música lo traslada fuera de este mundo?
Ningún hombre es una isla entera por sí mismo.
Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo.
Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia.
Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.

Sigueu feliços Carles, sigues feliç humanitat que, tard o d’hora, cauràs a l’abisme.

Escrius en català? Sempre seràs un mort de gana!

De l’àvia Teresa, molt avançada al seu temps, en recordo algunes perles, pensaments  que, el pas del temps, va col·locant al seu lloc. Una d’elles, molt agosarada era advertir que “si una parella no funciona al llit no funcionarà a la vida”. L’altra, la sentència que obre aquest article. Si bé del primer tothom pot observar la seva pròpia experiència de la segona correspon als escriptors donar-ne raó.

I posats a teixir dites, frases, advertiments o descobertes m’atreveixo a fer-ne algunes sempre des de la pròpia experiència i la d’altres que em demanen privacitat. Ja que som “invisibles” ( bon titular de l’Eva Piquer), siguem-ho del tot; guardem noms i fonts.

  1. Molts escriptors catalans, de no tenir/patir feines paral·leles o de no ser per l’ajut de les seves famílies no podrien pagar ni el seu enterrament.
  2. Molts escriptors catalans no arriben a mileuristes. Tenint en compte que cada autor percep de drets d’autor d’un 8%  a  un 10% i que es considera un èxit vendre 1000 exemplars en català, si el cost/exemplar fossin 20 euros en treuria 2000 euros (bruts). Resulta impossible publicar un  llibre cada mes o, fins i tot, cada any. Els autors de literatura infantil i juvenil ho tenim millor quan els nostres llibres són recomanats a les escoles. Guanyem, a l’any, amb molta sort en torn dels 3/4000 euros en vendes. ( significa vendre 3-4000 exemplars  en llibres que mai no superen els deu de venda). Si hi sumem els fòrums de les editorials (Barcanova paga 60 euros/xerrada a Barcelona i àrea metropolitana, 90-120 fora ciutat;  La Galera, 120 arreu )  i els fòrums de la Institució de les lletres catalanes (250 euros/fòrum) amb molta sort  i molts llibres publicats un escriptor pot endur-se entre 3.000 i 4000 euros que, sumats als anteriors, resulta entre els sis i els vuit mil euros, o  sigui un màxim de 666 euros mensuals.  Fa por, oi? No toca parlar de les tarifes del dentista, del planxista d’automòbils o dels lloguers de la vivenda per reconèixer que millor que no estem mai malalts i millor que no tinguem descendència per estalviar pagaments  en educació, sanitat i lleure. Segons l’estudi de l’AELC  (abril 2015) Escriure en català: estat de la professionalització. Els efectes de la crisi econòmica sobre el col·lectiu d’escriptors els ingressos d’escriptura per un autor suposen menys del 20% del total facturat anualment.
  3. Els “escriptors” que sí guanyen diners són aquells que apareixen sovint per televisió, en premsa o en mitjans. S’anomenen “mediàtics” perquè venen la seva imatge de marca als massmedia on el llibre (escrit per ells o no) en seria un producte de màrqueting  més i on la qualitat no sempre està a l’alçada de la marca. Un premi pot donar també visibilitat. Quan es produeixen ambdues circumstàncies un escriptor té la seva vida salvada per un o dos anys. La darrera novel·la de Xavier Bosch porta unes vendes aproximades (maig 2017) de 30.000 exemplars gràcies a una enorme campanya de promoció del Grup Planeta, la qual cosa fa que encapçali el rànquing de vendes el darrer Sant Jordi, per damunt  d’un sempre insuperable Jaume Cabré. En literatura infantil guanyar aquesta xifra suposa, en temps actuals, una feina d’anys.
  4. Els temps han canviat. Recupero un article del diari “Avui”. “Best sellers per a joves (20/12/94) on Andreu Sotorra esmentava els 200.000/500.000 exemplars venuts de El zoo d’en Pitus, La casa sota la sorra o L’ocell de foc o els 100.000-150.000 de “La colla dels deu, Viatge al país dels Llacets o Hem nedat a l’estany amb lluna plena. O els 75.000 de Pedra de Tartera, Rovelló o La Guia fantàstica.  Al segle XXI tal cosa ja no és possible. Es publica molt més. Som molts més escriptors, moltes més editorials i molt menys interès lector. Tenint en compte que aquesta reflexió només és la punta d’un iceberg a la deriva serà bo que bibliotecaris, estudiosos, docents i lectors diguin la seva amb aportacions que cal agrair per remoure un debat inexistent. Molts escriptors només de veure el seu llibre als aparadors ja en tenen prou per capficar-se en res més la qual cosa ens converteix, de no obrir la boca en persones cautes, prudents i covardes.  Potser som aquells “intel·lectuals buits de poder i ofegats en la nostra pròpia complaença” que escriu el croata Srecko Horvat.
  5. Els plans d’animació lectora miren cap a una altra banda i no tenen en compte l’impacte brutal de les noves tecnologies. La mare de dos infants de 9 i 11 anys em deia recentment: quan obsequio un llibre als meus fills, allò primer que fan és guaitar el gruix del llibre per saber el temps que els prendrà de “les maquinetes”. Els índex de lectura davallen, com davallen les vendes amb devolucions a les editorials que van entre el 50 i el 60% de la producció de cada llibre (dades del Gremi d’Editors en llengua catalana) resultat del canvis d’hàbits lectors, del tancament de llibreries, de la temuda socialització dels llibres a les escoles, del miserable pressupost de cultura de la Generalitat de Catalunya que concedeix només un milió d’euros  per fomentar activitats dels escriptors i del poc apreci a la cultura que els mitjans generalistes (molt especialment Tv3 i Catalunya Ràdio)  demostren en una programació on l’esport és el rei. Que la cultura pot ser divertida és quelcom que els responsables de programació no han descobert en la seva incapacitat per fer-la suggerent i necessària. Fa pocs dies  que Catalunya Ràdio anunciava, cal suposar per problemes greus de consciència,  un nou programa de llibres, si no he llegit malament, dissabtes a mitjanit! (sobren comentaris).
  6. Del què caldria fer me n’ocuparé en un altre article que necessita espai i no esgotar la paciència del lector. Però que cal protegir als creadors, potenciar la seva activitat creativa, rendabilitzar-la,  visibilitzar-los, augmentar la seva presència pública (i als mitjans) , incentivar els ajuts a la creació (molt limitats) és una veritat gran com un temple (una altra frase feta) tan certa com que els escriptors catalans, bascs i gallecs, aquells que escrivim en llengües minoritàries som de segona classe (com s’expressava recentment Isabel Clara Simó, darrer Premi d’Honor de les Lletres Catalanes)  i necessitem ser incentivats i protegits per no ser uns morts de gana que han de buscar-se la vida en un país petit i insuficient on els jugadors de futbol són herois i els escriptors éssers prescindibles. Obrim el debat?

(Fotografia pròpia, Mon Llibre, Barcelona, 2009)