LA MUJER QUE CANTABA A LOS LIBROS: Roser Montañola

Antes de hablarles de Roser Montañola, la profesora que canta a los libros permítanme una breve introducción y/o justificación de este post: ya saben comó me preocupa que nuestros hijos, los adolescentes de los otros, los estudiantes de secundaria  y bachillerato que transitan entre los 14 y los 18 años lean poco o menos . Y que en las escuelas entre las lecturas obligatorias elijan los libros más delgados.

Ayer, sin ir más lejos, me desplacé a un instituto a Tarragona y como hablé más de la cuenta los alumnos tuvieron que esperar su dedicatoria a la hora del patio: una muchacha, a requerimiento del profesor, dijo que tenía mucha hambre y que prefería comer su bocadilo a tener mi firma. Esos instintos primarios de preferir un bocadillo en el estómago a una firma en un libro para toda la vida me trastocó. Y acabé pensando en que pronto los bocadillos se envolverán en papel de libro en vez de periódico , quizás porque tendrá más importancia alimentar al cuerpo que al alma. O por que nadie querrá a los libros…

Llevo tiempo admirando a una mujer extraordinaria. Se llama Roser Montañola y además de su afición por los musicales adora los libros y consigue que sus alumnos no solo lean sino que devoren libros, se impliquen en clubes de lectura… se muevan, como pocos. En la Escuela del Pilar en Premià de Mar (cerca de Barcelona)  socializan libros. Y aún así logra que los autores la visiten, como hacen también estrellas del musical como el gran Toni Viñals, al que tuve el placer de fotografiar hace ya algunos años en una de sus actuaciones.

Como ya éramos muchos los que andábamos pensando en cuál era su secreto para atraer y pegar lectores a los libros le escribí y ella muy amablemente me entregó un email que convierto, con su inclusión aquí, en categoría de pensamiento, en dogma (no de fe) y sí de ejercicio práctico.

Y ella dice/escribe:

“Me pediste que te cuente como animo a mis alumnos a leer.

1.Lo más importante, pienso, es  que como  a mí me gusta mucho, les hablo de libros de forma entusiasta… me sale así. Creo que eso se contagia. Un maestro al que no le gusta leer no podrá lograr jamás que los alumnos amen los libros. Les puede obligar a leer y punto final. Pero le faltará esa pasión que todo maestro debe tener y contener para emocionar a los demás.  Procuro hablarles de libros muy diferentes. Me parece que los maestros deberían tener un mínimo de cultura literaria, tanto de los clásicos como de la LIJ contemporánea.  Yo no soy ninguna experta pero me entusiasmo con facilidad. Pero si no conoces las obras literarias ¿cómo vas a recomendarlas?

2. Cómo contar historias, que a mí me funciona muy bien: veinte minutos a la semana, mientras se ejercitan en la asignatura de plástica. Algunas historias que les cuento/leo (hay que duran muchos días)  hay que suspenderlas en un momento emocionante (como Sherezade con su Sultán …): La Odisea, Scaramouche, Los miserables, El retrato de Dorian Gray, Hamlet, Drácula, El fantasma de la ópera, los cuentos de Grimm y de Andersen, Los tres mosqueteros, El gato negro, la Máscara de la Muerte Roja de Poe,  El Monte de las Ánimas de Adolfo Bécquer …Todos estos libros les  gustan muchísimo, se quedan encantados, y siempre se interesan por saber de donde he sacado estas historias. Ellos escuchan  concentrados en lo que hacen, en lo que escuchan , en lo que ven, en lo que tocan… casi con sus cinco sentidos. 

Sí, la lectura en voz alta, es la mejor medicina para hipnotizar al lector…

3. Libertad de elección de títulos. Durante el curso deben leer un mínimo de un libro cada mes, cuyos títulos  pueden elegir libremente. Muchos los toman prestados de la biblioteca del centro escolar que dirijo yo, funciona bien y tiene un buen fondo. Otros los traen de casa. Este lectura es “gratis”: no deben hacer ningún trabajo ni ninguna evaluación. La lectura por placer. Cada alumno tiene un registro de los libros que va leyendo. Si un libro no les gusta, lo cambian y ya está, no es necesario que lo terminen… En la clase no tenemos un tiempo fijado para leer, pero siempre llevan consigo los libros y aprovechamos muchos momentos para leer (por ejemplo, si han terminado un trabajo antes de que los compañeros lo hagan les permito abrir el libro y seguir con la lectura).

4. Trabajo en el aula. ¿he dicho “Trabajo”? Como lectura obligatoria, tenemos los tres libros seleccionados por el Premio Atrapallibres. Cuando todo el mundo los ha leído, hacemos un trabajo cooperativo. Formamos grupos y cada dos grupos trabajan uno de los libros. Observan diferentes aspectos (cada año varían, en función de la lectura concreta). Después cada grupo expone oralmente su trabajo al resto de la clase.

5. Salidas culturales. Por otra parte, los llevo cada año al teatro y les hablo mucho de teatro y también de cine. Me parece que todos estos aspectos culturales son importantes para hacer que se interesen por la lectura. Son vasos comunicantes. Logro lectores interesados en las artes a los que se le despierta la sensibilidad. Mis alumnos han visto, recientemente… Scaramouche, Mar i cel, Molt soroll per a no res, Renard o el llibre de les bèsties, Somni d’una nit d’estiu…

6.La biblioteca escolar y la de nuestra ciudad:  en Premià tenemos una buena biblioteca y una buena librería, y esto es fundamental. Me reencuentro  a veces a ex-alumnos, ya adultos, que me cuentan que son lectores, en parte, gracias a mí y eso es muy muy emocionante.  Entre la bibioteca que cuido, y la biblioteca municipal y la librería que nos cuidan a nosotros, tenemos la paz literaria asegurada..”

Como conozco bien a Roser desde hace muchos años, y la he visitado a menudo, por iniciativa propia, en su aula, puedo decirles que esta mujer musical les canta a los libros. Añade su experiencia, sus dotes innatas de comediante-actriz a la lectura…, la devuelve a la vida.

El Dr. Eric Berne dijo que si el libro era el hueso del animal que vamos a relamer, la forma de leer era la carne, lo más sustancioso, lo que mejor alimenta nuestro espíritu.

Montañola, sí, le canta a los libros, y los libros le cantan a los niños y asi felizmente hipnotizados crecen y se convierten en adultos lectores para quienes la escuela no fue un tormento sino un patio de lectura de entusiasmo convergente con sus propias pasiones, sus gustos y sus descubrimientos. La Montañola es un “munt” de montañola.

A Roser tendrían que ponerle una calle, allá en Premià o una biblioteca con su nombre o por lo menos una barca de pescador  por insuflar las velas de la aventura, de la magia, de lo desconocido de sus jovencísimos lectores, ya marinos, con ganas de largas travesías por el mar de los sargazos, por el monte de las ánimas o entre los muros fríos donde duerme la oscuridad que ellos devuelven a la luz.

Así sea.

Foto (cedida) Roser Montañola con el actor y cantante Toni Viñals en su aula, en mayo del 2018

EL INHUMANO QUE TIRABA LIBROS

Libros en la basura, libros desparramados en el suelo, quizás pronto pisoteados: el inhumano que tiraba libros, insensato, no sabía ni quiso saber nunca que Isak Dinesen (Karen Blixen) tenía una granja un África y que con este libro y sus cuentos de invierno podia curarle las heridas del alma. Que con Harris (El silencio de los corderos) hubiera escuchado los gritos del deshollinador y volver a los brazos de su familia agradeciendo afectos y paz. Que con Mossen Troncho  de Josep María Ballarín, fallecido hace solo dos años hubiera reído tras refrescar sus músculos y no solo los faciales, sino los del corazón y los repliegues del cerebro. Quizas ese ejemplar derrotado era solo uno de los 100.000 que vendió Club editor desde 1989 pero era un “Ballarín” al que lanzaron en una pirueta extraña y cayó mal. Que “El Mecanoscrit del segon origen” es nuestro bestseller catalán que han leído varias generaciones de jóvenes. Un futuro apolcalíptico que ya alguien adelanta lanzando libros a la basura. O que el exquisito Julián Marías, que triunfa en Alemania y en media Europa debería estar en las mejores bibliotecas (sí, eso es un anuncio)  y no hacer la calle como una vulgar ramera.

Que en “La Tempestad” de Prada, uno de los Premos Planetas más válidos habría conocido la belleza del lenguaje (A Prada se le pueden perdonar sus ideas fascistoides, pero no hay que perdonarle literariamente nada. ( Victor Moreno en “Fuera lugar: lo que hay que leer de críticos y escritores” no estaría para nada de acuerdo)

Y así uno podría seguir descubriendo títulos y volúmenes que mejor estarían en una biblioteca escolar que arrojados a los pies de un contenedor. Ni merecieron estar dentro,  como una cagada de perros o un cigarrillo. Sobraban. Se deshicieron de ellos con precipitación como si la policía de Fahrenheit 451 la novela de Ray Bradbury  filmada por Truffaut le o les estuviera persiguiendo.

Bastaba con una llamada a algún centro escolar próximo  o alguna biblioteca municipal  o incluso a Libros Solidarios, una organización sin ánimo de lucro  (les digo yo que con ánimo de lucro evidente)  los recoge y los pone a la venta en las librerías ambulantes de Plaça Catalunya o Hospital Clínic, de La Sagrera y otros puertos de paso.

A Libros Solidarios les dedicaré un post que ya auguro polémico pero de momento resolvamos esta reflexión: los libros no se tiran, ni se arrojan, ni se queman; se venden, se regalan, se prestan, se ceden, se recomiendan y se baila o incluso se hace el amor con ellos.

Los libros que alguien arrojó en Ronda Guinardó  con Sant Pau ( ¿qué diría el vecino insigne Juan Marsé?)  estaban nuevos, sin abrir y alguno conserva aún esa fragancia de tinta y papel que nos seduce y nos “pone” a tantos religiosos del papel.

Había tradición en algunas escuelas de secundaria de arrojar a la basura los libros de texto, allá en los 70. Otros decía de quemarlos (jamás vi una pira literario-funeraria) pero yo, que aún conservo los míos (o algunos de ellos, perdidos otros en traslados de residencias)  les aseguro que hojear alguno de ellos, subrayados, memorizados representa un hermoso viaje a la infancia y recuperar conocomientos que alli nacieron y murieron, en la devastación de un sistema educativo que, cuarenta años después, sigue sin cambios aparentes. Esos libros  escolares siguen siendo nuestro “Rosebud” más profundo, más hermoso y, posiblemente, al paso del tiempo, más triste.

Me apena ver libros caídos. No es la primera vez. En mi biblioteca encuentran un segundo hogar. Quizás habría que crear, en los tiempos que corren , un grupo de resistencia de salvadores de libros. Casas que se heredan, donde se oberva el patrimonio mobiliario pero donde los libros de la estantería son una molestia; libros regalados que no interesan y que se olvidan; espacios cada vez más pequeños donde no caben libros cuando el minimalismo detesta los libros… Quizás alguna asociación como “Escrivim” o l’Associació d’escriptors en llengua catalana deberían tomar armas en el asunto (que hermosa expresión en este caso) y …resolver…

Observo mi recién remodelada biblioteca y observo también los libros huérfanos a los acogí, a los que di pan y comida (intelectual) y pienso en los pobres de corazón y miserables de alma que arrojan libros.

Y entonces ya no me quedan palabras. Las que yo arrojaría contra ellos no merecen figurar aquí.

Llámenme romántico si quieren. Pero mis más de  7000 libros  de mis bibliotecas (3) son 7000 cartas de amor a la literatura. Y es que nadie debería vivir sin amor.