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	<title>Terror &#8211; LA VIDA ALEGRE DE JORDI FOLCK</title>
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	<description>Blog de creatividad, literatura y felicidad</description>
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	<title>Terror &#8211; LA VIDA ALEGRE DE JORDI FOLCK</title>
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		<title>LECTURA DE VERANO: LOCA POR TI</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jordi Folck]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 11 Aug 2022 16:22:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Creatividad]]></category>
		<category><![CDATA[amor y muerte]]></category>
		<category><![CDATA[Loca por ti 1]]></category>
		<category><![CDATA[Novela]]></category>
		<category><![CDATA[romance]]></category>
		<category><![CDATA[Terror]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>&#160; Cuando ya agosto avanza en el calendario con denuncias de calor, humedades y otros crímenes habituales me he propuesto compartir con los lectores de este blog mi libro BOIG PER TU traducido como LOCA POR TI como lectura de verano 2022.Es un trhiller de amor y muerte de larga extensión (500 páginas en papel) [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;</p>
<p><span style="color: #000000;">Cuando ya agosto avanza en el calendario con denuncias de calor, humedades y otros crímenes habituales me he propuesto compartir con los lectores de este blog mi libro BOIG PER TU traducido como LOCA POR TI como lectura de verano 2022.</span><br /><span style="color: #000000;">Es un trhiller de amor y muerte de larga extensión (500 páginas en papel) que el lector puede encontrar , de momento en Amazon en formato digita ( Boig per tu en papel en las lbrerías)</span><br /><span style="color: #000000;">Si alguien no resiste la tentación de adelantar páginas le recomiendo, por lo reducido del precio, que salte directamente al formato digital</span><br /><br /><span style="color: #000000;">Si resultara que la lectura de este libro les invita a cometer crímenes diversos o desapetencias excesivas o no fuera de su interés y bajasen las estadísticas de lectura o de visitas, no se preocupen: pediré disculpas y cambiaré de tema. </span></p>
<p><span style="color: #000000;">Empecemos. ¡Y gracias! QUE LO DISFRUTEN</span></p>
<p><strong><span style="color: #000000;">Introducción</span></strong></p>
<p><span style="color: #000000;">Los pabellones, gélidos, permanecían extrañamente silenciosos. Dos días antes, la nieve había cubierto las naves como si fuese un gran cinturón. El blanco estremecía a los enfermos: cerraban los ojos, chirriaban los dientes defendiéndose de quién sabe qué cavilaciones o amenazas. Aquel manto de nieve debía parecerles una enorme camisa de fuerza.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">A los enfermos del psiquiátrico, los edificios de Domènech i Montaner, preciados como emblema de una arquitectura mágica, casi misteriosa, se les aparecían aquella noche como una pesadilla, como alas en vuelo permanente, vidrieras manchadas de rosas y violetas.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Pasaban las seis de la madrugada de aquel trece de marzo cuando se oyó un grito que cortó la noche en dos. No era obra de un loco, siempre disonante, cacofónico, inestable, dolido. Era el chillido creciente de una mujer aterrada, al que siguió otro de menor intensidad y el ruido de pasos que corrían en la noche.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">En el pequeño teatro del centro, entre bambalinas, el cuerpo de una mujer colgaba de una cuerda sujeta a un pasante de madera, balanceándose como el péndulo de un viejo reloj desajustado que marca la hora equivocada. La sombra de la horca dibujaba un seis en el suelo por encima de una silla caída, un trozo de luna que pronto se fundiría en la nada.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Los gritos habían desvelado a aquellos que vivían fuera del tiempo y que, poco después, dormían como bebés, confiados en que su mundo no se había extinguido todavía.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<h1>0.    Carta encontrada en el bolsillo de la paciente después de su óbito.</h1>
<p>&nbsp;</p>
<p><em><span style="color: #000000;"><strong>Querido Carlos,</strong></span></em></p>
<p><em><span style="color: #000000;"><strong>Ya hace quince años que me dejaste. Si crees que el tiempo lo borra todo, estás equivocado. De la misma manera en que el prisionero marca en la pared de su celda los días de su cautiverio, tú te levantas de la tumba para arañar sobre mi piel tu ausencia. Las heridas sangran copiosamente. Tengo la cabeza, la mente, el cuerpo entero lleno de llagas incurables. Así que he decidido poner fin a mi vida. Aquí, en el Pere Mata de Reus, están prohibidos los objetos punzantes, cortantes; sí, incluso los bolígrafos. El mero hecho de escribirte esta última carta ha sido una odisea.</strong></span></em></p>
<p><em><span style="color: #000000;"><strong>Dicen que estoy loca, que estoy loca por ti. Pero ¿qué sabrán los médicos del amor cuando el amor no se encuentra ni en el corazón, ni en el hígado, ni en la médula, en el cerebro o en la epidermis? Si lo buscasen con sus instrumentos, con sus pantallas de rayos X, ¿lo podrían ver? No creo…Dicen que escribo cartas desde hace años a alguien que ya no está en este mundo. ¿Esa es la prueba de mi locura? ¿No se levantan monumentos, no se inauguran plazas y calles con el nombre del finado?, ¿no se construyen teatros y palacios con nombres de dramaturgos, poetas o músicos a quienes les negaron los méritos en vida, que los reciben ya muertos? Ah, mundo loco y cruel, ciego, que aplaude a los que yacen, y en vida les da la espalda. ¿Loca yo? Hay más locura en el mundo que nos rodea que en los desafortunados prisioneros de un centro psiquiátrico, a quienes una depresión, un golpe emocional o un trastorno transitorio han alejado de la vida cotidiana.</strong></span></em></p>
<p><em><span style="color: #000000;"><strong>He tenido bastante con treinta y dos años de vida. Y mi propia muerte no será vista nunca como un acto de amor hacia ti, sino como un acto de locura irreparable. Amor-muerte. Nunca ha habido dos palabras tan cercanas y tan parecidas. Yo las uno.</strong></span></em></p>
<p><em><span style="color: #000000;"><strong>Sencillamente, me muero de amor por ti. </strong><strong>Por tanto, me mato por ti.</strong></span></em></p>
<p><em><span style="color: #000000;"><strong>Dicen que aquellos que se quieren se reencontrarán en el paraíso; que el primero en morir espera al otro al final de un túnel de luz. Así lo escriben aquellos que han muerto, pero que han regresado a la vida gracias a la ciencia médica o por la mano de Dios. ¡Vete a saber dónde empieza una y acaba la otra!</strong></span></em></p>
<p><em><span style="color: #000000;"><strong>Querido esposo, amado padre de un niño que nos arrebataron prontamente de nuestro lado: no llores más por mi ausencia. Pronto, muy pronto, estaré contigo.</strong></span></em></p>
<p><em><span style="color: #000000;"><strong>Te quiero, Carlos, sí, te quiero con locura; pero no con la locura de la que hablan los médicos, sino con la totalidad de mi persona; desde mi conciencia clara, desde mis sentimientos más nobles. Tómame y hazme tuya de nuevo. Que la tierra y el cielo se unan en un todo cuando tú y yo, abrazados, volvamos a ser uno.</strong></span></em></p>
<p><em><span style="color: #000000;"><strong>Pronto, amado mío, muy pronto, seremos el uno para el otro.</strong></span></em></p>
<p><em><span style="color: #000000;"><strong>Rosa María Vidal</strong></span></em></p>
<p><span style="color: #000000;"><strong>Reus, marzo 2020</strong></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #000000;">ACTO PRIMERO</span></p>
<p><span style="color: #000000;"><strong>1.</strong>Los diarios de Rosa María Vidal</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #000000;">5 de junio de 1998</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Querido diario,</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Hoy contaban en la radio que cuando alguien sufre un problema grave, no debe encerrarse en él, sino que es mejor que lo escriba, que es una manera de verlo claro, de quitarse los fantasmas de encima, de enterrarlos en lágrimas de tinta. Por eso, hoy he comprado varias libretas de tapas rosadas y hojas de un blanco inmaculado que se convertirán en un diario personal, para volcarme en él y ahogar, virtualmente, al imbécil de Roberto. Las personas que sobreviven a atentados terroristas (decía en la radio el médico invitado) tienen que garabatear papeles para eliminar todo su dolor. Necesito ahogar mi rabia y convertirla en letras, en manchas negras y sucias, porque Roberto, el chico que me gustaba y con el que salía, me ha engañado con otra. Bueno&#8230; seamos claros: los he pillado bajo un tilo besándose. Ella, al verme, ha escondido la mirada, pero aún sonreía, la muy pánfila. Él se ha disculpado.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">—Rosa, ¡no es lo que parece!</span></p>
<p><span style="color: #000000;">¡Claro! ¡Yo soy bizca! Se daban un beso de esos que recuerdas toda la vida, y dice que no es lo que parece&#8230; Además, ¿me tomaba por ciega el niñato? ¿O piensa que soy esquizofrénica y tengo visiones?</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Maldito sea el cabrón, que me prometía la luna y una vida de cuento y, sin merecerlo, me pone los cuernos. Le tendría que dar una paliza. Ya lo decía Rimbaud en un verso: “…cuando se tienen diecisiete años, no se puede ser serio”. ¡Otro, qué tal!</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #000000;">Nadie es serio a los diecisiete años</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Una hermosa tarde harto de cervezas y limonadas</span></p>
<p><span style="color: #000000;">y cafés ruidosos con candeleros brillantes.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">caminas bajo los verdes tilos del paseo</span></p>
<p><span style="color: #000000;">¡Qué bien huelen los tilos en las buenas tardes de junio!</span></p>
<p><span style="color: #000000;">El aire a veces es tan suave que se te cierran los párpados.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">El viento cargado de ruidos —la ciudad no está lejos—</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Lleva perfumes de vid y perfumes de cerveza</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #000000;">¡Y dale con los tilos!</span></p>
<p><span style="color: #000000;">En las postrimerías del siglo XX, los papeles han cambiado: las mujeres —lejos de quedarse en casa esperando el sueldo del marido, sumisas, devotas, aplicadas— trabajan, se espabilan; dirigen empresas, países y economías. Ahora son ellos los calzonazos que han perdido su identidad y no la encuentran por ningún lugar.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">¡Capullos! ¡Muertos de hambre, espantapájaros, inútiles! Darle un beso bajo un tilo. ¡Hay que tener huevos! Así que tengo que escribir y dejar aquí mi rabia antes de que la rama del tilo, mira por dónde, aterrice sobre él estrellándose en su cabeza.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Al verme cabreada esta mañana, mi madre me ha dicho: “Rosa María, hazte una tila”. ¡Ahhh! Y ahora, ¿qué cara tengo que poner en el instituto? ¿De cornuda?, ¿de abandonada?, ¿de ofendida?</span></p>
<p><span style="color: #000000;">“Hacéis una pareja preciosa”, eran las palabras más oídas en la escuela. Parecía la letra de la canción del verano: “Están hechos el uno para el otro, dubi-dubi-da… Es un amor que aguanta… dubi-dubi-da”. ¡Muy bien, de acuerdo! Ahora que Roberto sale con Lidia, ¿seguirá sonando la canción del verano?</span></p>
<p><span style="color: #000000;">¡Ya basta de escribir! Esto de hacerlo a mano es una condena. “Letra tortuosa (diría un entendido), retorcida, necesidad de expresarse, vida interior plena, ahora cegada, arrebatada en plena juventud. Rosa María necesita expresarse de la forma que le sea posible para enriquecerse, tanto a ella misma, como a aquellos que la rodean”.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Gracias, doctor Floïd. Considero que todos los psiquiatras están locos, pero usted me cae bien. Seguiré su consejo. Escribiré este maldito diario clavando el punzón del bolígrafo como las abejas su aguijón sobre la piel de la víctima. Con rotundidad. Y después, con la misma pasión, clavaré el cuchillo sobre el cuerpo de Roberto dibujándole un corazón y escribiendo el nombre de los enamorados.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Tranquilo, Floïd, no estoy loca, solo cabreada. Quedan dos semanas para que acabe el instituto. El año que viene, Roberto tendrá que seguir con el negocio familiar, Pastelería Serra, y yo volaré a Barcelona para estudiar Derecho, a ver si, como dice mi padre, “puedo enderezar mi mala leche crónica”. Ahora me toca la selectividad.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Soy una mujer con personalidad propia, con una identidad ganada con talento y sobreesfuerzo, a quien un beso de una cualquiera no puede frenar. Juro que me las pagarás, Roberto de las Cabras: ¡A mí no me abandona nadie! Hasta que no me haya comido el merengue de tu cerebro, no pararé.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Por cierto, Floïd, un hombre tan inteligente, tan sabio, ¿cómo ha dejado que bauticen una crema de afeitar con su nombre?</span></p>
<p><span style="color: #000000;">“Su espuma extra cremosa y su consistente textura permiten una mejor adherencia a la piel, ablanda la barba y facilita el deslizamiento de la cuchilla, proporcionando un afeitado rápido y duradero”.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">¡Hala!, como decía la abuela Teresa: mañana será otro día</span>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(SEGUIRÁ)</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>CUENTO DE VERANO: EL ABUELO CALAVERA Y YO  (1)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jordi Folck]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 18 Jul 2021 17:15:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Creatividad]]></category>
		<category><![CDATA[Abuelo Calavera]]></category>
		<category><![CDATA[Família]]></category>
		<category><![CDATA[Fantástico]]></category>
		<category><![CDATA[lecturas en família]]></category>
		<category><![CDATA[Terror]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>&#160; Llegó el momento de darse un chapuzón y de ahogar en la piscina quejas y tristezas que durante al año nos azotan. Así que aunque el mundo vaya mal, debajo de La superfíciE uno puede llegar a creer que todo está en orden. Así que durante unos días, y a razón de capítulo diario, [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;</p>
<p><span style="color: #000000;">Llegó el momento de darse un chapuzón y de ahogar en la piscina quejas y tristezas que durante al año nos azotan. Así que aunque el mundo vaya mal, debajo de La superfíciE uno puede llegar a creer que todo está en orden.</span></p>
<p><br /><span style="color: #000000;">Así que durante unos días, y a razón de capítulo diario, pretendo regalarles una de mis historias inéditas para toda la família. </span></p>
<p><span style="color: #000000;">Escribí <strong>El abuelo Calavera</strong> antes del estreno de <strong>Coco</strong> de Pixar así que si alguien copió a alguien no fui yo&#8230;</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Me gustan que las historias sean leídas en voz alta, al anochecer, en familia y si, es posible, que cada no elija a un personaje y lo interprete </span></p>
<p><span style="color: #000000;">De hecho lo que le da vida al cuento es eso: la interpretación. Y como dijo Berne «si el cuento es el hueso, contarlo es la carne».  O sea que la substancia está en cómo se hace vivir o revivir (porque en este cuento largo es de lo que se trata) no tanto en la historia.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Primer capítulo de El abuelo Calavera, un cuento frío como los huesos para coger frío en verano. O incluso miedo&#8230;</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Se publicó en catalán en el año 2016 con ilustraciones de Leonardo Rodriguez</span></p>
<p><span style="color: #000000;">¡Que lo disfruten!</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Compártanlo</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;">«Los huesos están vivos, tienen sus propios vasos sanguíneos,</span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;">se alimentan, crecen y se renuevan…»</span></p>
<h2> </h2>
<h2><strong><span style="color: #000000;">EL ABUELO CALAVERA Y YO</span></strong></h2>
<p><span style="color: #000000;">Ha llovido mucho desde que ocurrió lo que os voy a contar hoy; el sol ha subido miles de veces cielo arriba y de la misma forma ha vuelto a esconderse, bajo el horizonte…</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Yo tenía nueve años, y me conocían como «Pedro sin miedo»: era un chico decidido, despierto, siempre lleno de curiosidad. Leía mucho y, mientras crecía, me dedicaba a escribir todo lo que me pasaba por la cabeza.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Ahora soy escritor, hago y deshago historias. Habiendo perdido ya todo el pelo de mi cabeza, decido hablaros de cuando descubrí, por primera vez, el miedo. No es un cuento, sino una historia real protagonizada por un grupo de amigos. Yo tengo un papel importante, pero no</span> <span style="color: #000000;">soy el héroe; ni siquiera una pieza fundamental en la historia.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Cuando la leáis, podríais cometer el error de decir: «este Pedro lo que tiene es mucha imaginación». Cierto es, y bien contento que estoy: hay demasiadas cabezas huecas que jamás conocerán su poder. Pero esta historia, donde os hablaré de mi abuelo, no hace falta que me la invente; me viene a la cabeza solo con recordar aquella noche antes de Navidad. Y todo sucedió tal cual os lo explico, palabra por palabra.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">¿Qué no me creéis? Pues acercaros al cementerio y golpead cualquier lápida. No tardaréis en ser escuchados.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Todo comenzó con una carta…</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<h1>1.    La Carta</h1>
<p><strong> </strong><span style="color: #000000;">Pedro, mi querido nieto: hacía días que rumiaba sobre si escribirte o no, tenía mis dudas. Mis compañeros de juerga me dicen que no es una buena idea. Pero ya sabes el poco caso que tu abuelo le hacía a algunos.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Tengo tres noticias que darte y las tres son buenas: la primera es que estoy bien. Bueno, no del todo. El frío se me ha metido en los huesos, y a mis noventa años cuesta sacarlo. Espero que tú también estés bien y sin frío en los huesos.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">La segunda es que, a punto de llegar Navidad, he pensado que quizá te gustaría que tu abuelo te viniera a contar, como cada año, un cuento. Sé que cuando llegue la hora, me echarás de menos de verdad. Pobrecito mío, sin abuelo ni cuento.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Por diversas razones, yo ya no puedo salir de aquí –no me dejan–, así que me parecía mejor idea que vinieras tú a verme.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Sí, lo sé. Sé que me enterraron hará casi un año y que mi cuerpo, supuestamente, descansa en paz en el cementerio del pueblo; pero mira, créeme, todo se puede arreglar en este mundo y en el otro.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Porque descansar, lo que es descansar, ¡nada de nada! De hecho, no paro quieto. Se me ha metido entre ceja y ceja –lo poco que queda de ellas– que tendría que encontrar a mi mujer; sí, a la abuela, que debe pensar que todavía camino sobre la Tierra. Sé que se alegraría mucho de que yo ya esté por aquí. Nos queríamos de verdad.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">¡Anda que no era avispada, tu abuela! Como yo siempre había sido un juerguista, ella solía decirme: «Miguel, eres un calavera». Ahora me pregunto si es que sabía que existía el otro mundo, porque es lo que soy desde que morí: ¡una calavera!</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Bien. La tercera buena noticia es que, definitivamente, tu abuelo te leerá el cuento de la Noche de Navidad. Deja que los de casa se chispen con dos o tres copitas de cava y que se hinchen a turrones. Así se irán a dormir temprano y tú, pasada la medianoche, vendrás a buscarme a la puerta del cementerio.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">¡A ver si a mi querido «Pedro sin miedo» le va a dar canguelo o se piensa que voy de broma! Te demostraré que, muerto como estoy, nunca me había sentido tan vivo: ya no necesito pastillas, ni jarabes, ni inyecciones, curas de reposo ni palabras amables. ¡A tomar viento fresco, ja, ja, ja!</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Por favor Pedro, estate al cementerio del pueblo pasadas las doce del día veinticuatro. Te explicaré un cuento horripilante –o sea, de miedo, que aquí está de moda– y quizás, si te apetece, podrías acompañarme a buscar a la abuela. Tus ojos ven mejor que los míos, que se me cayeron.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Te quiere mucho, muchísimo, tu abuelo Calavera,</span></p>
<p><span style="color: #000000;"><em>Miguel Badía</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #000000;">seguirá el abuelo calavera y yo&#8230;</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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