LA ANIMACIÓN LECTORA O LA CREATIVIDAD ENTRA EN ACCIÓN (1)

Insisto: para lograr jóvenes lectores y generaciones futuras de devoradores de libros es necesario…
1. Fomentar la creatividad entre los más jóvenes a partir de los 11 años para evitar ese socavón que viene y que es el responsable del descenso de lectores  adolescentes hasta que llegan a la universidad y aterrizan de nuevo.
2. Animar a leer en las escuelas (donde a menudo se cortan las ganas de leer después de los exámenes o pruebas de control a los que el lector debe someterse sí o sí). Esto pasa también por los autores, de visita por las escuelas que deben convertir la experiencia lectora en algo divertido, singular y con que el lector tenga ganas de meterse de nuevo en el libro y de conocer a nuevos autores.  ¡Qué afortunados son los lectores del s.XXI al conocer de primera mano a Jordi Sierra i Fabra, a Care Santos y a tantos que visitan regularmente los centros educativos donde su obra es recomenadada!. Que placer  no hubiera sido el mío de conocer a mis héroes literarios que, en los 70 eran Joaquim Carbó (La Casa sota la sorra) ,  Sebastià Sotorra (El zoo de Pitus)  Emili Teixidó (Diego, Berta y la máquina de rizar niebla)…

De eso va el artículo de esta domingo caluroso: de la responsabilidad del autor de hacer lectores con pasión. De otras medidas o recomendaciones hablaremos en próximos posts.

Este año 2017 celebro, invitado por varias editoriales (muy especialmente Barcanova) y por la Institución de las Letras Catalanas, quince años de foros. Son más de 400 charlas que me obligan, con gusto, a compartir esta experiencia siempre enriquecedora, nunca decepcionante. Al paso del tiempo como el picapedrero que afina el golpe para sacar la mejor melodía y el más bello resultado de la piedra ( y ríanse pero hay molleras muy duras) uno acaba dibujando un tipo de decálogo, nacido de la experiencia y de probar e incorporar nuevos registros.

Todavía quedan escritores que comparan una charla en las escuelas con una clase magistral de aquel que habla, de aquel que escucha. Otros hacen un ejercicio de improvisación del “a ver qué pasa” y a “ver qué preguntas me hacen” y ovillo y desovillo a gusto. Y creo que ambos se equivocan.

Dudaba en el momento de titular esta crónica si encabezarla con un titular muy Truffaut tipo “400 foros, los 400 golpes” pero he preferido llamar la atención con un grito que responde, de mejor manera al objetivo del artículo que sería: toda animación lectora debería contar con más elementos de espectáculo (oratorio y teatral) que de conferencia o exposición. Y si me lo aceptan, un buen golpe (y memorable) encima las emociones del lector, si el libro lo permite.

Cuando escuelas e institutos me piden con insistencia que vuelva, año tras año, obsequiándome con una sentencia tan favorecedora como “hay un antes y uno después de tu visita” reconozco que mi pequeño orgullo lo agradece. Los escritores de literatura infantil y juvenil tenemos pocas satisfacciones: los medios de comunicación nos olvidan, el lector adulto nos toma como “aprendices de literatura adulta”, y algunas librerías nos “guardan” en los últimos o en los primeros estantes a la altura de “esos locos de pantalón corto” pero lejos de los prescriptores/ compradores o en esa esquina o recodo, la segunda estrella a la derecha… Cómo escribía Eva Piquer somos “los invisibles”. Cómo no es mi intención desahogarme en nuestras misiones imposibles acelero el mensaje y entro de pleno en aquello que me trae a practicar un tipo de decálogo de cosecha propia que admite todos los debates y discusiones del mundo advirtiendo, pero, que a mí, me funciona.

1. Un creador literario en el siglo XXI debe ser consciente que, en tiempo de las nuevas tecnologías, la atención del joven lector se dispersa con comodidad. Hay que recordar, de nuevo,  el libro de Nicholas Carr sobre “Qué está haciendo Internet sobre nuestras mentes” (Superficiales, 2010) sobre los déficits de atención que implica permanecer en cinco escenarios al mismo tiempo: el estudiante actual ve televisión a la vez que envía emails desde la tablet, responde whatsups y mantiene, a la vez, una conversación familiar e incluso se mueve por sus redes sociales (a veces falseando su edad) como pez por el agua? Un creador no puede sentarse detrás de la mesa del maestro y soltar sus reflexiones en espera de silencio, admiración y empatía del lector cuando reproduce, posiblemente, la actitud del maestro que sobrelleva cuatro o cinco horas diarias de clase o más. Todo escritor debe poseer cierta conciencia escénica y, en la medida de sus posibilidades considerar que el aula es un plató por el cual menearse obligando, si hace falta, a los alumnos a seguirlo a lo largo del aula. A veces pasar el power point obliga a guardar cobijo junto al ordenador y la pantalla o, si es pizarra digital a su sombra. A menudo pido ayuda a maestras o alumnas para este trabajo mecánico o un mando a distancia pero evito esclavizarme en un solo punto clavando allí mi bandera. Del mismo modo si paso en “streaming” la conversación busco algún colaborador con mi teléfono móvil en mano (o en trípode de sobremesa)

2. Creatividad escénica implica también “actuación”. Admiro al escritor catalán Jaume Copons cuando se atavía con una túnica y se convierte en un maestro Jedi (o quizás monje benedictino) presentando su “Sant Jordi de las Galaxias” o cuando la glamurosa Núria Pradas imita a Tía Adela de viajes por el mundo (especialmente en el público más infantil) Y entramos en la clave de vuelta de este modesto decálogo: toda animación lectora necesita ser interpretada en clave teatral (con hábitos o sin) pero con conciencia llena de que, aquella hora, hora y media de foro tiene que hacer todavía más memorable el libro y el autor y evidenciar que la literatura debe ser, antes de que nada, amena, sea comedia o drama el tema que nos ocupa. De aquí el titular que no querría que nadie juzgara como invitación frívola y sí como mesa de debate. Un creador debería encomendar, entusiasmar, animar la audiencia. Eso sí es hacer lectores animados y fieles donde continente y contenido empuñan, tal vez, la misma arma. Si, como es sabido “enseñar es emocionar”, hablar de un libro es hacerlo revivir, servir a la literatura y a sus lectores, entronizarla a un lugar privilegiado del cual ha sido desterrada, convertirla en la vasija de emociones en el cual fue concebida. La Creatividad de ser distintos, únicos y ganarnos un ligar en la retina del joven espectador.

3. “Actuación” implica “dominio de la voz” y de sus recursos. Creatividad también en la expresión. Para evitar aquello que se conoce como “rollo” uno tiene que guarnecer su expresión verbal de cambios de tono –levantar o subir la voz– practicar los silencios, imitar otras voces, encarnar personajes o, especialmente en la novela realista, denunciar los hechos que nos ocupan con la rabia y el tono correspondiente. Me gusta literalmente dejar “clavados” los niños a sus asientos, pasando de la reflexión al grito, subrayar las palabras de valor con largos silencios mientras añado la comunicación verbal. Reconozco que los niños agradecen mucho más esta actuación que los jóvenes que, a menudo, parecen perdidos de planeta a quién nada ni nadie conmueve. Esta actuación y dominio de la voz acaban convirtiéndose en una estructura secreta que se repite en cada foro cuando se trata del mismo libro: uno descubre que repite las mismas palabras en el mismo orden y la misma escalera de entonaciones y que, ante un feedback poderoso, refuerza y modifica aquellas partes para una repercusión retórica más grande. Sí, hemos pasado de la exposición a la persuasión. Tal vez, de la indiferencia a dejarles boquiabiertos. ¿Acaso los Hermanos Marx no probaban sus gags en el teatro para incorporar después a los films?  O la “creatividad aplicada” . Del mismo modo uno prueba y prueba la manera de decir hasta encontrar la manera más adecuada para cada público lector. Y “remata” el “trabajo” con una estocada expresiva.

(continuará en breve)

Foto: (cedida) Fòrum a l’Escola Mare de Déu de l’Acadèmia a Lleida

ET PUC ABRAÇAR?

Ahir enllestia aquesta crònica de la meva visita a l’escola Ull de Vent de la Bisbal del Penedès escrita pel blog de la Institució de les Lletres Catalanes i m’he llevat amb la mort del Carles Capdevila. Aquest article ja era de per si, un article trist però encara ho és més. I m’he obligat a reescriure’l quan un escriptor dels bons ens deixa.

Però aquesta és l’última crònica trista, Carles, t’ho prometo: no anava amb tu i als escriptors no ens agrada pidolar. Però sí faig meu el Cesare Pavese que va suicidar-se als quaranta pocs anys quan sostenia que “la literatura ha de constituir una defensa contra les ofenses de la vida”. I aquesta frase l’he fet meva en incomptables ocasions.

-Et puc abraçar? -em va preguntar aquell noiet que no tenia ni deu anys. Era a l’escola en un dels molts fòrums per escoles i instituts on els meus llibres són recomanats: en aquest cas el llibre premiat amb el Folch i Torres de novel·la l’any 2011.

La pregunta arribava en un moment en que em queien les preguntes tan pesadament que estava estabornit. Un es sorprèn de com de “bonica i dolça” pot ser la vida d’un escriptor: només cal llegir els blogs de la institució (http://www.lletrescatalanes.cat/ca/lletres-2-0/el-blog-de-la-institucio) on els escriptors parlen de les seves visites a les escoles convidats, amb generositat, per la Institució de les Lletres Catalanes per adonar-se’n que el nostre món és bonic i radiant com el LA LA LAND.  I de vegades un diria que arribem a les escoles ballant (el verset és fet a mida).

Però d’ençà de la socialització, quan les escoles compren llibres per a la biblioteca perquè “allò” fa progre i es creuen que segueixen les darreres tendències en educació sense saber que condemnen escriptors i editorials a la misèria i posen termini a la creativitat literària, d’ençà que les tecnologies governen les mans i les ments dels joves lectors, d’ençà que es tanquen llibreries, d’ençà que els autors nous apareixen en comptagotes (o potser amb sèrum intravenós adjunt), d’ençà que llegir només és una obligació a les escoles i s’està perdent el plaer de fer-ho, d’ençà que…. els escriptors de literatura infantil i juvenil, els invisibles, els no volguts (quan escriuràs una novel·la per a adults que ja és hora de que et facis gran, home!) no estem, precisament, ballant de contents.

Són dies rúfols, foscos, tancats i en venen de pitjors. I és urgent un debat entre agents culturals, periodistes culturals que (sembla) no han tingut infantesa i ens obliden i escriptors i il·lustradors per intentar millorar un futur que se’ns escapa de les mans.

Quants no hem pensat en deixar d’escriure? Però ho necessitem de tal manera que, sovint, taponem les orelles a la nostra pròpia veu de la consciencia. Sense escriure no som res.

D’aquí que, quan de sobte, un infant lector, possiblement innocent i sense mòbil et demana una abraçada, totes les preguntes es polvoritzen a l’instant i on hi havia carbasses apareixen carrosses que et duran al Palau del Somnis. I et fa la pregunta i dius que “sí” i altres se t’enganxen i aviat ets com un ramell de raïm generós i et dius a tu mateix que mai no deixaràs d’escriure mentre un sol infant et digui que li ha agradat el teu “Llibre d’encanteris de la vella Taràndula” on un infant aprèn a fer màgia de la bona.

I els abraces i no vols cap altre sol…

Ens hauríem d’abraçar tots més sovint. A mi sempre em va faltar una abraçada al Carles Sabater a qui sempre, amic, enyoro. I ara m’ha faltat una altra al Carles Capdevila…

Gràcies als alumnes de l’escola Ull de vent per ensenyar-me, encara, quines són les coses importants de la vida.

A partir d’ara robaré les abraçades que vulgui. Aviso!

Abracem-nos tots ben fort, si us plau!

 

Fotografia cedida per Raquel Jiménez a l’escola Ull de Vent de la Bisbal del Penedés

Escrius en català? Sempre seràs un mort de gana!

De l’àvia Teresa, molt avançada al seu temps, en recordo algunes perles, pensaments  que, el pas del temps, va col·locant al seu lloc. Una d’elles, molt agosarada era advertir que “si una parella no funciona al llit no funcionarà a la vida”. L’altra, la sentència que obre aquest article. Si bé del primer tothom pot observar la seva pròpia experiència de la segona correspon als escriptors donar-ne raó.

I posats a teixir dites, frases, advertiments o descobertes m’atreveixo a fer-ne algunes sempre des de la pròpia experiència i la d’altres que em demanen privacitat. Ja que som “invisibles” ( bon titular de l’Eva Piquer), siguem-ho del tot; guardem noms i fonts.

  1. Molts escriptors catalans, de no tenir/patir feines paral·leles o de no ser per l’ajut de les seves famílies no podrien pagar ni el seu enterrament.
  2. Molts escriptors catalans no arriben a mileuristes. Tenint en compte que cada autor percep de drets d’autor d’un 8%  a  un 10% i que es considera un èxit vendre 1000 exemplars en català, si el cost/exemplar fossin 20 euros en treuria 2000 euros (bruts). Resulta impossible publicar un  llibre cada mes o, fins i tot, cada any. Els autors de literatura infantil i juvenil ho tenim millor quan els nostres llibres són recomanats a les escoles. Guanyem, a l’any, amb molta sort en torn dels 3/4000 euros en vendes. ( significa vendre 3-4000 exemplars  en llibres que mai no superen els deu de venda). Si hi sumem els fòrums de les editorials (Barcanova paga 60 euros/xerrada a Barcelona i àrea metropolitana, 90-120 fora ciutat;  La Galera, 120 arreu )  i els fòrums de la Institució de les lletres catalanes (250 euros/fòrum) amb molta sort  i molts llibres publicats un escriptor pot endur-se entre 3.000 i 4000 euros que, sumats als anteriors, resulta entre els sis i els vuit mil euros, o  sigui un màxim de 666 euros mensuals.  Fa por, oi? No toca parlar de les tarifes del dentista, del planxista d’automòbils o dels lloguers de la vivenda per reconèixer que millor que no estem mai malalts i millor que no tinguem descendència per estalviar pagaments  en educació, sanitat i lleure. Segons l’estudi de l’AELC  (abril 2015) Escriure en català: estat de la professionalització. Els efectes de la crisi econòmica sobre el col·lectiu d’escriptors els ingressos d’escriptura per un autor suposen menys del 20% del total facturat anualment.
  3. Els “escriptors” que sí guanyen diners són aquells que apareixen sovint per televisió, en premsa o en mitjans. S’anomenen “mediàtics” perquè venen la seva imatge de marca als massmedia on el llibre (escrit per ells o no) en seria un producte de màrqueting  més i on la qualitat no sempre està a l’alçada de la marca. Un premi pot donar també visibilitat. Quan es produeixen ambdues circumstàncies un escriptor té la seva vida salvada per un o dos anys. La darrera novel·la de Xavier Bosch porta unes vendes aproximades (maig 2017) de 30.000 exemplars gràcies a una enorme campanya de promoció del Grup Planeta, la qual cosa fa que encapçali el rànquing de vendes el darrer Sant Jordi, per damunt  d’un sempre insuperable Jaume Cabré. En literatura infantil guanyar aquesta xifra suposa, en temps actuals, una feina d’anys.
  4. Els temps han canviat. Recupero un article del diari “Avui”. “Best sellers per a joves (20/12/94) on Andreu Sotorra esmentava els 200.000/500.000 exemplars venuts de El zoo d’en Pitus, La casa sota la sorra o L’ocell de foc o els 100.000-150.000 de “La colla dels deu, Viatge al país dels Llacets o Hem nedat a l’estany amb lluna plena. O els 75.000 de Pedra de Tartera, Rovelló o La Guia fantàstica.  Al segle XXI tal cosa ja no és possible. Es publica molt més. Som molts més escriptors, moltes més editorials i molt menys interès lector. Tenint en compte que aquesta reflexió només és la punta d’un iceberg a la deriva serà bo que bibliotecaris, estudiosos, docents i lectors diguin la seva amb aportacions que cal agrair per remoure un debat inexistent. Molts escriptors només de veure el seu llibre als aparadors ja en tenen prou per capficar-se en res més la qual cosa ens converteix, de no obrir la boca en persones cautes, prudents i covardes.  Potser som aquells “intel·lectuals buits de poder i ofegats en la nostra pròpia complaença” que escriu el croata Srecko Horvat.
  5. Els plans d’animació lectora miren cap a una altra banda i no tenen en compte l’impacte brutal de les noves tecnologies. La mare de dos infants de 9 i 11 anys em deia recentment: quan obsequio un llibre als meus fills, allò primer que fan és guaitar el gruix del llibre per saber el temps que els prendrà de “les maquinetes”. Els índex de lectura davallen, com davallen les vendes amb devolucions a les editorials que van entre el 50 i el 60% de la producció de cada llibre (dades del Gremi d’Editors en llengua catalana) resultat del canvis d’hàbits lectors, del tancament de llibreries, de la temuda socialització dels llibres a les escoles, del miserable pressupost de cultura de la Generalitat de Catalunya que concedeix només un milió d’euros  per fomentar activitats dels escriptors i del poc apreci a la cultura que els mitjans generalistes (molt especialment Tv3 i Catalunya Ràdio)  demostren en una programació on l’esport és el rei. Que la cultura pot ser divertida és quelcom que els responsables de programació no han descobert en la seva incapacitat per fer-la suggerent i necessària. Fa pocs dies  que Catalunya Ràdio anunciava, cal suposar per problemes greus de consciència,  un nou programa de llibres, si no he llegit malament, dissabtes a mitjanit! (sobren comentaris).
  6. Del què caldria fer me n’ocuparé en un altre article que necessita espai i no esgotar la paciència del lector. Però que cal protegir als creadors, potenciar la seva activitat creativa, rendabilitzar-la,  visibilitzar-los, augmentar la seva presència pública (i als mitjans) , incentivar els ajuts a la creació (molt limitats) és una veritat gran com un temple (una altra frase feta) tan certa com que els escriptors catalans, bascs i gallecs, aquells que escrivim en llengües minoritàries som de segona classe (com s’expressava recentment Isabel Clara Simó, darrer Premi d’Honor de les Lletres Catalanes)  i necessitem ser incentivats i protegits per no ser uns morts de gana que han de buscar-se la vida en un país petit i insuficient on els jugadors de futbol són herois i els escriptors éssers prescindibles. Obrim el debat?

(Fotografia pròpia, Mon Llibre, Barcelona, 2009)