¿CÓMO SE ESCRIBE UN LIBRO? EL PROCESO CREATIVO DE UN LIBRO DE MUERTOS

No crea el lector que aquí desvele los misterios recónditos de la escritura de un libro. Aunque me gusta el reto de intentarlo, algún día.
Lo que aquí incluyo es el proceso que me llevó a la escritura del libro LLAMADAS DESDE EL CIELO que estos días de difuntos, tiene cierto sentido.
Es un libro tierno como el pan, ácido como el limón recién recogido, espiritual, de auto-ayuda cuando alguien perdió a uno de los suyos, para reír y para llorar, homenaje a los libros y a sus autores, una fábula con moraleja y casi novela negra entre los vivos que disfrutan en el paraíso y los muertos de la Camorra.

¿Cómo nace y se hace, crece y aparece ante la luz del lector, un libro?

“LLamadas desde el cielo” nació poco antes de las nueve de una mañana de veinticinco años atrás, camino de la escuela. Mi hijo Aleix, de apenas cuatro años, y poco antes de llegar, repentinamente, me preguntó:

–Papá… ¿en el cielo, hay teléfonos?

No recuerdo qué le contesté, pero sí supe, al instante, que acababa de nacer una historia. Aquel mismo anochecer dibujé sobre una cuartilla algunas notas de alguien que pedía en su testamento ser enterrado con su telefonino. Pero nunca pasé de aquellas notas introductorias.

Por aquel entonces acababa de publicar mi primer libro. Serían necesarios otros doce para que, en el mes de julio de 2004, abandonada mi actividad como director creativo en una agencia de publicidad y siendo la escritura mi único destino, me decidiera a iniciar mi viaje particular hacia Nápoles y hacia el cielo, tan cercanos el uno del otro..

Escribir este libro entre los años 2004 y el 2005 se convirtió en un hecho necesario, en un acto imprescindible en mi vida sin pensar en el éxito o la repercusión de la obra. Me movía una desazón interior, agitada continuamente por la prensa, con las fotografías en primera página de las víctimas de la guerra en Irak, pero también de los jóvenes y adultos muertos en el atentado terrorista en Madrid, en un interrogante continuo agravado por la hipocresía política actual, el desplante de los altos mandatarios que ya entonces perseguían la gloria personal por encima de la práctica del bien. Traducía el libro en el año 2015 que la guerra de Siria ocupaba aún las primeras páginas de los medios internacionales y el fenómeno migratorio, ese gran éxodo de los desposeídos, la muerte colectiva y la vergüenza de las instituciones arañaban muescas profundas en almas sensibles como la mía. Alguien podrá acusarme de melodramático, de perseguir la complicidad del lector si digo que muchas de estas páginas que el lector ya ha recorrido fueron escritas en medio de lágrimas, abierto el dolor, acumulado y retenido desde la lectura y la visión de las imágenes de un mundo estúpido que nos invade e insensibiliza a través de la televisión y otros medios. Quizás fueron lágrimas dulces y amargas –¿qué es la vida, sino una triste tragicomedia?–, expiación de culpas, vergüenza de ser humano que ve como sus hermanos han convertido el paraíso en un infierno por los caminos de la violencia, en la frivolidad de la indiferencia, en la corrupción, en el engaño, en la soberbia, en la lastimosa mediocridad…

Escribir este libro: poco más me interesaba. Partía con miedo a la crítica literaria sujeta, a menudo, por sesudos intelectuales que murieron, sin ellos saberlo, mucho tiempo atrás y por la opinión del lector que iba a rechazar mi provocación en el momento de escribir sobre el cielo. Sigo creyendo que cuando uno tiene el convencimiento y la necesidad de expresarse tiene también el derecho y el deber de hacerlo por encima de cualquier otra consideración. Si alguien se siendo ofendido al leer estas páginas habrá hecho bien de rechazar o tal vez abandonar el libro, como yo hago tantas veces con los programas de televisión o libros mal cosidos, metafóricamente hablando.

Para escribir este libro solo me hacía falta fe y confianza. Y, después, algunos conocimientos. Para la fe no precisaba de ninguna documentación, pero para construir y hacer verosímil esta historia sí necesitaba equipaje: el viaje iba a ser largo. Fue así como en el mes de junio de 2004 me inscribí en el Instituto de Estudios Italianos de Barcelona para cursar primero de lengua italiana con la intención de tener un dominio suficiente para imitar, en mi lengua, la musicalidad de este idioma tanto en la construcción de las frases, como en palabras y sentencias que dinamizaran las intervenciones de los personajes También necesitaba profundizar en la cultura italiana y una particular manera de ser y de ver la vida. Para lograr este propósito viajé a Nápoles en el mes de octubre para conocer, de a pie, los quartieri spagnoli, las iglesias y las calles por donde transitaban los personajes. Todos los topónimos e indicativos existen, y sólo habrá que seguir las indicaciones del libro para encontrarse inmerso de pleno en la ficción. Amé a Nápoles y a los napolitanos, un pueblo lírico y apasionado, hospitalario, orgulloso de una ciudad de la que se ha escrito: “Ver Nápoles y después morir”. No pretendía caer, en el libro, en un recorrido turístico –una tentación difícil de desterrar–, pero sí construir un pequeño canto de amor a esta ciudad del sur de Italia con tantas iglesias como Roma y, posiblemente, la más devota del país, donde se vive de una manera más explícita el sentimiento religioso. El hecho que los napolitanos comparten la lengua italiana con el dialecto napolitano –o partenopea– dificultaba la escritura en cuanto a la elección del registro con que se expresan los personajes. Opté finalmente por una opción intermedia, una mezcla colorista –no muy alejada de lo que sucede en las calles–, alternando palabras del italiano y del napolitano…

El libro pretendía ser un homenaje al neorrealismo italiano, el cine de la posguerra que nace como un cinema-verité mostrando las penurias de la supervivencia en tiempos difíciles y de la “Roma, citta aperta” que dirige Roberto Rossellini en el año 1945 y que el tiempo la convierte en un monumento fílmico con esa fuerza de la naturaleza que era la actriz Anna Magnani. “Llamadas desde el cielo” era también un homenaje al cine nacido en Italia y especialmente al subgénero conocido como “de los teléfonos blancos”, comedias mundanas y costumbristas que en los años 30 divertían y entretenían a los italianos y en los que siempre aparecía un teléfono blanco. De hecho, todo el libro es un tributo a la cuna del mediterráneo que es Italia: no solo a sus grandes genios que aparecen entre las páginas del libro sino también a grandes creadores como el dramaturgo y cómico Eduardo de Filippo o al pedagogo y escritor Gianni Rodari. La expresión “Hay que esperar a que pase la noche” en boca de Angela María es la última frase de Napoli Milionaria! estrenada en marzo de 1945, la obra maestra de Eduardo.

“Hay que esperar a que pase la noche” para el teatro italiano no es solo una réplica teatral, sino, sobre todo una lección de vida, una dolorosa contemplación del pasado y también una mirada a un Mañana que sigue, que espera, más que el alba, los años por venir. “Porque, lo sabes de sobra, Eduardo, venimos de lejos, pero vamos más lejos todavía” escribió Giorgio Strehler (citado por Ana Isabel Fernández, Eduardo de Filippo, un teatro, un tiempo, Fundamentos, Madrid, 2004).
Artífice de la tragicomedia, divulgador de los escenarios napolitanos (Quartieri Spagnoli) “Llamadas..” acaba siendo todo un homenaje a De Filippo: la religiosidad, los valores humanos, el paso de la tragedia a la farsa, entre el realismo y la metafísica, entre la sceneggiata napoletana, la comedia popular y el drama existencial.
Y las influencias de Rodari, autor de “La torta in Cielo/ La tarta voladora” y “Cuentos por teléfono” recorren y esponjan la obra donde, frente al infierno de la Camorra napolitana se contrapone un cielo de felicidad y bondad donde los grandes creadores siguen ovillando sueños. Pero en el proceso de escritura imaginaba también a Federico Fellini y a Giulietta Masina y su Intervista, una corrosiva crítica al mundo de la televisión.

Para construir el cielo, dejando atrás Nápoles, dispuse de mi imaginación y de las valiosas aportaciones de escritores y pintores que, mucho antes que yo, se atrevieron a viajar al cielo. La lectura de los episodios correspondientes a la visita del purgatorio y del cielo que hace Dante en la Divina Comedia, la relectura de algunos de los libros de la Biblia, especialmente los más poéticos (los “Salmos”, el “Cántico de los Cánticos” y las “Lamentaciones”) y los sapienciales (“Proverbios” y “Sabiduría”) fueron el punto de partida bibliográfico, al cual habría que añadir muchos otros, puramente religiosos y, aún, filosóficos. Menciono, especialmente, “Conversaciones con Dios” de Neale Donald Walsch y “Pero, ¿qué diablos hacía Dios antes de la creación?” del dominicano y filósofo Bernard Bro. Algunos de los cánticos o sentencias pronunciadas por los personajes del libro no me pertenecen; proceden directamente de la Biblia. La expresión en boca de los niños al recibir a Gian Paolo en el paraíso y sobre el hecho de volar corresponde al salmo 104, versículo 3; aquella en que el niño habla con su madre pertenecen al salmo 103, versículos 3 a 6, y sobre la fugacidad de la vida al mismo salmo, en sus versículos 15 y 16; la respuesta, bastante conocida, del joven padre Zanzucchi (“A Dios, lo que es de Dios…) pertenece al evangelio de San Lucas, 20, 25; el canto de peregrinaje pertenece al salmo 133, versículos 1 a 3. La invitación final de Jesús “Comed y bebed todos y empaparos de amor” pertenece al Cántico de los Cánticos, 5, 1. Los árboles y las plantas que aparecen en el paraíso, han sido recogidos de varios libros: de la Biblia y de la magnífica aportación del erudito Jean Deulomeau en ”Historia del Paraíso”, libro de cabecera. La breve relación de nombres creados para llamar a Dios procede de los dos volúmenes publicados por Fray Luis de Leon en 1583 “De los nombres de Cristo”.

Pictóricamente he analizado tantas pinturas que hacer un recordatorio sería un trabajo excesivo. Me interesaban, especialmente, los seres angelicales, si bien, cómo ha quedado visto, he dejado poca constancia y todavía menos definición. Sus tipologías, sus funciones, las actividades celestiales, sus oficios, así como los hábitos y forma de vida me han sido proporcionadas por el libro “Ángeles, una especie en peligro de extinción” de Malcom Goldwin y “¿Existen los ángeles de la guarda?” de Perre Jovanovic, entre otros y por numerosos libros de historia del arte entre que cabe mencionar Angele e Demoni, una edición especial de lo Expreso aparecida en Italia coincidiendo con mi llegada a Nápoles. Cuando escribía sobre las cortes celestiales, tenía ante mí las pinturas de Hyeronimus Bosch, Rubens, Caravaggio, Gaudenzio Ferrari, Giovanni Blilivert, esculturas de Bernini y, especialmente, del gran Miquel Àngel. También Botticelli, El Greco, Bosch, Tiziano, Tintoretto que quiero creer que se ven en este libro como passepartout para gozar de esas llamadas.
Los paisajes celestiales son únicamente competencia mía. Sólo quería ofrecer una cata, consciente de la imposibilidad de éxito. La extensión limitada del libro me imposibilitaba, por otro lado, efectuar un viaje extenso por uno de los lugares más soñados, del que se habla tanto y tan poco se sabe, y donde, reconozco me encontraba con un sosiego y una paz imposibles de hallar en nuestro mundo con la ayuda de los arquitectos musicales de Dios, educando mis oídos con la “Pasión según San Mateo de J. S. Bach”, con John Williams y su estremecedora partitura para “La lista de Schindler”, con la obra maestra de Ennio Morricone sobre las misiones jesuitas “La misión” y a Alexander Desplat, a Mozart, Haendel, Beethoven. Las napolitanas escogidas para el libro son algunas de las más populares y aquellas que, rompiendo fronteras, se han extendido por toda la vieja Europa: “Parlami de amore Mariú” (C.A.Bixio, letra de B.Cherubini), “‘O Sole mio” (E.di Capua, letra de G.Capurro), “Core’ ngrato” (Salvatore Cardillo, letra de Cordiferro), La Serenata (F.P.Tosti , letra de G.A.Cesareo) la célebre “Funiculí Funiculà” (Luigi Denza, letra de P. Turco), “Mattinata” (letra y música de Ruggiero Leoncavallo), “Marechiare” (F.P. Tosti, letra de Salvatore di Giacomo) y “Adduormete cu me” (E.Murolo, letra de Tagliaferri). Estas y otras muchas de Josep Carreras, Luciano Pavarotti, Massimo Rainieri y Pepino di Capri me alegraron la escritura.

Las fotografías en blanco y negro realizadas en Nápoles aquellos días como testigo gráfico y literario de mi estancia en la ciudad del Vesubio, además de Pompeya y Herculano, aparecerían publicadas en la revista “Puzzle” (diciembre de 2004). Dos escrituras, la fotográfica y la literaria, llenaron mi estancia de una elevada felicidad. En Nápoles escribí el segundo acto del libro. La escena del milagro fue escrita en la terraza del café literario Intro Moenia, en la piazza Bellini. Curiosamente, inmerso en la emoción de la escritura, a pesar del alboroto de un sábado al atardecer, conocí a Giulia, una hermosa muchacha que, sentada en una mesa con sus amigos, se me acercó, despertada la curiosidad y excusándose, para saber qué escribía con tanta delectación. Se abrió una conversación apasionada sobre mi libro y sobre la creación en una amistad que aún continua.

“Trucades des del cel” (Editorial Barcanova) apareció en Barcelona en el año 2006 en su versión catalana con una buena acogida de prensa. La Vanguardia tituló su crónica con un “Jordi Folck novela un cielo poblado de escritores, artistas y actores” y Diari de Tarragona “Papá, hay teléfonos en el cielo?

Josep Maria Aloy, crítico literario de diversas publicaciones escribió: “Es un libro que arranca muy bien, escrito con mucha gracia y con mucho humor aunque, en el fondo, esté el tema de la muerte. La primera parte es excelente. El libro me gusta porque tiene presente el mundo de las letras y encuentro interesantísimo que alguien se acuerde todavía de Calvino, de Rodari, de Dahl con todas las referencias al mundo de los cuentos infantiles y todas sus bromas y “boutades” contra la especie humana.
Reconozco que me gustó leer ese comentario de Aloy viniendo de un crítico. Pero me pareció algo mucho más hermoso cuando una noche recibí la llamada de un muchacho de 12 años, compañero de escuela de mi segundo hijo Eduardo. Le había pedido el teléfono y él se lo dio. De ese muchacho sabía que era un gran lector: devoraba libros y a veces no entregaba sus tareas escolares por que se había pasado la noche leyendo. Me llamó para decirme que de todos los libros que había leído en su aún corta vida ése era el que más le había gustado. En esa novela coral donde el protagonista tiene 12 años había encontrado sentimientos y emociones compartidas. Me emocionó. Otras dos muchachas, menos atrevidas, le hicieron a mi hijo comentarios parecidos.
Que un público adulto me hiciera llegar comentarios elogiosos era algo para agradecer: el libro es una fábula sobre la vida y sobre la esperanza más allá de la muerte y para aquellos que se acercan a ese último viaje el libro les colma de expectativas felices.
¿Pero qué podía aportar a los niños?
Creo que ellos poseen la inocencia, perdida ya para muchos adultos, de creer en un cielo, de creer en los seres de luz, pero también en las tinieblas y en los ángeles caídos. Y que la emoción que los niños sienten también es más pura, más limpia porque poseen el tesoro de la imaginación más libre.
Creo que con este libro conseguí una obra dirigida a toda la familia donde cada generación puede extraer valiosos mensajes para reconocer a esta vida como el mejor de los viajes y el más allá como un destino final justo y hermoso. Cuando, en una de las múltiples presentaciones de este libro en Barcelona se me acercaron diversas personas para agradecerme la escritura de “Llamadas” que tanto les había ayudado en la muerte, siempre dolorosa y reciente de sus seres queridos, supe que mi trabajo había concluido y que ya era momento de dejarle volar, de sumar lectores, de traducirlo a otras lenguas y de brindar al lector esa ayuda, esa fe, esa esperanza que el vivir de cada día menosprecia y agota y que necesitamos como el más pequeño y frágil rayo de luz.
Que así sea.

LLAMADAS DESDE EL CIELO, de Jordi Folck, de venta en las librerías españolas y en Amazon en papel y e-book
Editado por VOCES PÚBLICAS SL

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