CÓMO MATAR LECTORES O CLAVAR UNA ESTOCADA AL LIBRO

Este artículo continua del anterior: “Qué hacer para que el niño y el adolescente se acerque al libro”. O cómo ganar lectores.

Los cazalibros en acción (Barcelona, 2017)

Sé que este blog puede molestar a la comunidad educativa. Muchos docentes heredan  sistemas de trabajo que quedaron desfasados o que pueden ser mejoradas con algo de reflexión. No es mi intención ofender a nadie. Y si alguien se siente así siempre puede responderme con sus comentarios que agradezco y que compartiré.

De hecho no me preocupan tanto los niños lectores, pozo infinito de creatividad como los adolescentes y los jóvenes. A partir de los once- doce años los hábitos lectores caen en picado; es el cambio hormonal, la deriva de/en las tecnologías, la constitución de la tribu como grupo de poder, la primera independencia del hogar familiar… Y de no ser por las lecturas obligatorias (y algunas hermosas excepciones) aquí no leería ni Dios.

El libro como objeto de placer personal acaba siendo, la mayoría de las veces, objeto de castigo. Eso llega cuando el profesor, para confirmar, de una u otra forma que el libro se ha leído, pasa un examen o un text de lectura a sus alumnos. Se sorprenderían lo extendida que está esta costumbre.

El lector obligado o lector a la fuerza  lee el libro fijando en estructuras en personajes, en la trama principal, en la secundaria, en el ritmo narrativo, en las elipsis, en diálogos, en atmósferas y también en géneros literarios, en la vida y obra y milagros y penurias del autor… y así, sinceramente, no hay quien lea. Esa atención y concentración tan necesaria para que la lectura fluya libremente se estanca en mil y un detalles donde el fondo  (no así la forma)  ya no importa. Se les secuestra del placer lector para un examen que deberán aprobar.

¿Y su comprensión lectora? ¿No esa esa una lectura mecánica, y quizás, desprovista de emoción?

De la entrevista a Isabel Solé que recomiendo:  https://es.tiching.com/isabel-sole-cenir-la-lectura-a-un-nivel-instrumental-es-limitador/recurso-educativo/764948

Comenta que con frecuencia la enseñanza de la lectura se orienta a saber qué dice el texto y no a la reflexión libre. ¿Qué podemos hacer para cambiar esta perspectiva?
Saber qué dicen los textos está muy bien, el problema es ceñir la lectura a un nivel puramente instrumental porque esto es limitador. Leer nos permite saber qué dicen otros sobre un tema, pero también nos permite reflexionar pensar sobre lo que nosotros mismos pensamos. Es una función de la lectura más epistémica, orientada a mejorar nuestro conocimiento y de lectura crítica. Sabernos situar delante de los textos es importante.

¿Aprobar la lectura de un libro? ¿Se puede pensar en peores maquinaciones?  ¿Y no habría otras formas de saber , por parte del docente que ese libro se ha leído? ¿No puede abrirse un debate constructivo en el que todos los alumnos participen sobra la lectura incidiendo, especialmente , en el no lector, en aquel a quien le cuesta leer? No le resultará difícil al profesor descubrir, sin necesidades detectivescas, quién penetró en el libro o quien se asomó con un “uff” a la portada y allí lo dejó. Y muchas veces los errores del rincón del vago, hechos por alumnos vagos, acaban delatando a quien no leyó.

Mi libro de terror  “El manuscrito de las bestias” (Barcanova/Anaya)  lectura obligatoria  en muchos institutos aparece en el rincón del vago  con una interpretación errónea del final lo que permitirá al profesorado descubrir a los haraganes y sin que estos sepan el  cómo y el por qué

¿Por qué “el rincón del vago” tiene tanto éxito?  Ahí hay resúmenes, definición de personajes, situaciones, escenas… basta con leer memorizar o sacar una chuleta para aprobar. ¿Y qué pasó? Que el lector aprueba pero no leyó ese libro. En otro capítulo hablaremos de los listados de lecturas obligatorias que deberían abrirse mucho más. Así que ni el examen /test sirve de nada. Se les robó el placer de leer y el docente recibió, posiblemente, un engaño perpetrado como tantos otros por alumnos que tiene  prisa por crecer y abandonar las aulas.

Y ese libro obligatorio, que es material escolar acaba siendo una  obligación más en el curso…   Lectores convertidos en no lectores de por vida que relacionaran lectura con obligación escolar ( tampoco hay que ser tremendista: tampoco significa que se pierdan para siempre) .

Dejo abierto el debate de como podrían cambiarse los controles periódicos para lograr menos vigilancia (y control) y más placer lector que es lo que, al fin y al cabo, importa: el libro como un viaje, como una experiencia, como un descubrimiento, como una respuesta.

 

Continuará. Mis recomendaciones

5.AMPLIAR LA LISTA DE LECTURAS OBLIGATORIAS
6.EL LIBRO CUBRE NECESIDADES…¿CUÁLES? CADA LECTOR NECESITA A SUS LIBROS

Fotografía propia: Festes de Gràcia a Barcelona, agosto 2017

Web de escritor: www.jordifolck.cat

Web de editor: www.veuspubliques.cat

JORDI FOLCK ENTRA EN ACCIÓN (2) o LA ANIMACIÓN LECTORA

Continua desde el artículo anterior donde desplegaba un método propio para incentivar la lectura. O cómo el escritor debería convertirse en actor y el lector adolescente en público fiel.

4.La comunicación no verbal –o el gesto- es otro de los canales que el creador-promotor tiene que dominar conjuntamente con el habla, la mirada, el gesto (e incluso la indumentaria). Se trata de divertirse un mismo en el foro, y de divertir/animar a los demás generando un contagio anímico, una confianza que el lector agradece. Se trata que descubra, a mi manera de ver, una persona disciplinada, que trabaja en/ y con la inspiración y que sabe comunicar, que pasea la mirada por todos y cada uno de los niños, que invita a leer como uno de los juegos más animados al alcance de todo el mundo y que apuntala con un gesto enérgico sus manifestaciones. Cuando hablo de “La dona vestida de negre” que trata de las obsesiones amorosas y de sus peligros, de las parejas que acaban sus relaciones a golpe de whatsapp me convierto en una enamorada pánfila que espera los mensajes de su enamorado cómo si perdiera la vida en ello mientras observo el móvil como si fuera la última salvación de la humanidad entera a la vez que despierto la hilaridad más dichosa. Cuando hablo de “Nadie es un zombi” que trata sobre la intolerancia en la escuela pido a los alumnos que cuenten cuántos puntos “zombis” los alejan de su humanidad haciendo el gesto de abandonar el aula si hay peligro de contar con algún zombie enganchado al televisor y a las pantallas o que no lee bastante o que hace de los siete pecados capitales una manera de vivir. Cuando les hablo del “Manuscrito de las bestias”, novela de terror, bajo la voz para atraerlos a una pesadilla…mientras lanzo una mirada al vacío como quien observa una aparición fantasmal, a la vez que los jóvenes lectores giran la cabeza atemorizados…Divertimento, entusiasmo, entrega, pasión, arrebatamiento que hacen de la lectura una experiencia para todos los sentidos. “La vida es un escenario” escribió Shakespeare y también en el aula de una escuela.

5. El escritor es el canal, donde las letras cobran cuerpo, una parabólica, el punto para mover el mundo, para sacudir conciencias en formación. Y sea con el apoyo visual de un power point que secunda el discurso, sea con la fuerza de la palabra hace falta que el escritor se transforme en un gran contador de historias. Aquello que escribía el psiquiatra Eric Berne… “si un cuento es el hueso, contarlo es la carne, la parte más jugosa para clavar un buen mordisco. Toda narración tiene cercanías, es decir el conjunto de temas sugeridos por cada historia que se comparten con el lector, a quien se pide apoyo, que haga palanca, que acabe haciendo suyas las obsesiones del escritor. Se le abren nuevos mundos, se le ayuda a descubrir que bajo el mantel hay un submarino (con permiso del gran Joan Barril) y que, llevado por la emoción vuelva al libro, que lo continúe (si lo abandonó) o que lo termine si no lo ha hecho. Es, insisto, el contagio anímico del escritor feliz que “vende” su historia y que atrapa lectores, que hace revivir las letras con su vehemencia. En una palabra, la vigilancia y la atención del estilo propio como un sello identificador. Cada cual a su manera. Un foro como una actuación/animación, un “bolo” teatral que hace público/lectores. Una voz literaria que se desdobla con una voz pública y notoria. Un foro escolar no es la presentación amodorrada, tediosa, fastidiada de un libro sino una apuesta firme, decidida y esforzada para ganar lectores fieles.

6. Termino: hay que conseguir un lector agradecido que apueste por nuevas lecturas más allá de las obligatorias. Hay que intentar un principio de amistad a través de las redes sociales, que en cierto modo el lector pueda tener acceso al escritor –punto conflictivo y debatido en cantidad suficiente- y vea su proximidad aunque sea sólo por el intercambio de un saludo o un agradecimiento o una recomendación. Firmar los libros, al terminar el foro, agradecer públicamente las actividades de lectura, los trabajos manuales, aceptar fotografiarse con los alumnos (cada cual con su modestia) transforma la presentación de un libro en un acontecimiento escolar/social. En aquellas ocasiones en que, al abandonar la escuela, algunos padres me han pedido una fotografía con sus hijos descubro un gran arrobamiento mutuo, un trato especial cuando el escritor de literatura infantil y juvenil, tan olvidado, consigue un estatus de estrella, estrella, pero, cercana, amable, cordial, aquel a quien invitarías a cenar cuando el libro y el autor se han convertido en un asunto de familia. Acostumbro a obsequiar puntos de libros propios, gafas folckfantásticas y materiales complementarios que completan la experiencia. La animación lectora continua en casa.

Y 7. Cuál es el precio de un foro? Pasárselo bien –unos y otros – no tiene precio, como no tiene precio dejar huella en el alma de un lector. Cuando la actuación es terminada llegan las firmas: hay mucha discusión al respeto. No acostumbro a visitar escuelas donde socializan los libros. A veces la escuela no ha compartido toda la información y me encuentro que pertenecen a la biblioteca escolar. Los libros son piezas fundamentales de la biblioteca del niño y aquel es su lugar al cual el niño volverá, tarde o temprano. Nunca firmo “papeles” si el libro es socializado. Cuando el libro pertenece al niño creo que es bueno hacer una buena dedicatoria en los libros o en las cuartillas que, aquellos que han olvidado el libro, te ofrecen con cierta culpabilidad. Y la dedicatoria que incluye el nombre del niño, unas palabras y la firma convierte aquel libro en un libro especial que será exhibido como un triunfo ante los padres. Por lo tanto creo que no hay que tener prisa al cumplir con el rito de las dedicatorias y las firmas. Yo intento una caligrafía gótica en los libros de terror; una letra pequeña y redonda en los de humor. También, en una hoja en blanco hay espacio por el arte. Y así, pienso que aquel libro se ha transformado en un libro único y especial, la obra literaria embellecida que, me gustaría pensar, guardarán con especial predilección.

En el fondo asumo el papel de publicitario: observar el mercado y (feedback incluido) y hacer el producto a medida variando si hace falta a partir de la recepción y de los “imputs” recibidos por el público objetivo: los lectores. La animación lectora  se construye a partir del lector y de sus características

Pido excusas si el lector considera mi artículo solo la defensa de una exageración. Insisto. En quince años y más de 400 conferencias ante niños he podido identificar un “máximo común denominador “.

Mío y, si quiere probarlo, también suyo.

 

Fotografia (cedida) Alumnes lectors del Parc del Saladar a  Alcarràs, a Lleida

LA ANIMACIÓN LECTORA O LA CREATIVIDAD ENTRA EN ACCIÓN (1)

Insisto: para lograr jóvenes lectores y generaciones futuras de devoradores de libros es necesario…
1. Fomentar la creatividad entre los más jóvenes a partir de los 11 años para evitar ese socavón que viene y que es el responsable del descenso de lectores  adolescentes hasta que llegan a la universidad y aterrizan de nuevo.
2. Animar a leer en las escuelas (donde a menudo se cortan las ganas de leer después de los exámenes o pruebas de control a los que el lector debe someterse sí o sí). Esto pasa también por los autores, de visita por las escuelas que deben convertir la experiencia lectora en algo divertido, singular y con que el lector tenga ganas de meterse de nuevo en el libro y de conocer a nuevos autores.  ¡Qué afortunados son los lectores del s.XXI al conocer de primera mano a Jordi Sierra i Fabra, a Care Santos y a tantos que visitan regularmente los centros educativos donde su obra es recomenadada!. Que placer  no hubiera sido el mío de conocer a mis héroes literarios que, en los 70 eran Joaquim Carbó (La Casa sota la sorra) ,  Sebastià Sotorra (El zoo de Pitus)  Emili Teixidó (Diego, Berta y la máquina de rizar niebla)…

De eso va el artículo de esta domingo caluroso: de la responsabilidad del autor de hacer lectores con pasión. De otras medidas o recomendaciones hablaremos en próximos posts.

Este año 2017 celebro, invitado por varias editoriales (muy especialmente Barcanova) y por la Institución de las Letras Catalanas, quince años de foros. Son más de 400 charlas que me obligan, con gusto, a compartir esta experiencia siempre enriquecedora, nunca decepcionante. Al paso del tiempo como el picapedrero que afina el golpe para sacar la mejor melodía y el más bello resultado de la piedra ( y ríanse pero hay molleras muy duras) uno acaba dibujando un tipo de decálogo, nacido de la experiencia y de probar e incorporar nuevos registros.

Todavía quedan escritores que comparan una charla en las escuelas con una clase magistral de aquel que habla, de aquel que escucha. Otros hacen un ejercicio de improvisación del “a ver qué pasa” y a “ver qué preguntas me hacen” y ovillo y desovillo a gusto. Y creo que ambos se equivocan.

Dudaba en el momento de titular esta crónica si encabezarla con un titular muy Truffaut tipo “400 foros, los 400 golpes” pero he preferido llamar la atención con un grito que responde, de mejor manera al objetivo del artículo que sería: toda animación lectora debería contar con más elementos de espectáculo (oratorio y teatral) que de conferencia o exposición. Y si me lo aceptan, un buen golpe (y memorable) encima las emociones del lector, si el libro lo permite.

Cuando escuelas e institutos me piden con insistencia que vuelva, año tras año, obsequiándome con una sentencia tan favorecedora como “hay un antes y uno después de tu visita” reconozco que mi pequeño orgullo lo agradece. Los escritores de literatura infantil y juvenil tenemos pocas satisfacciones: los medios de comunicación nos olvidan, el lector adulto nos toma como “aprendices de literatura adulta”, y algunas librerías nos “guardan” en los últimos o en los primeros estantes a la altura de “esos locos de pantalón corto” pero lejos de los prescriptores/ compradores o en esa esquina o recodo, la segunda estrella a la derecha… Cómo escribía Eva Piquer somos “los invisibles”. Cómo no es mi intención desahogarme en nuestras misiones imposibles acelero el mensaje y entro de pleno en aquello que me trae a practicar un tipo de decálogo de cosecha propia que admite todos los debates y discusiones del mundo advirtiendo, pero, que a mí, me funciona.

1. Un creador literario en el siglo XXI debe ser consciente que, en tiempo de las nuevas tecnologías, la atención del joven lector se dispersa con comodidad. Hay que recordar, de nuevo,  el libro de Nicholas Carr sobre “Qué está haciendo Internet sobre nuestras mentes” (Superficiales, 2010) sobre los déficits de atención que implica permanecer en cinco escenarios al mismo tiempo: el estudiante actual ve televisión a la vez que envía emails desde la tablet, responde whatsups y mantiene, a la vez, una conversación familiar e incluso se mueve por sus redes sociales (a veces falseando su edad) como pez por el agua? Un creador no puede sentarse detrás de la mesa del maestro y soltar sus reflexiones en espera de silencio, admiración y empatía del lector cuando reproduce, posiblemente, la actitud del maestro que sobrelleva cuatro o cinco horas diarias de clase o más. Todo escritor debe poseer cierta conciencia escénica y, en la medida de sus posibilidades considerar que el aula es un plató por el cual menearse obligando, si hace falta, a los alumnos a seguirlo a lo largo del aula. A veces pasar el power point obliga a guardar cobijo junto al ordenador y la pantalla o, si es pizarra digital a su sombra. A menudo pido ayuda a maestras o alumnas para este trabajo mecánico o un mando a distancia pero evito esclavizarme en un solo punto clavando allí mi bandera. Del mismo modo si paso en “streaming” la conversación busco algún colaborador con mi teléfono móvil en mano (o en trípode de sobremesa)

2. Creatividad escénica implica también “actuación”. Admiro al escritor catalán Jaume Copons cuando se atavía con una túnica y se convierte en un maestro Jedi (o quizás monje benedictino) presentando su “Sant Jordi de las Galaxias” o cuando la glamurosa Núria Pradas imita a Tía Adela de viajes por el mundo (especialmente en el público más infantil) Y entramos en la clave de vuelta de este modesto decálogo: toda animación lectora necesita ser interpretada en clave teatral (con hábitos o sin) pero con conciencia llena de que, aquella hora, hora y media de foro tiene que hacer todavía más memorable el libro y el autor y evidenciar que la literatura debe ser, antes de que nada, amena, sea comedia o drama el tema que nos ocupa. De aquí el titular que no querría que nadie juzgara como invitación frívola y sí como mesa de debate. Un creador debería encomendar, entusiasmar, animar la audiencia. Eso sí es hacer lectores animados y fieles donde continente y contenido empuñan, tal vez, la misma arma. Si, como es sabido “enseñar es emocionar”, hablar de un libro es hacerlo revivir, servir a la literatura y a sus lectores, entronizarla a un lugar privilegiado del cual ha sido desterrada, convertirla en la vasija de emociones en el cual fue concebida. La Creatividad de ser distintos, únicos y ganarnos un ligar en la retina del joven espectador.

3. “Actuación” implica “dominio de la voz” y de sus recursos. Creatividad también en la expresión. Para evitar aquello que se conoce como “rollo” uno tiene que guarnecer su expresión verbal de cambios de tono –levantar o subir la voz– practicar los silencios, imitar otras voces, encarnar personajes o, especialmente en la novela realista, denunciar los hechos que nos ocupan con la rabia y el tono correspondiente. Me gusta literalmente dejar “clavados” los niños a sus asientos, pasando de la reflexión al grito, subrayar las palabras de valor con largos silencios mientras añado la comunicación verbal. Reconozco que los niños agradecen mucho más esta actuación que los jóvenes que, a menudo, parecen perdidos de planeta a quién nada ni nadie conmueve. Esta actuación y dominio de la voz acaban convirtiéndose en una estructura secreta que se repite en cada foro cuando se trata del mismo libro: uno descubre que repite las mismas palabras en el mismo orden y la misma escalera de entonaciones y que, ante un feedback poderoso, refuerza y modifica aquellas partes para una repercusión retórica más grande. Sí, hemos pasado de la exposición a la persuasión. Tal vez, de la indiferencia a dejarles boquiabiertos. ¿Acaso los Hermanos Marx no probaban sus gags en el teatro para incorporar después a los films?  O la “creatividad aplicada” . Del mismo modo uno prueba y prueba la manera de decir hasta encontrar la manera más adecuada para cada público lector. Y “remata” el “trabajo” con una estocada expresiva.

(continuará en breve)

Foto: (cedida) Fòrum a l’Escola Mare de Déu de l’Acadèmia a Lleida