LA ANIMACIÓN LECTORA O JORDI FOLCK ENTRA EN ACCIÓN (1)

Insisto: para lograr jóvenes lectores y generaciones futuras de devoradores de libros es necesario…
1. Fomentar la creatividad entre los más jóvenes a partir de los 11 años para evitar ese socavón que viene y que es el responsable del descenso de lectores  adolescentes hasta que llegan a la universidad y aterrizan de nuevo.
2. Animar a leer en las escuelas (donde a menudo se cortan las ganas de leer después de los exámenes o pruebas de control a los que el lector debe someterse sí o sí). Esto pasa también por los autores, de visita por las escuelas que deben convertir la experiencia lectora en algo divertido, singular y con que el lector tenga ganas de meterse de nuevo en el libro y de conocer a nuevos autores.  ¡Qué afortunados son los lectores del s.XXI al conocer de primera mano a Jordi Sierra i Fabra, a Care Santos y a tantos que visitan regularmente los centros educativos donde su obra es recomenadada!. Que placer  no hubiera sido el mío de conocer a mis héroes literarios que, en los 70 eran Joaquim Carbó (La Casa sota la sorra) ,  Sebastià Sotorra (El zoo de Pitus)  Emili Teixidó (Diego, Berta y la máquina de rizar niebla)…

De eso va el artículo de esta domingo caluroso: de la responsabilidad del autor de hacer lectores con pasión. De otras medidas o recomendaciones hablaremos en próximos posts.

Este año 2017 celebro, invitado por varias editoriales (muy especialmente Barcanova) y por la Institución de las Letras Catalanas, quince años de foros. Son más de 400 charlas que me obligan, con gusto, a compartir esta experiencia siempre enriquecedora, nunca decepcionante. Al paso del tiempo como el picapedrero que afina el golpe para sacar la mejor melodía y el más bello resultado de la piedra ( y ríanse pero hay molleras muy duras) uno acaba dibujando un tipo de decálogo, nacido de la experiencia y de probar e incorporar nuevos registros.

Todavía quedan escritores que comparan una charla en las escuelas con una clase magistral de aquel que habla, de aquel que escucha. Otros hacen un ejercicio de improvisación del “a ver qué pasa” y a “ver qué preguntas me hacen” y ovillo y desovillo a gusto. Y creo que ambos se equivocan.

Dudaba en el momento de titular esta crónica si encabezarla con un titular muy Truffaut tipo “400 foros, los 400 golpes” pero he preferido llamar la atención con un grito que responde, de mejor manera al objetivo del artículo que sería: toda animación lectora debería contar con más elementos de espectáculo (oratorio y teatral) que de conferencia o exposición. Y si me lo aceptan, un buen golpe (y memorable) encima las emociones del lector, si el libro lo permite.

Cuando escuelas e institutos me piden con insistencia que vuelva, año tras año, obsequiándome con una sentencia tan favorecedora como “hay un antes y uno después de tu visita” reconozco que mi pequeño orgullo lo agradece. Los escritores de literatura infantil y juvenil tenemos pocas satisfacciones: los medios de comunicación nos olvidan, el lector adulto nos toma como “aprendices de literatura adulta”, y algunas librerías nos “guardan” en los últimos o en los primeros estantes a la altura de “esos locos de pantalón corto” pero lejos de los prescriptores/ compradores o en esa esquina o recodo, la segunda estrella a la derecha… Cómo escribía Eva Piquer somos “los invisibles”. Cómo no es mi intención desahogarme en nuestras misiones imposibles acelero el mensaje y entro de pleno en aquello que me trae a practicar un tipo de decálogo de cosecha propia que admite todos los debates y discusiones del mundo advirtiendo, pero, que a mí, me funciona.

1. Un creador literario en el siglo XXI debe ser consciente que, en tiempo de las nuevas tecnologías, la atención del joven lector se dispersa con comodidad. Hay que recordar, de nuevo,  el libro de Nicholas Carr sobre “Qué está haciendo Internet sobre nuestras mentes” (Superficiales, 2010) sobre los déficits de atención que implica permanecer en cinco escenarios al mismo tiempo: el estudiante actual ve televisión a la vez que envía emails desde la tablet, responde whatsups y mantiene, a la vez, una conversación familiar e incluso se mueve por sus redes sociales (a veces falseando su edad) como pez por el agua? Un creador no puede sentarse detrás de la mesa del maestro y soltar sus reflexiones en espera de silencio, admiración y empatía del lector cuando reproduce, posiblemente, la actitud del maestro que sobrelleva cuatro o cinco horas diarias de clase o más. Todo escritor debe poseer cierta conciencia escénica y, en la medida de sus posibilidades considerar que el aula es un plató por el cual menearse obligando, si hace falta, a los alumnos a seguirlo a lo largo del aula. A veces pasar el power point obliga a guardar cobijo junto al ordenador y la pantalla o, si es pizarra digital a su sombra. A menudo pido ayuda a maestras o alumnas para este trabajo mecánico o un mando a distancia pero evito esclavizarme en un solo punto clavando allí mi bandera. Del mismo modo si paso en “streaming” la conversación busco algún colaborador con mi teléfono móvil en mano (o en trípode de sobremesa)

2. Conciencia escénica implica también “actuación”. Admiro al escritor catalán Jaume Copons cuando se atavía con una túnica y se convierte en un maestro Jedi (o quizás monje benedictino) presentando su “Sant Jordi de las Galaxias” o cuando la glamurosa Núria Pradas imita a Tía Adela de viajes por el mundo (especialmente en el público más infantil) Y entramos en la clave de vuelta de este modesto decálogo: toda animación lectora necesita ser interpretada en clave teatral (con hábitos o sin) pero con conciencia llena de que, aquella hora, hora y media de foro tiene que hacer todavía más memorable el libro y el autor y evidenciar que la literatura debe ser, antes de que nada, amena, sea comedia o drama el tema que nos ocupa. De aquí el titular que no querría que nadie juzgara como invitación frívola y sí como mesa de debate. Un creador debería encomendar, entusiasmar, animar la audiencia. Eso sí es hacer lectores animados y fieles donde continente y contenido empuñan, tal vez, la misma arma. Si, como es sabido “enseñar es emocionar”, hablar de un libro es hacerlo revivir, servir a la literatura y a sus lectores, entronizarla a un lugar privilegiado del cual ha sido desterrada, convertirla en la vasija de emociones en el cual fue concebida.

3. “Actuación” implica “dominio de la voz” y de sus recursos. Para evitar aquello que se conoce como “rollo” uno tiene que guarnecer su expresión verbal de cambios de tono –levantar o subir la voz– practicar los silencios, imitar otras voces, encarnar personajes o, especialmente en la novela realista, denunciar los hechos que nos ocupan con la rabia y el tono correspondiente. Me gusta literalmente dejar “clavados” los niños a sus asientos, pasando de la reflexión al grito, subrayar las palabras de valor con largos silencios mientras añado la comunicación verbal. Reconozco que los niños agradecen mucho más esta actuación que los jóvenes que, a menudo, parecen perdidos de planeta a quién nada ni nadie conmueve. Esta actuación y dominio de la voz acaban convirtiéndose en una estructura secreta que se repite en cada foro cuando se trata del mismo libro: uno descubre que repite las mismas palabras en el mismo orden y la misma escalera de entonaciones y que, ante un feedback poderoso, refuerza y modifica aquellas partes para una repercusión retórica más grande. Sí, hemos pasado de la exposición a la persuasión. Tal vez, de la indiferencia a dejarles boquiabiertos. ¿Acaso los Hermanos Marx no probaban sus gags en el teatro para incorporar después a los films? Del mismo modo uno prueba y prueba la manera de decir hasta encontrar la manera más adecuada para cada público lector. Y “remata” el “trabajo” con una estocada expresiva.

(continuará en breve)

Foto: (cedida) Fòrum a l’Escola Mare de Déu de l’Acadèmia a Lleida

CREATIVIDAD Y JÓVENES, UNA ALIANZA IMPRESCINDIBLE

Creatividad es “sinónimo de pensamiento divergente, es decir, capacidad de romper continuamente los esquemas de la experiencia. Es creativa una mentalidad que siempre está trabajando, siempre haciendo preguntas, descubriendo problemas allí donde los demás encuentran respuestas satisfactorias, allí donde los demás huelen sólo peligros. Creatividad es la capacidad de juicios autónomos e independientes (incluso del padre, del maestro y de la sociedad), que refuta lo que está codificado, que re-manipula objetos y conceptos sin dejarse. La función creativa de la imaginación pertenece al hombre común, al científico, al técnico; es esencial tanto en los descubrimientos científicos como en el nacimiento de la obra de arte; es incluso condición necesaria para la vida cotidiana” …
Gianni Rodari

Durante demasiados años la creatividad ha sido demasiado frecuentemente asociada a la bohemia, a esa “panda de artistas” de la que muchos padres y abuelos renegaban. Ser pintor, escritor, músico, escultor o malabarista era, para muchos progenitores, un destino final que suponía la muerte (económica) en vida.
Fue Howard Gardner, premio Príncipe de Asturias 2011 quien asentó las bases de las 8 inteligencias múltiples con lo que demostraba que el cerebro hijo de médico y nieto de médicos o abogados o funcionarios del Gobierno podía no estar hecho de la misma pasta que sus antecesores y que sus talentos, mal a quien pesara, eran otros. De la lista de creadores encerrados en fábricas o mercadeos malviviendo hasta ser rescatados por sus dotes de genio o firmes convicciones artísticas debería escribirse una larga crónica.

Con diecisiete años Joan Miró acabó sus estudios de comercio y entró a trabajar durante dos años como empleado en una droguería, hasta que una enfermedad le obligó a retirarse a una casa familiar en el pueblo de Montroig. Cuando regresó a Barcelona, ya tenía la firme resolución de ser pintor y aunque con reticencias, también contaba con el permiso paterno.

Muchos biógrafos afirman que en 1839, Julio Verne a los once años, se escapó de casa para ser grumete en un mercante que viajaba a India con la intención de comprar un collar de perlas para su prima Caroline (de quien estaba enamorado), pero su padre alcanzó el barco y bajó a Julio. Otros, con mayores argumentos, sostienen que era para escapar se la carrera de jurisprudencia que le estaba reservada al crecer.

En las aulas no se habla de creatividad más allá de las clases de artes plásticas o en el patio cuando los jóvenes curiosean entre series de televisión o filmes desde la patética “13 razones” a la épica “Juego de Tronos” incluyendo los videojuegos si el asalto de los móviles lo permite. Si se hiciera una breve lista de áreas en las que participa, de una o otra forma, la creatividad deberían mencionarse, así, en mayúsculas, a SOCIEDAD, POLÍTICA, ECONOMÍA, INGENIERÍA, TECNOLOGÍAS, CIENCIA, ARTES PLÁSTICAS, FOTOGRAFÍA, ARQUITECTURA, CINE, LITERATURA, MODA, COCINA, TEATRO, DANZA, MÚSICA, PERIODISMO, EDITORIAL, PUBLICIDAD, EDUCACIÓN / FORMACIÓN, RELACIONES PÚBLICAS ESCUELA / UNIVERSIDAD …
Si pudiéramos centrar los temas en los que  la CREATIVIDAD se mueve, gira y se fundamenta encontraríamos una larga lista de 50. Ustedes pueden apuntar otras tantas, posiblemente.
Si me permiten, mi lista (escrita más con el corazón que con la cabeza)…

1. LA GENERACIÓN DE IDEAS 2. LA INTUICIÓN 3. LA INSPIRACIÓN
4. EL EUREKA (EL DESCUBRIMIENTO) 5. LA TERCERA CULTURA 6. TRABAJO Y DISCIPLINA
7. LA BÚSQUEDA DE LAS IDEAS 8. EL BLOQUEO MENTAL 9. FRENOS Y OBSTRUCCIONES 10. LAS ASOCIACIONES DE IDEAS
11. EL BRAINSTORMING O EL PENSAMIENTO COMPARTIDO 12. UNA TÉCNICA PARA PRODUCIR IDEAS DE WEB YOUNG 13. DE POINCARÉ A ROBERT J STERNBERG. DE MANUELA ROMO A JOSE MARIA RICARTE. LOS TEÓRICOS DE LAS IDEAS
14. EL ÁMBITO O LOS GUARDIANES DE LA CREATIVIDAD 15. EL DOMINIO DEL CAMPO DE TRABAJO 16. LA MOTIVACIÓN INTRÍNSECA 17. LA HERENCIA GENÉTICA
18. LA PERSONA INDIVIDUAL Y EL TALENTO 19. PSICOLOGÍA DE LA CREATIVIDAD 20. LA INFANCIA COMO FUENTE definidora de la personalidad 21. LA CREATIVIDAD DESTRUCTIVA (LAS DICTADURAS O EL GOBIERNO DE LAS IDEAS)
22. Inventio, Dispositio, Elocutio, Memoria y Acción 23. LOS MAPAS MENTALES 24. LAS TEORÍAS DE CREATIVIDAD PUBLICITARIA 25. EL PENSAMIENTO LATERAL VS. EL PENSAMIENTO HORIZONTAL
26. LA SERENDIPIA 27. EL LENGUAJE, LA EXPRESIÓN 28. LA NEUROCIENCIA 29. LA ESCUELA, EL FRACASO DE LA CREATIVIDAD 30. LA VOCACIÓN, LA EXPERIENCIA 31. CREATIVIDAD Y EMPRESA
32. ORÍGENES DE LA CREATIVIDAD 33. LA CREATIVIDAD COMO BIEN DIVINO? 34. EL SER CREATIVO .. SE NACE O SE HACE EL CREATIVO? 35. EL ESTADO CREATIVO … INTERMITENTE O ESTABLE? (la actividad autotélica) 36. EL PRODUCTO CREATIVO
37. HERRAMIENTAS DE ANÁLISIS Y CONTROL DEL RESULTADO CREATIVO 38. LAS MENTES CREATIVAS. APORTACIONES DE HOWARD GARDNER 39. LA TEORÍA DE LOS DIEZ AÑOS DE GLADWELL & GARDNER
40. EL COEFICIENTE DE INTELIGENCIA 41. CREATIVIDAD VERSUS INTELIGENCIA 43. LAS INTELIGENCIAS de HOWARD GARDNER 43. DEPRESIÓN Y CREATIVIDAD 44. EL CASTIGO COMO REPRESIÓN 45. MODISMOS O FRASES HECHAS para culpabilizar a los soñadores 46. EL FLUIR (FLOW) EL TRABAJO DE Mihaly CZISCZENMIHALYI 47. CREATIVIDAD COMO VASOS COMUNICANTES Y TRANSVERSALES O EL EJERCICIO DEL POLIFACETISMO COMO LA MÁS BELLAS DE LAS ARTES. 48 LA METAFÍSICA DEL PODER CREATIVO 49. EL DESCALABRO DE LAS UNIVERSIDADES NO CREATIVAS. 50 FUTUROS ÓPTIMOS CREATIVOS O LA GANANCIA DEL TIEMPO….

Dicho lo cual como primera conclusión: para que nuestros hijos, nuestros adolescentes, los estudiantes lean más y mejor la primera de las soluciones es CREATIVIDAD APLICADA A PARTIR DE LOS 10-11 AÑOS.
La creatividad enriquecerá sus mentes, incrementará su sensibilidad (un valor en involución permanente) su propia identidad, su sentido de comunidad, sus ansias de viaje, de exploración propia y ajena,  el reconocimiento de las propias emociones, la expresión oral y escrita, el vocabulario y esa necesidad de asomarse a otros mundos, a otros personajes que alimentaran, desde entonces, su aventura vital.

IMAGEN: Diseño promocional propio

LOS JÓVENES NO NECESITAN LIBROS Y SÍ CREATIVIDAD (y ya los libros vendrán después)

Como la comunidad educativa está siempre de acuerdo con mis crónicas y todos los escritores se fueron ya de vacaciones (olvidando su espíritu crítico) voy a intentar, en una pura provocación, llamarles la atención para que, los unos y los otros, se sumen a un debate enriquecedor.
Esta crónica sigue, persigue o continua la anterior y añade más leño al fuego (crematorio) en el tándem tecnologías-jóvenes en un pentagrama de canciones que no suenan como deberían al que añadimos otro tándem rezagado que es ¡libros-educación! (lo que resulta una especie de abracadabra inverso donde se cierran todas las cuevas del saber).
En resumen, lo dicho: los jóvenes hiperconectados, especialmente entre los 11 y los 18 les dan la espalda a los libros.
Copio y pego del anterior post:

En conclusión, se trata de que la lectura sea un acto voluntario (más allá de las prescripciones educativas y de la lista de lecturas obligatorias) de disfrute y enriquecimiento consciente y que un libro lleve a otro.
¿Cómo aumentar el disfrute, sus emociones, su intensidad lectora, como animar a devorar libros sin que ello obstaculice su acceso a las tecnologías conviviendo ambas en una relación mucho más armónica? Cambiando su cerebro. Necesitando leer para disfrute y para beneficio personal.
La CLAVE: CREATIVIDAD PARA UN CEREBRO CREATIVO FELIZMENTE ANIMADO

Definiré en 7 puntos el por qué la lectura es un campo de batalla profesor-alumno donde gana el primero pero sin que el propio lector se haya presentado a la batalla o sin que aparezcan los cuerpos después del combate: simplemente porqué, insisto, ellos no estaban allí.
1. A algunos docentes no les importa matar lectores: debe ser uno muy cerrado o muy académico (que en ocasiones son sinónimos) para recomendar la lectura, en el mismo curso de “La regenta” de Clarín” y Don Quijote de la Mancha”. Pese a eso, mi hijo Aleix con 15 años sobrevivió a la afrenta y hoy es un destacado lector.
2. Si expulsáramos las lecturas obligatorias pocos leerían. Me atrevo a augurar que apenas un 10%. Tomen como fuente fiable mis experiencias en el aula con más de 400 visitas a escuelas donde mis libros son lectura obligatoria y mis charlas con el profesorado sobre lectura. Las prescripciones son necesarias porque de lo contrario no quedaría nadie al otro lado. Pero…
3. Muchos docentes realizan controles de lectura o exámenes sobre los libros lo que convierte a la aventura de leer en una caza despiadada, al libro en un libro de texto más, en una obligación escolar de la que deberá rendir cuentas. No tengo respuestas a cómo el profesorado debería acometer esa hazaña de “saber” que se ha leído. Les puedo adelantar una pequeña pista: a menudo frente a mis colas de estudiantes que piden su dedicatoria y su firma es algo que percibo de manera inmediata: basta con palpar el libro como lo haría un ciego para descubrir si ésta ha sido usado o no: en los no leídos el corte de la guillotina se mantiene intacto, la caja/tripa del libro sigue siendo la misma, sus hojas no han sido curvadas y huele a tinta encarcelada. No será un método científico pero a mí me empuja a ofrecer a los no lectores una mejor sonrisa e incluso una mejor dedicatoria a la espera de que me complazcan, lo abran, lo lean, lo adelanten o lo terminen. Pero habría que habilitar otras formas que el examen para descubrir a los lectores y a los mentirosos.
4. La diferencia entre los fórums escolares (o animaciones lectoras) entre alumnos de 8 a 11 años y los de “a partir de…” es que los escritores no acostumbramos a existir a pesar de que ocupemos la proa del aula: los más pequeños celebran como una fiesta tu llegada, comparten preguntas, se muestran más sorprendidos, divertidos; los mayores nunca preguntan, escuchan pero se diría que están en alguna otra parte. Quizás, ya adolescentes, son más comedidos en sus afirmaciones y quizás no esté de moda reírle las gracias a un escritor. O sencillamente, no les interesa (y eso que algunos de mis libros son de terror y asesinatos:).
5. La atención y la concentración que un libro reclama no funciona frente al orden tecnológico actual y al unísono: whats, redes sociales y sus múltiples likes, conversación familiar o algo parecido, ver televisión y quizás, también, almorzar o cenar. Es de lo que trata el ya célebre libro de Nicholas G. Carr “Superficiales: Que está haciendo Internet hizo con nuestras mentes” (Taurus, 2015).
6. De ahí que las campañas publicitarias para incentivar la lectura no sirvan para nada: los que ya leen seguirán leyendo, los que no lo hacen seguirán ausentes. Y es que la publicidad no puede cambiar hábitos y de eso estamos hablando, de hábitos lectores. Insistiré en otro post, con mayor profundidad, sobre la incentivación.
7. Algunas escuelas en Catalunya malinterpretando un decreto del olvidable conseller Ernest Maragall (hermano del ex president) aceptaron como ayudas a la compra de materiales complementarios a los libros literarios y los socializaron, hermosa y envenenada palabra lo que supone un duro trago para escritores que ya no visitan las aulas porque los editores ya no pueden pagarles. Uno de los hermosos beneficios de la lectura obligatoria: conocer al autor, departir con él de su libro sigue siendo uno de los mayores beneficios para el lector ahora privado en parte de ese lujo por políticas de escaparate. Así la biblioteca personal perdía su batalla (otra) y la escuela ganaba volúmenes que pasan de año en año, de mano en mano, hasta morir como viejos trapos de cocina aquellos libros bellos. ¿A quién le apetece un libro así?

Dicho lo cual insisto hasta la saciedad que el libro obligado no funciona (quizás solo entre un 10% de alumnos) y que el libro será útil como una medicina, instrumento de ayuda, fuente de sensibilidad y revolucionario tecnológico cuando acudan a él porqué lo necesitan, porque ahí encontraran las claves para conocerse/encontrarse a sí mismos, para resolver sus problemas ( Bruno Bettenheim tenía razón) como caudal de diversión interminable, regalo-promoción de buen vocabulario y palabras mejores ( los buenos lectores ligan más y mejor) y carta blanca para la mejor imaginación del reino. Porqué los libros, en suma, aumentan la creatividad y el goce de vivir.

Quizás llegó el momento de contar qué es creatividad y por qué es tan necesaria para todos. Pero como temo cansarles aplaco aquí mi cólera y les pido que continúen leyendo, el próximo día.

Gracias

Fotografía propia: alumnos de l’Escola Marià Manent de Premià de Dalt

¿Acabarán las nuevas tecnologías con el hábito lector?

Para uno de mis libros imaginé un futuro distópico cuando el ser humano pueda vivir mil años ( lean y escuchen al autor de “La física de lo imposible” de Michio Kaku y verán que es posible). En ese futuro forzosamente iban a crearse clubes de suicidas para, por puro hastío, acabar con su vida.
De la misma manera creo que en ese futuro inmediato hiperconectados, cuando triunfe el internet de las cosas, cuando todo funcione por algoritmos nacerá una nueva clase social, la de los “desconectados” que den la espalda (quizás en parte) a la tecnología y regresen a un “new age” avatariano donde prevalezcan los encuentros, la conversación, el trato humano no interrumpido, y uno prefiera hacer las cosas por sí mismo como se hacía hasta bien entrado el siglo XX.
Uno ya cerró el teléfono móvil y descolgó el fijo, y perdonen ese ejemplo cuando está leyendo o escribiendo harto del coitus interruptus en que acababa convirtiéndose el ejercicio creativo.
Creo que no es preciso viajar hasta el siglo XXI para reconocer que los adultos, habitualmente seres inteligentes, son capaces de desconectar, hoy, de las nuevas tecnologías y que mañana, quizás por hastío vital, seguirán haciéndolo. O sea que podrán seguir leyendo en paz.
Pero de quienes no estoy tan seguro es de los adolescentes y de los jóvenes, especialmente en la franja de edad que nos sitúa entre los 11 y los 18 años (podría ser ampliada hasta los 30 y más) O mucho más: he visto señoras saliéndose del teatro porque debían atender una llamada, advertidas por el vibrador del teléfono, niñatas consentidas whatsapeando en plena proyección de “La Bella y La Bestia” o grupos de jóvenes silenciosos en animados tecleteos con sus móviles. Y de ellos, de sus consciencias e inteligencias en construcción no estoy tan seguro de su capacidad de desconectar.
Yo no puedo imaginarme leyendo “Las minas del Rey Salomón” de Ridder Haggard, pura aventura, atrapado por las penurias de Fantine en “Los Miserables” de Hugo, corriendo hasta la extenuación junto a “Pandora y el Congo” de Albert Sánchez Piñol o volando junto a Mermoz, Guillaumet y Saint Exupéry, ases de la aviación (y de la escritura) en “A Cielo abierto” de Antonio Iturbe entre los avisos y silbidos de muerte del maldito whatsup que me devuelve a la triste realidad y me aleja de esa ficción perturbadora.
Pero yo cumplí mis 55 años y sé lo que quiero para mí. De los “teenagers” o jóvenes distraídos yo ya no estoy tan seguro.
Me encuentro en Cambrils, hace pocos días a una amiga mía y me regala la sentencia que dará pie a esa crónica y a su reflexión, espero compartida.
“Cuando les regalo un libro a mis hijos, lo primero que hacen es observar el grueso del libro para saber cuánto tiempo va a robarles de sus maquinitas” (Ruth García, madre de niños de 9 y 11 años).

 
Ver a niños pequeños utilizando teléfonos móviles es algo absolutamente cotidiano, hasta el punto de que a los 10 años muchos ya tienen su propio smartphone. Según un estudio de la firma norteamericana Influence Central, la edad media a la que los niños estadounidenses obtienen su propio teléfono inteligente está en los 10,3 años.
Este resultado no dista demasiado de los datos de los que disponemos en España. Según el Instituto Nacional de Estadística, la disposición de un teléfono inteligente se incrementa significativamente a partir de los 10 años. En este caso, la mayoría de las criaturas obtiene su primer smartphone entre los 11 años (42,2%) y los 12 años (69,5%), pero un 29,7 % ya lo tienen con 10 años.
Socialmente se visualiza el paso de educación primaria a secundaria como el cambio de etapa vital donde [el móvil] se hace necesario, muchas veces buscando la seguridad de estar localizado para los padres”, afirma el antropólogo y experto en tecnología y familia Jordi Jubany. (La Vanguardia, 23/5/ 2016

Las tecnologías han llegado para quedarse y nada ni nadie las echará, aceptadas por el grueso de la sociedad como una herramienta fundamental de entretenimiento, esparcimiento y relaciones sociales. Con un acceso a internet el resultado de su uso es inmediato, la gratificación absoluta y adictiva para personas de todas las edades, especialmente para los niños y jóvenes que encuentran, así, un juguete 24 horas.
Si les ofrecen elegir entre un teléfono inteligente y un libro inteligente, no habrá ninguna duda en porcentajes que rondarían el 95% /y las estadísticas también se equivocan).
Se trata de convivir con ellas, nunca de hacerles frente: acaban siendo una segunda memoria del usuario, su agenda telefónica, su acceso a redes, GPS y, en última instancia, aplicación arriba, aplicación abajo, un teléfono.
El libro tiene las de perder, por muchos campañas publicitarias y promocionales que puedan emprenderse, por muchas iniciativas de apoyo a la lectura que puedan trascender, por muy grande que sea el entusiasmo de los autores en sus visitas escolares.
Ahora el amigo es el móvil y como decía la poeta Patricia Benito en su primer poemario: “hay gente que preferirá soltar tu mano antes de que se le caiga el móvil”
¿Hay pues que darse por vencidos?
Habría que determinar, en un análisis más profundo, cuáles son las razones para que la generación pantalla, en su mayoría, prefiera las tecnologías que la lectura atenta. De sus beneficios se ha hablado extensamente pero parece ser que estos beneficios, compartidos por los docentes, bibliotecarios, escritores, editores no son percibidos ni entendidos por los usuarios finales.
El uso y abuso de las nuevas tecnologías va a más lo que obliga a la comunidad educativa y la sociedad en general a recargar las baterías y a iniciar actividades de choque para hacer frente a un mañana difícil e incierto.

Tal como recoge TechCrunch alrededor del estudio de Influence Central, otra tendencia es el hecho de que cada vez es mayor el número de niños que acceden a internet desde su propia habitación y no desde un espacio compartido por la familia. En este caso se ha pasado de un 15% en 2012 a un 24% en la actualidad.
¿Significa esto que los padres se están relajando en cuanto al uso de la tecnología por parte de sus hijos? Para responder a esta pregunta Jubany recurre al último barómetro del CIS, en cual se constata que más del 85% de los encuestados estás bastante o muy de acuerdo en que los jóvenes tienen dependencia de las nuevas tecnologías y, al mismo tiempo, que esto es un problema para la educación en familia.
Es necesaria una educación para un uso consciente, responsable, saludable y crítico más allá del entretenimiento, la distracción y el espectáculo de la sociedad de consumo.  (Jordi Jubany, Antropólogo y experto en tecnología y familia  para La Vanguardia)

Se trata pues de sentar las bases de cambios educativos que logren que el libro y la lectura vuelva a ser un disfrute por encima de las tecnologías, tarea no imposible pero si difícil y que puede resolverse, a mi modo de ver, a medio plazo. En conclusión, se trata de que la lectura sea un acto voluntario (más allá de las prescripciones educativas y de la lista de lecturas obligatorias) de disfrute y enriquecimiento consciente y que un libro lleve a otro. Para ello podría objetarse que habría que cambiar el cerebro del adolescente y del joven. Y considerando la plasticidad del cerebro la respuesta es correcta.
¿Cómo modificar conducta y comportamientos, hábitos y preferencias del joven lector, especialmente de secundaria, quien abandona la lectura en masa al llegar los 13-14 años? ¿Cómo conseguir que el lector reciba más en leer de lo que cree recibir? ¿Cómo aumentar el disfrute, sus emociones, su intensidad lectora, como animar a devorar libros sin que ello obstaculice su acceso a las tecnologías conviviendo ambas en una relación mucho más armónica?
Cambiando su cerebro. Necesitando leer para disfrute y para beneficio personal.
Continuará…

“In fraganti” Fotografía propia. Casting. Barcelona, mayo 2017