ÚLTIMAS MALDICIONES DE LOS PREMIOS LITERARIOS: o el tamaño sí importa

Como soy metafísico por naturaleza, positivo por genética y alegre por convicción y, sinceramente, no me gusta ir maldiciendo por ahí, me permitirá el abnegado lector que de un solo soplo o dos  (como el lobo ante la casita de los cerditos) acabe con las tres maldiciones que me corroen por dentro y que ya intente liberarme de ellas y pasar a otra cosa.
Dicen que las maldiciones siempre regresan y yo, con mis (a pesar de todo) nueve premios literarios no deseo, precisamente, que esa suerte o mérito se me eche en contra.
Reconozco, eso sí, que perdí más premios que los que gané.
Impongamos, insisto, la metafísica
Así que vamos por la cuarta de las maldiciones: el espacio de las novelas. O El saber sí ocupa lugar.

Reproduzco una conversación /email de ex alumno de mis cursos de escritura creativa) post-saludo

Alumno Modelo: Pues te hice caso y he escrito en esos tres últimos años dos novelas: una de 400 páginas para jóvenes y que creo que puede ser  un nuevo “harry Potter” y otra para niños de 150. Y bueno, me gustaría publicarlas. Necesito tu recomendación.

Yo: Un autor desconocido hoy lo tiene muy mal para publicar. Te van a pedir cifras de ventas que no tienes, comunidades de lectores que quizás sí, premios que no, ni currículum vitae literario. Lo mejor es que las mandes a algún premio literario

Alumno: ¿Por cuál empiezo? Todos los concursos literarios parecen hechos por Voldemort, que debe ser el editor principal. Ninguna convocatoria  de infantil/juvenil acepta novelas de más de 200 páginas.

Yo: ¡Glups! ¿Y la infantil?

Alumno: No. Menos

Esa conversación nunca ocurrió pero podría: quizás porque mis alumnos universitarios de  ESRP  (UB)   son seres muy inteligentes a los que no les interesa bregar con la fuerza oscura. pero me sirve para analizar la cuestión del formato que no es otra que “maldita la gracia de que un concurso literario establezca bases  con tan pocas miras, con tantos requerimientos en espacio, con una acotación tan brutal en cuanto al número de páginas del original”. Puede parecer una cuestión baladí pero observemos y descubramos como a ninguna editorial española le apetece encontrarse con una saga tipo Harry Potter, con un nuevo Julio Verne, un Mark Twain, un Rider Haggard, un Lewis Carroll ( o con esos monumentos literarios entre los que incluyo “La historia Interminable” o “Momo” de Michael Ende, la prodigiosa “El Museo de los recuerdos robados” de Ralf Isau ni  la “La Guerra de los Botones” escrita en el año 1912 por Louis Pergaud, por citar algunas escasamente “breves” novelas.

El proceso creativo de redacción de una novela  es algo vivo, orgánico: la novela  crece en nuestras manos sin limitaciones de fantasía ni otros impedimentos. Uno empieza y no sabe cuándo encontrará el The End. El escritor vive inmerso en su  fábula, levantando pisos, abriendo caminos, construyendo personajes que, a menudo, se escapan de sus manos y vagan libremente.

Imaginemos a mi imaginario y alumno diciéndose a si mismo… ¡cuidado que el libro sólo puede llegar a las 80 páginas! A eso se llama frenar la inspiración, constreñir el trabajo creativo. Se llama coacción, poner fronteras. No niego que pueda limitarse “por lo bajo” el número de páginas pero las editoriales deberían revisar sus convocatorias. Siempre puede ampliarse un texto con separación de de capítulos, quizás con un cuerpo 13 en vez del 12, con el interespaciado (también prefijado en las bases) y otros recursos. Pero cortar una obra para que concurse  es arrancarle los brazos y las piernas de tajo a un texto como si cuatro caballos furiosos tirasen con visceralidad  de “la obra” . Me refiero, especialmente, a la literatura infantil y juvenil.

Premio Ciudad de Málaga de novela infantil: FORMATO DE LAS OBRAS
La obra se presentará con el título original, sin ningún dato que revele la identidad del autor o autora, se presentarán por quintuplicado, en tamaño DIN-A4, tipo de fuente Arial, cuerpo 12, con interlineado de 1,5 líneas, escritas por una sola cara, paginadas, perfectamente legible, encuadernadas y con una extensión de 25 a 40 páginas.

Premio ANAYA de literatura infantil: de 50 a 100 páginas

Premi EDEBÉ de literatura infantil y juvenil:  extensión de un mínimo de 20 páginas y un máximo de 80.  Y de 80 a 200 para la juvenil

Mejor me parece la convocatoria de el  Barco de vapor cuya extensión máxima (sin mínimos posibles)  es  de 150 páginas, impresas a 1,5 de interlineado y escritas en Times New Roman cuerpo 12.  O el GRAN ANGULAR: La extensión de las obras deberá ser de un máximo de 300 páginas en un solo volumen, impresas a 1,5 de interlineado y escritas en Times New Roman cuerpo 12.

O nuestro querido y veterano (y venerable) Premi Sant Jordi de les lletres catalanes: extensión mínima de 200 páginas

Podría extender mi relación con algunos premios más: el lector hará bien en indagar y descubrir la cantidad alarmante de premios que “acotan” demasiado.

Alguno de los lectores argumentará que eso es ser muy remilgado, escrupuloso, afectado y excesivo: lo que designa la palabra tiquismiquis. 

¿Y aún así qué ocurre cuando en un prodigio creativo uno supera esas dimensiones? En mi caso tengo dos novelas de 350 páginas aprox.   ( del año 2007 y del 2012) que aún no han visto la luz quizás porque  su propia desmesura las expulsa del paraíso de los premios( o porque no encajan con lo mal llamado infantil o juvenil, dos otras etiquetas o trabas que dificultan su encaje). La literatura si es buena es literatura  y basta.

Esa reflexión busca solo “abrir posibilidades” y que algunos editores, mirando hacia otro lado, abran un punto de inflexión: bastaría, a mi modo de ver, determinar, como en los últimos casos, un mínimo o un máximo, una acotación que no limite la libertad creadora y que permita encontrar a tantos escritores  un lugar (una convocatoria) para su novela antes de que , por extensión quede relegada, quizás para siempre, al cajón de los libros olvidados

 

Fotografía: cartel de la Película LA GUERRA DE LOS BOTONES ( remake de 1994)

 

 

 

 

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