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Ayer presenté como editor un libro para niños en la población de Riudoms, cercana a Reus. Ambas poblaciones se disputan desde hace años la propiedad de Antonio Gaudí. Dicho de otra forma, “que si es mío”… “que no es tuyo”. Ambas tienen una sana enemistad en cuanto al lugar de nacimiento del arquitecto Antoni Gaudí que nació en el mas de la Calderera, a medio camino de ambas poblaciones. Incluso este “a medio camino” será discutido por muchos por impreciso y venenoso.

La novela que se presentaba “Les Aventures de Nic” cuenta las aventuras y desventuras de un burro catalán   que recorre la geografía comarcal catalana. Este libro fue recibido en olor de multitudes  en Cambrils, Miravet, Montbrió del Camp y otros municipios, posiblemente debido a la personalidad arrolladora de su autora, Rosana Andreu, bibliotecaria, narradora de cuentos, escritora, influencer y con amplios seguidores en las redes sociales.

Però ayer noche, en Riudoms, la presentación pinchó.

Estuvo el regidor de cultura acompañado de otros tres regidores y miembros del consistorio, dos miembros del Cerap, Centro de estudios Arnau de Palomar y dos amigos comunes con sus sobrinos ( y la ilustradora del libro)  En total diez, doce  personas. Debido a la vivacidad de Rosana Andreu que leyó fragmentos de su libro en la Casa de Cultura parecía que allí había cien.

Pero eran diez. O menos. Y uno se hace preguntas.

No hacía frío. Eran las 8 de la tarde de un viernes. Era fiesta mayor de invierno, o fiesta de San Sebastiá. El evento había aparecido en el programa de fiestas de la localidad.

Cierto que, no muy lejos, la Universidad (URV) había organizado una charla para la tercera edad que, cuenta, habría agrupado a 50 personas. ¿Y las 6591 personas que según el censo del 2016 viven en Riudoms? ¿Dónde se habían metido? Si hubiera acudido un 1% de la población serían 65 personas.   No llegó ni al 0’12%.

De hecho sí estuvieron, llegadas de otra población, Maspujols, la presidenta de la asociación cultural “Les Dàlies” y uno de sus miembros, que empujan/hacen/trabajan la cultura como ya querrían muchos.

Cada uno es libre de quedarse en casa y hacer oídos sordos a la llamada de la cultura, a las propuestas del consistorio e incluso a la programación festiva. Espero que la asistencia de público esta noche  a la esplèndida “Calavera de Connemara” sea mayor. Y así será.

¿Entonces, cuáles son las razones por la  que los riudomencs le dan la espalda a una presentación? ¿Deberíamos tomar nota para el futuro o se trata de un caso aislado?  Intento hallar las respuestas y  el lector podrá añadir las suyas.

Se trataba de un libro infantil. ¿Dónde estaban los niños?

¿Es por el hecho de que se trata de un libro lo que merezca ese repudio o esa indiferencia? ¿Se publica demasiado? ¿Se presentan demasiados libros en Ruiudoms? Quizás, a la primera. No y No a la segunda y tercera pregunta.

¿Olvidaron padres y abuelos el evento? En el día anterior la prensa local recogía en media pàgina el acontecimiento. ¿Entonces? ¿Se le fueron las ganas de cultura, de leer, de saber? Es posible. ¿Estaban pegados a las estufas y a los fuegos de las chimeneas? Quizás, si bien no era un noche fría. ¿Estaban pegados a sus televisores, a sus teléfonos móviles unos y otros a sus plays y a sus consolas? Muy posiblemente.

¿Slo se mueven por los libros llegado Sant Jordi, el día del Libro? Mala política cultural sería.

¿Juzgaron quizás que el aperitivo de avellanes, carquinyolis , refrescos y el vino Cap de Ruc era insuficiente? No llegaron, no supieron.

¿Hay un odio visceral contra la autora, joven , vivaz, entusiasta, deportista (practica ciclismo hasta decir basta)? Imposible.

Podríamos andar buscando los tres y los siete pies del gato entre sus siete vidas sin hallar una respuesta convincente.

Lo que si funcionó fue un ayuntamiento unido, entusiasmado que alentaron a la autora con aplausos y alegrías. El mismo regidor decía que todos van a una. Y eso se ve y se agradece.

Y falló el pueblo que estaba en otro lado o que no quiso enterarse. Quizás muchos estaban en el médico o en el dentista ( y hay que respetarlo) o en las rebajas (hay que taparse en el crudo invierno polar que azota esas regiones). Fallaron porque los niños tampoco estaban  allí -andarían metidos en sus deberes atroces, en sus ordenadores a ninguna parte-  pero deberían sentir vergüenza de que se presente un libro que dan ganas de leer que da ganas de reír y de abrazar y de acostarse con él y en él , el  primer libro de una autora y que nadie esté allí para darle empuje, y fuerza y decirle eso que los autores necesitamos “te queremos mucho”.

Sinceramente siempre dije que a mi me importaba un rábano que Antoni Gaudí fuera de Reus o de Riudoms  pero que que aquellos que detentan el poder político y cultural deben crear un caldo de cultivo para que otros Gaudís nazcan aquí y allá, agitar a sus habitantes para que se mantengan vivos, para que la cultura forme parte de sus vidas como su segunda pìel.

Y he aquí un Ayuntamiento, el de Riudoms, que lanza globos sonda, que mueve a sus vecinos, a una,  que crea ese caldo de cultivo mientras los demás miran hacia otro lado.

Ayer noche Antoni Gaudí, sea de donde sea, se hubiera sentido muy avergonzado.

 

Foto: cedidas