¿CUÁL ES LA TEORÍA DE LOS 10 AÑOS O DE LAS 10.000 HORAS?

En el año 2010 me ocurrió un hecho sorprendente: por entonces yo ya tenía  diversas obras de literatura juvenil publicadas (www.jordifolck.cat). Mi primer libro se publicó en el año 1990 pero me dediqué profesionalmente a la escritura a partir de 1993, lo que supone, curiosamente que en este año cumpla mis 25 de escritor.

En el transcurso de un almuerzo, en ese año 2010, un editor, Josep Manel Rafí de la editorial Barcanova,  me dijo que debería atreverme, de mayor manera, a la literatura infantil porque era necesaria y los niños (y en las escuelas) andaban siempre buscando nuevos títulos.

Fue extraño porque llegué a mi casa pensando en qué ocurriría si un abuelo ya difunto escribía desde el inframundo a su nieto invitándole a reencontrarle y a conocer  a sus  nuevos amigos. De ahí surgió la historia de “El abuelo Calavera y yo”. Como yo era un devoto de Tim Burton y tenía en mi mente “La novia cadáver”, especialmente, no me  fue difícil  empezar la historia de ese nieto Pedro Badía que llega a un inframundo donde los humanos son género prohibido:  ahí aparecerá la vieja Tarántula dispuesto a devorar al pequeño.

Empecé ese libro un lunes, que es cuando me gusta empezar los libros,  y lo terminé esa misma semana en domingo (80 páginas de manuscrito) y me sorprendió que fuera algo tan rápido pues los personajes nacían con velocidad, los líos  y los entuertos iban apareciendo y resolviéndose con pasmosa quietud en cierto orden secreto que a mí se me escapaba. Pero yo me dejaba hacer.

Al final del libro las tramas y subtramas se cerraban y, llegado el  final y su regreso al mundo de los vivos, Pedro Badía, mi particular Pedro sin miedo,  se llevaba consigo otro libro del abuelo calavera:  ese libro fue el “Libro de conjuros de la vieja Tarántula”  que terminé en ocho días  y pronto continué con   su tercera parte “Ángeles, demonios y calaveras”.

Curioso que siete años después “Pixar” sacara su “Coco”.

Fue entonces cuando me percaté que había tardado entre siete, ocho y doce días (para el último). Fue en ese momento que,  como curioso y como interesado en descubrir y enhebrar los misterios de la creatividad, me pregunté por qué alcanzaba esa facilidad de escritura que me llevaba “al filo de lo imposible”.  Como yo ya conocía la teoría de las 10.000 horas o de los 10 años empecé a sumar, aproximadamente, la cantidad de horas, de días, y de meses, que  llevaba dedicando a la escritura. De hecho, a razón de cuatro horas diarias, de lunes a viernes, descubrí que en el año 2010 yo alcanzaba los 10 años y que esa teoría de Malcom Gladwell  “Outliers”  (Fueras de Serie)  que ya defendió  Howard Gardner en su libro “Mentes Creativas” acaba de cumplirse en mí.

La pregunta se resolvía con …   ¿era  yo un genio?  y la respuesta,  indiscutiblemente, era un NO rotundo.  Yo solo era/y soy,  simplemente, un currante, un trabajador disciplinado y entusiasta de la palabra.

¿Qué cuenta Gladwell en su libro, que debería ser de lectura obligatoria,  “Fueras de Serie”?

Se pregunta ¿los Beatles eran unos genios?  y él responde …NO. Lo que ocurrió es que si Paul McCartney  y John Lennon se conocieron en el 1957 en el año  1964  en que alcanzan el primero de sus triunfos, ya acumulaban  10.000 horas de trabajo. Se dice que su éxito llegó después de sesiones maratonianas  de ocho horas diarias en un stripbar de Hamburgo donde actuaban con públicos poco entusiastas con gente que escuchaba o no escuchaba pero con el que, en esa indiferencia,  podían probar  ese sonido tan característico de los Beatles, esas letras, esas canciones que aún hoy perviven entre nosotros como retazos de una época en que el mundo de la música, simplemente, cambió de manos.

Y Gladwell  se pregunta lo mismo de Bill Gates. ¿Era un genio de la informática? Y otro No rotundo.  A los 14- 15 años recibió una propuesta de la Universidad de dedicarse o de ocuparse de temas informáticos y por puro placer  pasaba jornadas de 10, 12 y 14 horas diarias. Desde los solo 14 años y grandes dosis de placer y sacrificio,  cuando llegó a los 24 este hombre atesoraba más de 10.000 horas de trabajo.. él sabía más que nadie del placer d e la creatividad aplicada

Es una lección importante la que nos entregan  estos sabios y tantos muchos como ellos para las nuevas generaciones A los profesionales de la creatividad y especialmente a los estudiantes les digo que cuanto antes empiecen  disciplinadamente a activar  sus habilidades creativas mucho antes verán los resultados y entonces serán únicos en esa especialidad o en ese campo de trabajo: la escritura, la música, la publicidad, el periodismo…el arte, la investigación,la medicina..

Si un muchacho o muchacha tomando el ejemplo de Bill Gates supiera que a partir de los 14 años dedicara cada día solo tres horas diarias a ejecutar ese placer creativo cuando alcanzara los 24 años estaría en una situación mucho más distante y elevada de aquellos que perdieron el tiempo en otras actividades lejos de la concentración  y del placer que uno obtiene con la práctica creativa.

Pero en tiempos de falta de cultura del esfuerzo nadie va a querer lanzarse a una aventura creativa, porqué entre otras cosas nuestros jóvenes desean los resultados ya, a golpe de whatsup. Y es así, que se van a perder excelentes y brillantes profesionales  que podían adelantarse a su tiempo y ser pioneros en el campo de dominio X si tuvieran esa confianza en sí mismos que no poseen. Y para aquellos que dejamos la adolescencia y la juventud  atrás nunca es tarde, incluso en tiempo de jubilación, para atacar una actividad creativa, organizarse en torno a ella y saber que a partir de los 10 años de ejecución, o de las 10.000 horas ( bastan 3 diarias)

“Llibre d’encanteris de la vella Tarándula” fue premiada en diciembre del 2011

uno puede alcanzar la cima y mostrar al mundo la brillantez, la belleza y el resultado de una creatividad que arranca y no tiene muro que la detenga.

El cerebro, plástico se transforma, se vuelve prolífico, confiado,  la inteligencia derrota a la consciencia y se hace libre para experimentar, perdidos todos los miedos.

Y ustedes ¿cuándo empiezan?…

EL CASO RIUDOMS: CUANDO LA CULTURA NO INTERESA (A LA CIUDADANÍA)

 

Ayer presenté como editor un libro para niños en la población de Riudoms, cercana a Reus. Ambas poblaciones se disputan desde hace años la propiedad de Antonio Gaudí. Dicho de otra forma, “que si es mío”… “que no es tuyo”. Ambas tienen una sana enemistad en cuanto al lugar de nacimiento del arquitecto Antoni Gaudí que nació en el mas de la Calderera, a medio camino de ambas poblaciones. Incluso este “a medio camino” será discutido por muchos por impreciso y venenoso.

La novela que se presentaba “Les Aventures de Nic” cuenta las aventuras y desventuras de un burro catalán   que recorre la geografía comarcal catalana. Este libro fue recibido en olor de multitudes  en Cambrils, Miravet, Montbrió del Camp y otros municipios, posiblemente debido a la personalidad arrolladora de su autora, Rosana Andreu, bibliotecaria, narradora de cuentos, escritora, influencer y con amplios seguidores en las redes sociales.

Però ayer noche, en Riudoms, la presentación pinchó.

Estuvo el regidor de cultura acompañado de otros tres regidores y miembros del consistorio, dos miembros del Cerap, Centro de estudios Arnau de Palomar y dos amigos comunes con sus sobrinos ( y la ilustradora del libro)  En total diez, doce  personas. Debido a la vivacidad de Rosana Andreu que leyó fragmentos de su libro en la Casa de Cultura parecía que allí había cien.

Pero eran diez. O menos. Y uno se hace preguntas.

No hacía frío. Eran las 8 de la tarde de un viernes. Era fiesta mayor de invierno, o fiesta de San Sebastiá. El evento había aparecido en el programa de fiestas de la localidad.

Cierto que, no muy lejos, la Universidad (URV) había organizado una charla para la tercera edad que, cuenta, habría agrupado a 50 personas. ¿Y las 6591 personas que según el censo del 2016 viven en Riudoms? ¿Dónde se habían metido? Si hubiera acudido un 1% de la población serían 65 personas.   No llegó ni al 0’12%.

De hecho sí estuvieron, llegadas de otra población, Maspujols, la presidenta de la asociación cultural “Les Dàlies” y uno de sus miembros, que empujan/hacen/trabajan la cultura como ya querrían muchos.

Cada uno es libre de quedarse en casa y hacer oídos sordos a la llamada de la cultura, a las propuestas del consistorio e incluso a la programación festiva. Espero que la asistencia de público esta noche  a la esplèndida “Calavera de Connemara” sea mayor. Y así será.

¿Entonces, cuáles son las razones por la  que los riudomencs le dan la espalda a una presentación? ¿Deberíamos tomar nota para el futuro o se trata de un caso aislado?  Intento hallar las respuestas y  el lector podrá añadir las suyas.

Se trataba de un libro infantil. ¿Dónde estaban los niños?

¿Es por el hecho de que se trata de un libro lo que merezca ese repudio o esa indiferencia? ¿Se publica demasiado? ¿Se presentan demasiados libros en Ruiudoms? Quizás, a la primera. No y No a la segunda y tercera pregunta.

¿Olvidaron padres y abuelos el evento? En el día anterior la prensa local recogía en media pàgina el acontecimiento. ¿Entonces? ¿Se le fueron las ganas de cultura, de leer, de saber? Es posible. ¿Estaban pegados a las estufas y a los fuegos de las chimeneas? Quizás, si bien no era un noche fría. ¿Estaban pegados a sus televisores, a sus teléfonos móviles unos y otros a sus plays y a sus consolas? Muy posiblemente.

¿Slo se mueven por los libros llegado Sant Jordi, el día del Libro? Mala política cultural sería.

¿Juzgaron quizás que el aperitivo de avellanes, carquinyolis , refrescos y el vino Cap de Ruc era insuficiente? No llegaron, no supieron.

¿Hay un odio visceral contra la autora, joven , vivaz, entusiasta, deportista (practica ciclismo hasta decir basta)? Imposible.

Podríamos andar buscando los tres y los siete pies del gato entre sus siete vidas sin hallar una respuesta convincente.

Lo que si funcionó fue un ayuntamiento unido, entusiasmado que alentaron a la autora con aplausos y alegrías. El mismo regidor decía que todos van a una. Y eso se ve y se agradece.

Y falló el pueblo que estaba en otro lado o que no quiso enterarse. Quizás muchos estaban en el médico o en el dentista ( y hay que respetarlo) o en las rebajas (hay que taparse en el crudo invierno polar que azota esas regiones). Fallaron porque los niños tampoco estaban  allí -andarían metidos en sus deberes atroces, en sus ordenadores a ninguna parte-  pero deberían sentir vergüenza de que se presente un libro que dan ganas de leer que da ganas de reír y de abrazar y de acostarse con él y en él , el  primer libro de una autora y que nadie esté allí para darle empuje, y fuerza y decirle eso que los autores necesitamos “te queremos mucho”.

Sinceramente siempre dije que a mi me importaba un rábano que Antoni Gaudí fuera de Reus o de Riudoms  pero que que aquellos que detentan el poder político y cultural deben crear un caldo de cultivo para que otros Gaudís nazcan aquí y allá, agitar a sus habitantes para que se mantengan vivos, para que la cultura forme parte de sus vidas como su segunda pìel.

Y he aquí un Ayuntamiento, el de Riudoms, que lanza globos sonda, que mueve a sus vecinos, a una,  que crea ese caldo de cultivo mientras los demás miran hacia otro lado.

Ayer noche Antoni Gaudí, sea de donde sea, se hubiera sentido muy avergonzado.

 

Foto: cedidas

LA CARTA QUE LOS REYES MAGOS ME PERDIERON

Cada año les escribo una carta a Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente. Cuando era pequeño les pedía muchos juguetes y muchos libros.

Con el tiempo han cambiado mis peticiones: nunca les pedí una tablet, ni un teléfono móvil, ni una consola o un videojuego. No una camisa, unos gemelos de plata o un reloj. Entendí que si eran sabios y eran Magos había que pedirles imposibles, que ellos ya sabrían como resolverlo. Nada que pudiera ser comprado. Era un reto para el que ellos ya estaban preparados.

O eso creía.

Porque cada año les escribo la misma carta, añadiendo, eso sí, alguna nueva petición. ¿Será que es muy difícil? ¿Será que , ya viejos y cansados, perdieron la magia? Yo insisto, sabiendo que un día u otro van a obrar el milagro, con ayuda de unos y de otros.

Así que, he aquí mi nueva carta que se parece mucho a la del año pasado. Porque sigo esperando.

Queridos Reyes Magos

Soy buena gente así que os pido pocas cosas pero buenas sabiendo que, posiblemente, si habláis de ello, en serio, podáis concedérmelo

  1. Que los niños y los jóvenes sepan que no hay mejor regalo que un libro: puede durarles toda la vida y releerlo cuantas veces quieran y compartirlo y recontarlo y subrayarlo, amarlo o incluso odiarlo; porque los libros que nos cambian, no siempre son aquellos que nos gustan.
  2. Que los papás lleven a sus hijos a las librerías, como los llevan a las jugueterías, al cine o al teatro: allí empieza el universo mágico que les durará siempre
  3. Que los papás les lean cuentos a los más pequeños: cuando lleguen al mundo de la imaginación ya jamás querrán regresar: y el mundo necesita de mucha imaginación. Lo escribió Gianni Rodari que jugaba a inventar cuentos y muchos le olvidaron.
  4. Que las escuelas dejen de socializar los libros literarios porque con eso impiden que el niño construya sus biblioteca personal: tienen vídeos y artilugios pero se acostumbraron a vivir sin libros y me preocupa el futuro de la humanidad (y que siga llamándose así): un puñado de brutos e ignorantes nunca podrán ser humanidad.
  5. Que los creadores sigan creando, pintando, componiendo, inventando y alegrando nuestras vidas con  sus ideas inacabables, extraordinarias, únicas…
  6. A mi pequeño país  paz , felicidad, justicia y libertad. Los Hombres Oscuros  de la Tierra Gris encarcelaron a algunas personas solo porque pensaban diferente y aún siguen lejos de sus familias; gente de la cultura, aún inocentes de los que se ríen, vaya valientes,  bárbaros y pendencieros
  7. Y mucha paz y mucho amor y kilos y kilos de creatividad en todo el mundo  para lograr todo eso y mucho más.Con un poco de buena voluntad vuestra y otro poco de los demás, no será difícil, creo                                                                            Muchas gracias, Majestades                                                                                                           ¡Ah, y no me pierdan esta carta!                                                                                       Fotografía propia: cabalgata de los Reyes en Barcelona, 2018

UN CUENTO MACABRO: DE CÓMO UN ESCRITORCITO PASABA HAMBRE (Derechos de autor)

 

Continúa del post anterior sobre los derechos de autor pero, a la vez, puede leerse  con independencia).

Había una vez en nuestro planeta y en nuestro tiempo una editorial con sesenta años de historia y literatura para niños y jóvenes. En el otro, un director general financiero y un director general general. Y  al otro lado de la mesa un escritor, Alberto Tomàs que, ya llegado noviembre, aún no había cobrado sus derechos de autor, ese 10% del precio de venta de libros que, en el caso de libros para niños nunca suponía más de 1 euro por ejemplar.

Ese es el fin de ese cuento macabro:  el escritorcito (dicho con  todo cariño) llevaba ya varios emails mandados al señor C.L y al otro señor A..P.. preguntando por cuándo cobraría sus derechos de autor.

El primero había respondido que “las cosas iban mal” , “que las cosas iban muy mal” y que “las cosas iban terriblemente mal” . Y entendió que era en la literatura, que se vendía poco y mal o muy mal o terriblemente mal. Y el director general tuvo la amabilidad de llamarle para decirle que “las cosas iban mal” , “que las cosas iban muy mal” y que “las cosas iban terriblemente mal”. Y que solo cobraban a tiempo los escritores extranjeros o aquellos que tenían agentes literarios y que debería esperar su turno que en aquello todos eran lo mismos: los escritores mediáticos, los escritores divinos, los escritores de M y los escritorcitos como él. Y que si todos escribieran emails o le llamaran no podría trabajar a gusto. En todo caso, dijo, que nada podía hacerse, que era un signo de los tiempos lo de cobrar tarde y mal y que,antes de final de año, iban a cobrar todos.

Alberto o Antonio, o Alfonso, porqué cada día recordaba peor su propio nombre y , a veces le entraban ganas de desaparecer colgó el teléfono. Eran ya tres años en que cobraba tarde y mal.

Y cuando ese sábado tuvo la mala suerte de pasear por la calle Major de Gracia en Barcelona  y observar a través de los cristales del restaurante Botafumeiro que ambos directores generales compartían una copiosa comida con sus respetabilísimos hijos, le entró un dolor de vientre descomunal.

Allí estaban los cinco vástagos del director financiero , vestidos, acicalados, repeinados como futuros directores financieros  y los tres del director general de los generales con sus tres muchachitas lindas, vestidas, acicaladas  y repeinadas como futuras directoras generales.

Alberto Tomàs pensó que con esa cuenta podían pagarle, de sobras , su deuda. A él y a otros tantos escritores. Y pensó que esa navidad iba a tener que vender cajitas de fósforos para sobrevivir aunque no tuviera vocación de “cerillera” y que ya no estaba para cuentos.  Lo de escribir en catalán, algo que llevaba marcado a fuego en su cerebro y en su corazón, no funcionaba: siempre iba a ser un muerto de hambre. El país era pequeño, las ventas eran muy pequeñas y las esperanzas de seguir publicando, terriblemente pequeñas. Habían escrito que el catalán era una lengua de segunda pero ya pensaba  que era de tercera o cuarta, vista la indignidad con que le trataban mientras devoraban ese arroz caldoso de bogavante  y esa paella monstruosa con que se relamían los bigotes (también ellas).

Al final Alberto Tomàs cobró sus 400 euros de derechos de autor del 2016 un 21 de noviembre (cuarenta y pico semanas después, trecientos y pico días después).  Le duraron poco.  Escribió un articulo en wordpres quejándose del trato recibido: acabaron viéndole como un resentido, un desagradecido, un quejica, un llorón, un ciudadano molesto que no acataba las órdenes generales. En ese país pequeño, los corazones también era demasiado pequeños.

Dejó la literatura y se convirtió en pintor de coches: dibujaba letras, escribía textos sobre el capó del coche quejándose de que al mundo le faltaba sensibilidad. Y, al final, olvidada la literatura, fue feliz. Cobraba 60 euros por hora por pintar un coche. Eso le llevaba unas seis horas en un trabajo en el que “escribía” con delicadeza. Y eran 360 euros lo que en tiempos antiguos le habría supuesto vender 400 libros.

Su mejor trabajo:  tatuar en los bajos del coche “hijodep…” del director financiero y otro “hijodetumadre” en el del director general y de todos aquellos que le habían regalado golpecitos en su hombro por escribir en catalán, pero como, unos y otros,  mandaron a sus chóferes o nunca se les ocurrió mirar debajo,  nunca se enteraron de que cargarían, por largo tiempo, con esas palabras ¿indignas?

La editorial  La Galera pagó, finalmente,  sus derechos de autor(del 2016)  el 21 de noviembre  del 2017