JURADOS VENDIDOS, AMIGOS, ENEMIGOS, TRAICIONADOS…EN LOS PREMIOS LITERARIOS

Bueno…señores… de momento ahí terminan las maldiciones de los premios que eran 6 pero que podían ser tantas como uno les encuentre los tres pies al gato, que tendrá siete vidas pero más maña que fuerza para hacer perrerías.
Y resumo otras indignidades de los premios, mayores o menores, pero que molestan…
1. Los jurados que no sirven para nada porque obedecen al pastor del rebaño y deben decír SI aunque sus corazones digan NO. Caso ejemplar: cuando Juan Marsé le entregó el Premio Planeta contra su voluntad a Maria de la Pau Janer

Añlo 2005- BARCELONA.- La polémica fue la protagonista de la 54ª edición del Premio Planeta. Los escritores Juan Marsé y Rosa Regàs, miembros del jurado, reprocharon a la ganadora, Maria de la Pau Janer, y al finalista, Jaime Bayly, la “insuficiente calidad literaria” de sus novelas. La autora mallorquina conquistó el galardón mejor dotado de las letras españolas -601.000 euros-, con ‘Pasiones romanas’, presentada bajo el título ‘Si fuera esta noche’, una obra ambientada entre Mallorca y Roma que firmó con el seudónimo de Camille Claudel. Janer, quien expresó su alegría por “ser la menos mala de las 10 finalistas”, tuvo que aguantar un auténtico aguacero cuando Marsé le espetó que la novela ganadora tiene como problema “el ritmo narrativo tan pormenorizado y tan meticuloso, que me empecé a impacientar” y ha criticado asimismo la “decantación hacia lo sentimental” que hay en el texto.

Eso nos llevaría a otras consideraciones… el hecho de que el Planeta, a pesar de sus 400 originales recibidos para cada convocatoria,  esté ya dado de antemano y, habitualmente a personas de cierta trayectoria o, directamente, autores de la casa.

2. Año 2003. Los jurados sorprendidos cuando se anuncia ya una novela, cuando aún no se ha hecho  público el premio... Fui testimonio del resbalón del crítico y amigo Isidor Cónsul (o del publicitario que le ayudó), al frente de la editorial Proa, a principios de siglo cuando cometió un desliz curioso e ininteligible: apareció un anuncio en prensa  (Sapiens)  anunciando la nueva novela “Les veus de Pamano” de Jaume Cabré que iba a ganar, tres días después, el Premi de novela Pin i Soler en Tarragona (¿demostrando que era voluntad del editor qué novela era la ganadora?). El desliz le costó a Isidor (yo estaba delante) pagarle a Cabré los 20.000 euros del premio que fue declarado desierto. Como resulta algo enredosa esta aseveración, les recomiendo la lectura del blog del excelente Joan Josep Isern

Una cultura de conflictes i embolics (Batalletes de l’arxiver, 7).

3. Amigos Jurados que, cada año se reúnen para entregar un nuevo premio. Nada hay de infiel en ellos o de indigno. Pero si un autor quiere mandar por segundo año su original a la nueva convocatoria del premio se encontrará con que ese jurado ya no va a leer su obra, si fue desclasificada o directamente rechazada en el curso del año anterior. Esto es lo que ocurre directamente con el Premi Folch i Torres de novela, al que añadiendo al librero Canosa, ganador del pasado año, repite jurado de amigos:

2015-  Muriel Villanueva, Paula Jarrín, Anna Guitart, Pep Molist i Luis Prats

2016- Muriel Villanueva, Paula Jarrín, Anna Guitart, Pep Molist i Oriol Canosa.

Sinceramente, no me gusta.  No solo el premio (que tuve el placer de ganar) se ha desvalorizado de los 7.000 a los 4.000 para el ganador (como adelanto de derechos de autor) sino que “esa cosa de amigos” no me parece juiciosa.

Para mayor tristeza, La Galera, en el pool editorial de Enciclopedia Catalana esta tardando demasiado en pagar a sus autores. Los derechos del año 2015, en vez de ser pagados en abril  se están pagando en noviembre, cuando ya muere el año. Y este año, parece ser que se repetirá la proeza. O, los autores no somos nada.  Habría otras indignidades a contar pero, sigo queriendo mucho a mi país y a las editoriales que en ella viven o sobreviven así que me permitirán que guarde para mí, otros descubrimientos poco elegantes.

Termino: si usted tiene más de 67 años… no se le ocurra ganar ningún premio o puede perder la jubilación.

4. ¿Escritor en España? Pues elija usted qué prefiere cobrar: la pensión por jubilación o los derechos de autor

La polémica saltó a la palestra pública cuando el Premio Cervantes  Antonio Gamoneda aseguró, hace ya una semana, que tendría que dejar de escribir en vista de que la nueva reforma de pensiones le prohíbe cobrar a la vez su jubilación y los derechos de autor. Desde 2013 más de una docena de autores se han visto atrapados en esta disyuntiva

“Un escritor debe renunciar al cobro de su pensión si sus ingresos profesionales superan el salario mínimo anual (9.172,80 euros). Eso abarca charlas, premios y conferencias y por supuesto derechos de autor, incluyendo el de las obras escritas antes de jubilarse.  No son pocos los afectados por la reforma. Los premios Cervantes José Caballero Bonald o Antonio Gamoneda y también Eduardo Mendoza, Javier Reverte, Forges figuran en la lista de quienes se han visto obligados a pagar multas de hasta 30.000 euros por el cobro simultáneo de la jubilación y los derechos de autor, algo que podía hacerse desde 1998 y que la reforma de Fátima Báñez penaliza hasta con cuatro años de pensión en caso de que incurran en esta supuesta infracción”.

La sangría del autor en una España vencida por el PP,  es otro de los caballos de batalla en los que pobre el escritor tiene las de perder.  Mejor que deje de escribir y  se apunte a cualquier partido político: su vejez quedará asegurada (e incluso, blindada) tras los escasos réditos y el fracaso de la creatividad. Se dice que  el nuevo Estatuto del Autor y el Artista observará esas inequidades e  inquinas.

Sobran conclusiones, en esta larga lista de artículos (y silenciamos otras fantochadas) sobre los premios literarios, bellos por fuera pero roídos por dentro y sin que nada ni nadie luche para que se haga la luz, para darle al César lo que es del César, y para darle a Dios, lo que es de Dios cuando, en el sombrío paisaje de la literatura, uno ya no sabe quien es César y quien es Dios.

O la ficción supera siempre a la vida.

(en http://www.vozpopuli.com/altavoz/cultura/Literatura-Premio_Cervantes-Pensiones-Jubilacion-pensiones-escritores_0_882511802.html)

Fotografía propia en taller de Marionetas con Petr Forman en Santander (2010)

ÚLTIMAS MALDICIONES DE LOS PREMIOS LITERARIOS: o el tamaño sí importa

Como soy metafísico por naturaleza, positivo por genética y alegre por convicción y, sinceramente, no me gusta ir maldiciendo por ahí, me permitirá el abnegado lector que de un solo soplo o dos  (como el lobo ante la casita de los cerditos) acabe con las tres maldiciones que me corroen por dentro y que ya intente liberarme de ellas y pasar a otra cosa.
Dicen que las maldiciones siempre regresan y yo, con mis (a pesar de todo) nueve premios literarios no deseo, precisamente, que esa suerte o mérito se me eche en contra.
Reconozco, eso sí, que perdí más premios que los que gané.
Impongamos, insisto, la metafísica
Así que vamos por la cuarta de las maldiciones: el espacio de las novelas. O El saber sí ocupa lugar.

Reproduzco una conversación /email de ex alumno de mis cursos de escritura creativa) post-saludo

Alumno Modelo: Pues te hice caso y he escrito en esos tres últimos años dos novelas: una de 400 páginas para jóvenes y que creo que puede ser  un nuevo “harry Potter” y otra para niños de 150. Y bueno, me gustaría publicarlas. Necesito tu recomendación.

Yo: Un autor desconocido hoy lo tiene muy mal para publicar. Te van a pedir cifras de ventas que no tienes, comunidades de lectores que quizás sí, premios que no, ni currículum vitae literario. Lo mejor es que las mandes a algún premio literario

Alumno: ¿Por cuál empiezo? Todos los concursos literarios parecen hechos por Voldemort, que debe ser el editor principal. Ninguna convocatoria  de infantil/juvenil acepta novelas de más de 200 páginas.

Yo: ¡Glups! ¿Y la infantil?

Alumno: No. Menos

Esa conversación nunca ocurrió pero podría: quizás porque mis alumnos universitarios de  ESRP  (UB)   son seres muy inteligentes a los que no les interesa bregar con la fuerza oscura. pero me sirve para analizar la cuestión del formato que no es otra que “maldita la gracia de que un concurso literario establezca bases  con tan pocas miras, con tantos requerimientos en espacio, con una acotación tan brutal en cuanto al número de páginas del original”. Puede parecer una cuestión baladí pero observemos y descubramos como a ninguna editorial española le apetece encontrarse con una saga tipo Harry Potter, con un nuevo Julio Verne, un Mark Twain, un Rider Haggard, un Lewis Carroll ( o con esos monumentos literarios entre los que incluyo “La historia Interminable” o “Momo” de Michael Ende, la prodigiosa “El Museo de los recuerdos robados” de Ralf Isau ni  la “La Guerra de los Botones” escrita en el año 1912 por Louis Pergaud, por citar algunas escasamente “breves” novelas.

El proceso creativo de redacción de una novela  es algo vivo, orgánico: la novela  crece en nuestras manos sin limitaciones de fantasía ni otros impedimentos. Uno empieza y no sabe cuándo encontrará el The End. El escritor vive inmerso en su  fábula, levantando pisos, abriendo caminos, construyendo personajes que, a menudo, se escapan de sus manos y vagan libremente.

Imaginemos a mi imaginario y alumno diciéndose a si mismo… ¡cuidado que el libro sólo puede llegar a las 80 páginas! A eso se llama frenar la inspiración, constreñir el trabajo creativo. Se llama coacción, poner fronteras. No niego que pueda limitarse “por lo bajo” el número de páginas pero las editoriales deberían revisar sus convocatorias. Siempre puede ampliarse un texto con separación de de capítulos, quizás con un cuerpo 13 en vez del 12, con el interespaciado (también prefijado en las bases) y otros recursos. Pero cortar una obra para que concurse  es arrancarle los brazos y las piernas de tajo a un texto como si cuatro caballos furiosos tirasen con visceralidad  de “la obra” . Me refiero, especialmente, a la literatura infantil y juvenil.

Premio Ciudad de Málaga de novela infantil: FORMATO DE LAS OBRAS
La obra se presentará con el título original, sin ningún dato que revele la identidad del autor o autora, se presentarán por quintuplicado, en tamaño DIN-A4, tipo de fuente Arial, cuerpo 12, con interlineado de 1,5 líneas, escritas por una sola cara, paginadas, perfectamente legible, encuadernadas y con una extensión de 25 a 40 páginas.

Premio ANAYA de literatura infantil: de 50 a 100 páginas

Premi EDEBÉ de literatura infantil y juvenil:  extensión de un mínimo de 20 páginas y un máximo de 80.  Y de 80 a 200 para la juvenil

Mejor me parece la convocatoria de el  Barco de vapor cuya extensión máxima (sin mínimos posibles)  es  de 150 páginas, impresas a 1,5 de interlineado y escritas en Times New Roman cuerpo 12.  O el GRAN ANGULAR: La extensión de las obras deberá ser de un máximo de 300 páginas en un solo volumen, impresas a 1,5 de interlineado y escritas en Times New Roman cuerpo 12.

O nuestro querido y veterano (y venerable) Premi Sant Jordi de les lletres catalanes: extensión mínima de 200 páginas

Podría extender mi relación con algunos premios más: el lector hará bien en indagar y descubrir la cantidad alarmante de premios que “acotan” demasiado.

Alguno de los lectores argumentará que eso es ser muy remilgado, escrupuloso, afectado y excesivo: lo que designa la palabra tiquismiquis. 

¿Y aún así qué ocurre cuando en un prodigio creativo uno supera esas dimensiones? En mi caso tengo dos novelas de 350 páginas aprox.   ( del año 2007 y del 2012) que aún no han visto la luz quizás porque  su propia desmesura las expulsa del paraíso de los premios( o porque no encajan con lo mal llamado infantil o juvenil, dos otras etiquetas o trabas que dificultan su encaje). La literatura si es buena es literatura  y basta.

Esa reflexión busca solo “abrir posibilidades” y que algunos editores, mirando hacia otro lado, abran un punto de inflexión: bastaría, a mi modo de ver, determinar, como en los últimos casos, un mínimo o un máximo, una acotación que no limite la libertad creadora y que permita encontrar a tantos escritores  un lugar (una convocatoria) para su novela antes de que , por extensión quede relegada, quizás para siempre, al cajón de los libros olvidados

 

Fotografía: cartel de la Película LA GUERRA DE LOS BOTONES ( remake de 1994)

 

 

 

 

LA MALDICIÓN DE LOS SIETE AÑOS

Tercera de las maldiciones  en torno a los premios literarios que acompañan a los escritores en su sueño de alcanzar un Olimpo (¿el que sea?) literario sin saber, como dijimos, que no todo es oro lo que reluce y que a veces no llega ni a oropel.

Esta maldición de la que quiero hablarles pasa tan desapercibida que creo que es de justicia sacarla del trastero, del cesto de los papeles o, llanamente, de la basura.

Cuando el escritor consigue un premio, sean 7.000, sean 25.000 o más,  pocos saben leer entre líneas qué significa una de las “máximas” de la convocatoria: avance de los derechos de autor. Y como voy a ser breve y contundente porque me azuzan los calores  estivales lo resumiré en apenas un párrafo: ese dinero que el autor recibe es un adelanto de sus 10% de las ventas futuras. Dicho lo cual hasta que no haya vendido suficientes ejemplares para que la editorial o el patrocinador recupere su inversión no recibirá un solo euro.

Dos ejemplos propios: en el año 2011 me alzaba con el premio (largamente acariciado)  Folch i Torres de Literatura infantil “per a nois i noies” con la novela “Libro de conjuros de la Vieja Tarántula” en su versión original, catalana.  Los 7000 euros de premio menos el 15% de irpf supusieron  5.950.euros.  En fecha de hoy, seis años después y vamos para el séptimo el libro aún no me ha proporcionado ningún dividendo. Eso significa que las ventas no han superado los 7000 libros (por eso del 10% que percibimos los autores).

Por cierto, ese premio hoy ha sido devaluado hasta los 4.000 euros lo que le convierte en desapetecible. Uno de los premios literarios de más solera y que ahora languidece.

En el año 2013 ganaba el Barcanova de Literatura infantil con “Nadie es un zomb”. Fueron también 7.000 euros (menos irpf). Hasta la fecha tampoco he percibido ningún ingreso. Lo que  no significa que no agradezca profundamente ese o cualquier otro galardón.

Por otra parte este premio se ha incrementado hasta los 10.000 euros lo que le convierte en más atractivo.

¿Glamour? ¿Éxito? ¿Prestigio? La mayor parte de los premios es a cambio de un adelanto…. ¿cómo era eso de “pan para hoy, hambre para mañana?  Son como esas fotografías de Port Aventura lanzándose en el Dragon Khan y que acaban descoloridas en el último cajón del comedor donde se acumulan los recuerdos inservibles.

Ya se sabe que el premio Planeta supone para el ganador percibir solo el 50% de su retribución, carcomido el resto en impuestos. pero la cantidad resulta tan desorbitante que aún así, alegra. De los 600.000  quedan aún 300.  De la mayoría de premios…lo hablado.

Otros premios literarios suponen un verdadero castigo para el ganador. Como el recientemente instaurado en LLoret de Mar I Certamen de Nuevos Escritores FNE España  convocado por no sé qué sabios locos . Lean, y termino, las bases:

 

Al/a la ganador/a del primer premio de cada modalidad (catalán y castellano), Caligrama le publicará su obra con el pack descrito más abajo.
Adicionalmente, recibirá un trofeo, un diploma, un lote de libros y un detalle de las entidades colaboradoras.
La publicación en Caligrama está valorada en 499€ (pack Publica) e incluye el diseño de cubierta y maquetación del libro con acabado profesional, en formato papel y digital. También comprende la edición del texto en cubierta, la asignación de ISBN, la impresión de 25 ejemplares en tapa blanda y la distribución a demanda mundial.
Cuando ganar un premio significa pagar se me revuelven las tripas de que España sea aún el país de Lazarillo en un país de ciegos.

Disfruten de su verano y recuerden que entre el 1 y el 15 de septiembre se convocan generosos premios a cuenta de sus derechos de autor.

 

Fotografía: El autor en la presentación del Libro ganador del  Premi Folch i Torres de Novel·la 2011. Cedida

SEGUNDA MALDICIÓN: LOS ZOMBIS LITERARIOS

Cuando una editorial o una institución decide convocar un premio literario acostumbra a elegir a los miembros del jurado entre personas con un currículum destacado que les hace valedores de ese papel.

Pero lo que muchos desconocen es que cuando a un premio literario se presenta un número importante de originales sean 20,100, 200 o 400 existe un equipo de pre-selección que determina cuáles de los textos llegarán a los miembros del jurado: son lectores elegidos por la editorial que combinan otras profesiones con su talento como lector.

En su primera y única lectura crítica eligen, la mayor parte de ellos, hojas del manuscrito al azar… pueden quedarse con el primero o el último de los capítulos, leer en diagonal… y reducen el número de originales recibidos según criterios como errores gramaticales, faltas de ortografía, sintaxis, pobreza de  vocabulario, originalidad del argumento, creación de personajes etc.etc.

Este es, entonces, el primer jurado al que hay que convencer, un jurado formado por un número indeterminado de personas del que nunca conoceremos ni su nombre ni su currículum, ni su capacidad, lo que puede significar que una novela de calidad sea separada del resto por criterios terriblemente subjetivos, por el extraño juego del azar o la insoportable levedad del ser (con permiso de Kundera).

He vivido dos experiencias en las que el jurado preliminar eliminó dos de mis novelas en dos conovocatorias: la primera fue en el año 2012 cuando presenté una novela infantil con el título “Mi amigo es un zombi” creyendo que, tratándose del tema del bullying y donde le daba la vuelta a los personajes (zombi bueno,/humanos malvados) era una novela que iba a declararse vencedora.
No fue así.
Que una novela no sea elegida como ganadora significa que una novela mejor escrita mereció ese privilegio, ante lo que cualquier escritor debe sacarse el sombrero. Pero acostumbra a ocurrir que, ante la calidad de un original, la editorial responda, al poco tiempo, que se queda con los derechos de edición.
Cuando ambas pérdidas ocurren (no premio/ no edición) el escritor pierde fuelle, terreno, seguridad y uno acaba planteándose, contra todo pronóstico que quizás aquello no era tan extraordinariamente bueno.

La novela “Mi amigo es un zombi” tenía un título poco atractivo: mucho me temo que el jurado entendió que era otra de esas novelas infantiles tipo pesadillas (Stine) hechas para alimentar a un subgénero sin pretensiones literarias.
Volví a presentar esa novela con un título mucho más literario: NADIE, título escasamente comercial que yo pensaba cambiar antes de su publicación pero que iba a encantar a a esos sujetos desconocidos, invisibles, de costumbres extrañas.

Sorpresa: Nadie quedaba vencedora y ganaba el premio infantil de Barcanova de literatura infantil y sus 7000 € correspondientes en el año 2013.

Indiscutiblemente hablando con los editores se buscó un título más acorde con el público lector y este fue Nadie es un Zombi, publicado recientemente, también, por Anaya.  Entre uno y otro manuscrito no había ni una sola diferencia exceptuando el título dicho lo cual quedaba corroborado que el primer jurado pre-seleccionador se dejó llevar por un mal título y que hizo poco caso a la novela…

Recientemente mandé otra novela a otro concurso y pensándome ya ganador  (uno quizás esté mal acostumbrado) quedé sorprendido cuando no lo ganó brindándole, como no,  un sincero aplauso por la novela ganadora pero cariacontecido porqué tampoco la editorial mostró su interés por hacerse con los derechos.
Algo pasó con el jurado preliminar…, esa misma novela fue presentada recientemente a otra editorial que me escribía con alegría y feliz de tener un original entre los suyos mencionándolo como obra de gran calidad literaria

(El libro aparecerá en el 2018)

Conclusión: existen jurados preliminares sin capacidad para elegir las obras que serán leídas por el jurado… otra maldición más que el escritor deberá tener en cuenta para su supervivencia y equilibrio mental en el momento de mandar sus originales a un premio literario: Que varias subjetividades pueden atacar a una obra de caridad porque existe una cadena de horrores humanos que no siempre razonan como uno cree deberían.

¡Y cuídense ustedes! Nos lo merecemos.