LAS SEIS MALDICIONES DE LOS PREMIOS LITERARIOS (1)

Todo premio musical, cinematográfico… literario está rodeado de glamour: el más pequeño concurso de redacción escolar o la portentosa entrega del Premio Planeta tienen en común a un fotógrafo (o una nube de…), un jurado, un ganador, un premio, una cantidad ilimitada de perdedores, difusión en redes sociales, felicitaciones. Y pareciera que detrás de ese flash final que todo lo envuelve, después de los titubeos emocionados del ganador o ganadora y de su falta de memoria de cómo llegó hasta allí, muchos creerán que ya no queda nada que contar.
Pues bienvenidos al espectáculo de lo que nunca contó nadie (o casi), las entretelas del juzgado de guardia, los afanes de algunas editoriales que viven de espaldas al mundo y que pareciera que trabajaran contra el autor.

Con permiso de la escritora Lena Pauls, que fue la primera en lanzar el grito al cielo, querría desentrañar ese mundo oculto que hay antes y después para que el lector vea que no es oro todo lo que reluce, que ganar un premio puede ser una lotería o un castigo, que presentarse a un premio puede dejarle esquilmado a uno moral, psicológica y económicamente y otras desafortunadas desdichas. Porqué recuerden, detrás de un ganador hay 40, 120 o 400 perdedores.

Primera Maldición:  ¿El Precio de medio riñón?

 
Existen infinidad de convocatorias  en Catalunya y en España cuyas bases exigen, sine qua non, la presentación de cuatro, cinco o seis copias en papel. Si al escritor se le fue la olla y acabó con un original de 400 folios (lamentablemente en mi cajón quedan tres originales de esas características) deberá tener en cuenta que presentarse con 4 juegos de originales inéditos exige un desembolso en fotocopias (a 0’04 la unidad) de 64 euros más 12 en encuadernaciones: 76  ( y 20 de envío de correos). Con un original de 200 folios, 52 euros….

En la web del premio Lazarillo de Creación, el más antiguo de España se puede leer:

Optaron al Premio Lazarillo un total de 161 obras, de las cuales 86 eran de narrativa, 56 de poesía y 19 de teatro. De todas ellas, 143 estaban escritas en castellano, 10 en gallego, 6 en catalán y 2 en euskera.

La convocatoria de este año pedía originales con un mínimo de 80 páginas y “cuatro ejemplares de cada una de las obras con que deseen concurrir”. A 100 páginas de media, el coste aproximado ( aparte envío) será de 32 euros.
Los 161 originales presentados significará una inversión aproximada de 5.152 euros de los que solo el ganador recuperará la inversión. Se arrojaron a la basura (perdón, al cesto de los papeles, perdón, a la trituradora, 5120 euros).

Un buen ejemplo de cómo algunas bases fueron escritas en los tiempos oscuros, dando la espalda a los escritores, “lletraferits” o ya heridos de muerte  y como nadie las ha revisado, olvidando la palabra “digital”. Por cierto que el ganador se embolsa la pobre cantidad de 3000 euros cedidas por OEPLI.

No cansaré al lector con números… solo algunos ejemplos y que él haga uso de su calculadora si gusta para descubrir la cantidad de árboles talados inútilmente solo porque alguien (instituciones o editoriales) no encontró el sistema de hacer llegar al jurado copias digitales.

 
Premi Sant Joan BBVA:  Los originales se presentarán por quintuplicado, mecanografiados, a doble cara, convenientemente encuadernados, y deben llevar el título de la obra y los datos personales del autor (nombre, apellidos, dirección postal, correo electrónico y teléfono)….

Premio Ciutat de Valencia Los originales impresos, con las páginas numeradas y en perfectas condiciones de legibilidad, habrán de presentarse en número de cinco ejemplares; todas las obras deberán presentarse bajo pseudónimo. Convoca ayuntamiento de Valencia
Premio Gregal de Novela: una copia digital y seis en papel. Extensión mínima 150 páginas. Convoca Editorial Gregal
Premio Pollença de Literatura. Mínimo 150 páginas. Copias por triplicado. Promueve Ayuntamiento de Pollença (Mallorca).

Premio Ciutat de Sagunt. Tres copias. Organiza: Ayuntamiento de Sagunt.

Y grave me parecen los dos originales para el premio Planeta pero teniendo en cuenta que se presentan más de 400 originales y que el premio se concede entre amigos influyentes y con buenas ventas previas, el importe arrojado a la basura oscilaría entre los 8000 y los 9000 euros repartidos entre los perdedores que soñaron con los 601.000 euros de premios ( a despojar de impuestos).

La Galera permite que sus clásicos, los premios Josep Maria Folch i Torres i Joaquim Ruyra, Barcanova Ediciones en sus convocatorias de infantil y juvenil, Editorial Proa para el premio de Novela Sant Jordi permiten que los originales se presenten a través de una dirección email. También así el  certamen literario Ciutat de Vila-Real que empieza con buen pie y muchos otros…Premio Desnivel de Literatura de Montaña, Premio Herralde de Novela ( copia digital y 1 impresa), Fray Luís de León de Creación Literaria, Premio Málaga de Novela…

Existen  muchas editoriales e instituciones que han comprendido que para muchos autores el precio del envío y del fotocopiado puede ser prohibitivo (el peso de los originales puede conllevar de 20 a 30 euros aproximadamente). Y que los beneficios, de haberlos, serán solo para uno.
No resulta extraño que cuesta cada vez encontrar a nuevos autores. Digamos, que entre otras razones, empezar malgastando sus vidas en discusiones baladíes, en pequeñas inversiones desafortunadas no propicia el entusiasmo literario-concursil.
Por cierto que los originales no recogidos desparecen en la trituradora de papel. Ah, si desean recuperarlos, los costes de transporte, van a su cargo.

¿Quién da más??¿Es para menos?

Seguirá

Fotografïa. composición propia

LA LITERATURA BASURA, ¿CÓMO RECONOCERLA?

Con el retroceso de las humanidades en el ámbito educativo, ahogada por leyes hechas por jamelgos y voluntariosos verdugos cada día que pasa el concepto de “qué es y no es literatura” resulta más difícil de definir.
No nos debe resultar extraño. Los hay y muchos dispuestos a jugar en contra de ella.
Hace ya algún tiempo en las noticias de Tele 5, un periodista de cuyo nombre no quiero acordarme decía, literalmente “pero dejémonos de literatura y vayamos a lo verdaderamente importante.”. Para él y para muchos españoles lo verdaderamente importante era y es el fútbol. Así funciona este país donde los idiotas alcanzan ya un 50% (aquellos que siempre encuentran excusas para no leer).
Me perdonarán el tono, pero dejo para otro artículo, un reflexión sobre lo que los políticos, nuestros políticos, sus políticos leen y no leen. Pero les hago un avance: en el Congreso de Diputados, en el Parlament catalán, en los consistorios de muchos ayuntamientos, hay iletrados escondidos.
Aún a riesgo de que ya a nadie le importe o no qué es literatura, me permitirán que enhebre unas breves notas, para no cansar al lector.
Me tomo la libertad de definir tres tipos de literatura

1. La gran literatura
2.La literatura popular
3.La literatura basura/hamburger/deshecho. En este caso la palabra “literatura>” debería estar prohibida.

Reconoceremos a la primera como aquella que engloba a todo texto literario que busca la belleza del lenguaje al construir una historia donde lo más importante no es lo que cuenta sino cómo lo cuenta. Camilo José Cela, Carmen Martín Gaite, Rafael Sánchez Ferlosio, Vargas LLosa, Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Juan Goytisolo, Roberto Bolaño, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez y cientos de escritores y poetas aunque publicaran sus novelas por entregas como Charles Dickens, Julio Verne, Alexandre Dumas  o Victor Hugo. A pesar de la popularidad de sus textos, de sus miles de lectores, aferrados a los periódicos, enganchados a las tramas de sus novelas no deberían ser incluidos, a mi modo de ver, en la literatura popular por una razón de peso: sus textos  han permanecido vigentes,  reeditados y aún,  “colosales” al paso del tiempo.

La literatura popular. “La literatura popular es aquella dirigida a las clases populares o más exactamente a lectores de bajo nivel cultural y escasas exigencias intelectuales o literarias,  literatura caracterizada en consecuencia por su baja calidad de su exclusivo propósito de entretener. Aunque la novela popular en España ha sido y es de ínfima calidad no han faltado entre toda esa morralla autores y obras de valor”. (extraído de La Novela Popular en España (Ediciones Robel, Madrid, 2000)  Sus temas: oeste, policíaco, piratas, aventuras, ficción histórica y aventuras “con niño”. A la literatura popular dirigida a personas de escasos recursos, en ediciones baratas, de bolsillo,  con el único fin del entretenimiento, habría que incluir a los prolíficos Corín Tellado, Silver Kane (el gran Francisco González Ledesma, José Mallorquí, Federico Urales, Vicente Ballester, el Coronel Ignotus (José de Elola, coronel de Estado Mayor del Ejército), Jesús de Aragón, PV .Debrigode (considerado busque insignia de la novela popular), Guillermo López Hipkiss (traductor de las aventuras de Guillermo de R.Crompton)  y otros muchos que, en la posguerra española, alimentaron sueños y esperanzas de lectores que buscaban en otras vidas una forma de supervivencia. Que Francisco González Ledesma merezca figurar también en el primer grupo, no se lo discutiría a nadie.

En tiempos actuales podríamos añadir a Carlos Ruiz Zafón con su trilogía de la biblioteca de libros olvidados

La literatura basura

Intentemos una aproximación a lo que podríamos llamar “literatura basura”

  1. Se usa, se consume y se olvida. En ella solo existe el presente.
  2. El autor/autora parte del entretenimiento, sin que busque la belleza de la frase, de la expresión, sin que importe mucho el tono ni estructura, sin que el autor desee permanecer o proyectarse en el futuro ni intención de ser premiado literariamente. Se consume rápido y se olvida más rápido todavía.
  3. Los practicantes/productores de la literatura basura acostumbran a ser personas en torno los 30 años, con éxito en las redes sociales, con algún libro superventas entre la comunidad adolescente o como ebook que alguna editorial convierte después en libro en papel.
  4.  “Es fruto de la banalización de la cultura y de la fascinación por el espectáculo. Ahora hay que escribir con una cierta mentalidad hamburguesa, de forma rápida, repetitiva, anodina, para que el mercado te acepte”. Palabras de Gonzalo Garrido, autor de “La flores de Baudelaire”… Los autores piensan en vender más que en escribir algo de calidad. Es la literatura detergente. Y no tienen ni buscan tener consciencia sobre la importancia de la literatura como hacedora de belleza y salvadora de vidas (Lean “Con la literatura en el cuerpo” de Alberto Ruy).
  5. Quienes devoran la literatura basura no son lectores habituales que buscan ahora tener acceso a su “blogger/youtuber” favorito, su famoso de bolsillo con el que se han reído viéndole depilarse el sobaco o eructar. La literatura basura no hace lectores, los deforma: nunca se tomarán un libro en serio. Dificilmente sabrán quienes fueron Dostoievsky o Nabokov.
  6. Muchos libros basura son escritos por “negros literarios” contratados por los famosos que pretender así bañarse en un hálito de intelectualidad y una pátina cultural que esconden sus miserias. Miserias de ellos mismos y de los lectores. Escribe #BernatRuiz: “Hay literatura basura y hay lectores basura. Hay lectores incapaces de entender cierto nivel de complejidad…se trata de lectores con referentes vitales y culturales muy pobres; cuantas menos luces, menos referentes; a menos referentes, menor capacidad de interpretar la realidad, más credulidad y más facilidad para ser influenciado. Estos lectores basura nunca cambiarán el mundo ni tampoco a sí mismos.  No pueden, no saben.
  7. La literatura basura comparte con los best-sellers muchos de sus temas: amor, erotismo, engaño, infidelidad, riqueza, poder  a los que se añade ahora moda, tendencias, tecnologías, sexo explícito. Sería interesante establecer diferenciaciones entre ambas.  A, modo de resumen, algo atrevido: si una buena novela necesita una buena documentación, la basura pasa de ella. El autor sigue el fluido de sus pensamientos rápidos, escribe rápido (y muere rápidamente). Sus flujos cerebrales/intestinales se imprimen en papel. Según Elizabeth Strout, Premio Pulitzer,  leer mala literatura es como comer comida basura. Y puede matarnos.

Siete grandes pecados o los mejores ejemplos de literatura basura: …  la trilogía “Crepúsculo” de S.Meyer, “50 sombras de Grey” de EL  James,  “La magia de ser nosotros”  de Elisabeth Benavent, #Betacoqueta ,  “La Chica del tren” de P. Hawkins, “Ciudades del Papel ” de John Green, “A tres metros sobre el cielo” de Federico Moccia, “El Código Da Vinci” de Dan Brown…”La vida imaginaria” de Mara Torres (¡Finalista premio Planeta!)

No incluimos aquí a la extraordinaria lista de youtubers que han desplazado a los  escritores en las firmas de libros. Observen vía google el cambio fraudulento en solo tres años en las paradas  de Sant Jordi en el Corte Inglés de Plaça Catalunya en Barcelona,. pero siéntense y no vomiten, por favor.

Este mismo artículo, escrito para ser comprendido, nunca reinará entre la “gran literatura” y, quizás sí, entre la literatura popular. Si alguien  considera  que su lugar está entre “la literatura basura” le pido disculpas con aquello de “no volverá a ocurrir”.

Fotografía propia : página del libro mencionado de Elisabeth Benavent

¿Qué es literatura? Un breve viaje en tren

¿Qué es literatura? Un breve viaje en tren

Regional Barcelona-Cambrils. 11’03 de la mañana.

Me siento en Sants y junto a mí una muchacha de color, su amiga de tez blanquecina y, frente a la primera, un muchacho. Hablan en francés de su primer día de vacaciones en Port Aventura.
Abro mi libro. Y pronto estoy ya muy lejos de allí. En los andes. Sigo el periplo vital, la aventura de tres héroes de la aviación: Antoine de Saint Exupéry, el padre de “El pequeño Príncipe”, Mermoz y Henri Guillaumet. Supe de ellos en Tarfaya (Marruecos) y creí que la palabra “hérooe” se aplicava con escaso rigor y demasiada generosidad. Claro que, en aquellos tiempos yo, memo, no sabía nada de ellos. Y  no imaginava que un día iban a convertirse en literatura “heroica”.
Aunque el trayecto dura apenas hora y media ya llevo varías días con los tres amigos que acaban de abrir líneas regulares de aviación “aeropostale” para repartir sacas de correo entre nuevas rutas en Sudamérica. Pero lo que es una pericia el hecho de volar a escasa altitud entre los peñascos, las cimas nevadas de los Andes, auténticos cuchillos también es  puede ser una tragedia.

Apenas unos días antes mientras St. Exúpery sigue en Cabo Juby entablando relaciones con los cabecillas de las tribus de la zona, Mermoz casi pierde la vida (y la de su mecánico) en la laderas escarpadas de los Andes. Estás en pleno vuelo cuando de repente el motor tose y ya sabes que pasa a continuación: el avión se detiene y cae. Pero Guillaumet, piloto experimentado ve una laguna en medio de la nada rodeada de la nieve del primer invierno y logra aterrizar. Le quedan provisiones para dos días pero en el silencio de la montaña, apenas una minúscula hormiga en ese mantel blanco sabe que va a morir. Oye los aviones de sus compañeros que le buscan. Pero nadie ve sus bengalas. Y para no morir de inanición y de frío, bajo cero, empieza a andar.
Una muchacha habla por su teléfono móvil entre grandes risotadas. Otra anciana grita para hacerse oír de que “pronto llegarán a Vilanova”. La muchacha de color duerme. su compañera me observa: hace rato que me remuevo en mi butaca. Elevo mi tronco, desato mis pies, veo sin mirar, abro mi boca y la cierro con ese regusto amargo de la muerte que me alcanza. Me recuesto, me inclino a mi derecha y a mi izquierda. No es una obra de ficción sino que recoge la travesía de esos tres hombres cuyo arrojo era más propio de dioses e inmortales, arrojo, empuje, pasión y que ya pocos conocen en el ciertamente cómodo (para muchos)  s.XXI.

El libro relata su vida y aunque todo eso ocurriera en 1930 cerca de Santiago de Chile está pasando ahora. Y me viene a la memoria otra tragedia de los Andes, el del vuelo 571 de la Fuerza aérea Uruguaya, contada en el libro “Viven” con los hermanos Parrado, Methol y sus 16 supervivientes de un avión caído en 1972 donde unos y otros practicaron el canibalismo para sobrevivir. Ato cabos y sé que a mi fiel compañero de viaje, a ese Guillaumet le quedan pocas horas de vida. Leer significa enlazar palabras y lecturas y obtener, demasiado pronto, un dictamen. Sigo removiéndome aterrado en mi asiento.
Tenía razón el autor de “Lolita” Nabokov cuando escribió que una buena historia debería ser como “una patada en plena columna vertebral que te duela demasiados días”. Pero Antonio Iturbe no me ha dado una patada sino varias. Me tiene cogido de mis testículos y me lleva por donde quiere. No sé si Mermoz se reiría con eso. Lo cierto es que estoy en mis últimos minutos de vida. Voy a morir con Guillaumet y ya sin él nada será lo mismo. Estoy por abrazar a Iturbe. Estoy por pegarle. Guillaumet se dispone a morir. Se despide de su adorada Noëlle. Pero se da cuenta de que si no encuentran su cuerpo ella no recibirá su póliza de seguros que le permitirá vivir un tiempo con cierta holgura.

“Si no lo encuentran sólo figurará legalmente como desaparecido y pasarán diez años antes de que certifiquen su muerte”.

Entonces decide arrastrase con un cuerpo que ya no reconoce y decide subirse hasta un penacho para morir y que alguien pueda verle: en su ascenso resbala ocho y nueves veces hasta lograrlo.
“Vuelve a caerse y ha de agarrarse con las uñas para no irse hacia un terraplén que desemboca en el vacío. Su cerebro es como la carne congelada que ahora le produce arcadas. Sólo sigue. Ya ni siquiera se acuerda por qué… Ya todo se está haciendo borroso. No sabe si anocheciendo o se está muriendo.”

Ha sido portada en todos los periódicos de Chile que ya le dan por muerto cuya imagen aparece rodeado con una tira negra.
Morimos con él frente a las estrellas. Sabiendo que no habrá amanecer. Pero su cerebro le obliga a seguir, seguir, seguir. Y cuando ya no queda esperanza, ni para él ni para nosotros, descubre a un asno después de un esfuerzo que ni tan siquiera una bestia hubiera sido capaz de lograr. Y cerca del asno, un hombre.
“Los Andes nunca devuelven a los hombres” decían.
Está vivo. Guillaumet vive. Yo vivo con él, cuando mi agitación habrá ya sido descubierta por mis vecinos de compartimento. Y sin poder evitarlo, con el corazón en el puño derramo una sola lágrima.

La muchacha frente a mí me pregunta en un español acentuado
-¿Está bien?
Yo solo atino a responderle “Guillaumet está vivo”.
¡Guillaumet está vivo!
Ella no lo entenderá. Los que perdieron su tiempo entre bagatelas, quizás durmiendo, pegados a su pantalla móvil la vida es sólo aquello que está frente a ellos. Y nada más. Y seguirán sus días entretenidos, felices a su manera conformándose con vivir su propia vida sin saber que detrás de las páginas de un libro se asoman otras mil vidas hermosas, intensas, quizás miserables, quizás desoladas pero que tienen algo que contar a quien merezca vivirlas.
El viaje termina. Me apeo en Cambrils en un día soleado, feliz de que Guillaumet esté entre los suyos con Tonio y Mermoz. Y ahí dejo caer las lágrimas de felicidad. Silabeo litertaura: li-te-ra…
Y de todo ello ya hace 86 años pero, dicen que el tiempo vuela y para mí, fue solo apenas un instante.

Eso , y sólo eso, es literatura.

 

Antonio Iturbe. A cielo Abierto. Seix Barral.

Fotografía propia
Próxima semana:  La “literatura” basura.